artículo no publicado

Gracias por las reseñas recibidas

La relación del reseñista con el reseñado parece ser un factor constitutivo de cómo hablamos de los textos.

RESEÑA

1. Texto que sirve para declarar públicamente que tal o cual escritor es tu amigo y, de paso, hablar sobre su libro.

2. Tres o cuatro párrafos en donde una persona da su opinión sobre algo que leyó

3. Algo que se agradece, como en: “Muy agradecido con la reseña de Fulanito sobre mi primera novela titulada Lo que quedó de nosotros, publicada en Editorial Pentámetro y distribuida en todas las librerías de prestigio del país”.

 

La amistad

Humildes propuestas para actualizar el famoso ensayo de Vasconcelos “Libros que leo sentado y libros que leo de pie”:

“Libros que amo y libros que odio”

“Libros que escribieron mis amigos y libros que no”

“¿Libros?”

Si es cierto que cada vez más la relación de las personas con el arte pasa necesariamente por el filtro de las emociones –lo que uno ama contrapuesto a lo que uno odia como las dos únicas respuestas posibles–, la relación del reseñista con el reseñado parece ser un factor constitutivo de cómo hablamos de los textos:

“Primero voy a aclarar que _____________ y yo no somos amigos”

“Creo necesario mencionar que a ____________ y a mí nos une una amistad prolongada”

“Cuando recibí la primera novela de _____________ lloré de alegría, porque desde que jugábamos de chiquitos en el parque su sueño era ser escritor”

Esto es normal en un mundo en el que la mayor parte de los integrantes de la comunidad artística se conocen desde la primaria en la escuela-privada-liberal-bilingüe, pero también es síntoma de la manera en que nos acercamos a los libros: una relación que en teoría es de ida y vuelta pero que en la práctica consiste en imponer nuestra experiencia a la lectura y usarla como único criterio crítico.

 

La opinión

El lugar común de que cada obra construye su propia poética también funciona con las reseñas: cada reseñista habla de libro que ha elegido y al mismo tiempo de su idea sobre escribir una reseña. Están, por ejemplo, los que corrigen al autor por “los errores” de libro; los que confunden crítica con taller, y dan opciones sobre cómo se pudo haber mejorado el texto; están los que prueban y comprueban una idea fija al respecto de qué es, o debería ser la literatura; y están los que analizan, los que relacionan, los que explican, y están los que dan su simple y llana opinión: porque para eso uno lee y escribe, para opinar.

Hubo en tiempo en que la gente pensaba que leer abría puertas y ventanas al mundo; pero pasa que conforme se especializan o profesionalizan actividades como la literatura, la estabilización de géneros discursivo hace cada vez más difícil el diálogo; es decir, que la manera en que se habla de literatura afuera de la universidad se aleja cada vez más de la manera en que se habla en la academia, o viceversa.

Como ejemplo, dos historias reales:

1. Un coordinador de taller de poesía que, hace años, presumía de haber analizado un cuento de Borges, completo, como manera de justificar su autoridad frente al grupo.

2. Un poeta que ofrecía un taller de poesía en su casa y que presumía de las reuniones semanales a las que asistía, y en la que él y sus amigos se dedicaban a patear/quemar libros según el resultado de una votación previa.

La resistencia a la teoría, entonces, es sólo un efecto natural de alguien que se niega a leer con los otros.

 

Los agradecimientos

Frente a este escenario, al escritor reseñado no le queda otra opción más que agradecer el gesto del reseñista, si la opinión es buena, o ignorarlo, si la opinión es mala. No le queda otra porque 1) es su amigo, 2) es publicidad, 3) los agradecimientos son un gran vehículo para la autopromoción.

De hecho, el agradecimiento está en camino de convertirse en un género literario. Cada vez es más frecuente incluir, a manera de epílogo, un buen párrafo o dos en los que el autor rompe la cuarta pared para agradecer al editor, agente, los primeros lectores, y para explicar fuentes o intenciones.

Ignoro cuándo se popularizó esta práctica, pero sospecho que la búsqueda del origen tendría que ir acompañada por una reflexión sobre la figura del autor –esa figura que muere y resucita según convenga– y su preeminencia cuando se trata de hablar de literatura.