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¿Dónde está Hamza Kashgari?

El poeta y columnista saudí Hamza Kashgari fue arrestado por escribir unos tweets sobre Mahoma. Desde hace varias semanas no hay noticias suyas.

 

El pasado viernes se cumplió un mes desde la detención del poeta y columnista saudí Hamza Kashgari en Malasia. Hoy se cumple un mes de su arresto en Riad. Kashgari, de 23 años, había publicado tres tweets el 4 de febrero, con motivo del mawlid o milad, el cumpleaños del profeta Mahoma.

En tu cumpleaños, no me inclinaré ante ti. No te besaré la mano. Más bien, te la daré como un igual y te sonreiré como tú me sonreirás a mí. Te hablaré como amigo, nada más.

En tu cumpleaños, te encontraré donde vaya. Te diré que amé partes de ti, que odié otras y que no pude entender muchas otras.

En tu cumpleaños, diré que he amado el rebelde que hay en ti, que siempre has sido una fuente de inspiración para mí, y que no me gustan los halos de divinidad que te rodean. No rezaré por ti.

Las palabras de Kashgari provocaron más de treinta mil mensajes de protesta en Twitter. Más de 26.000 personas se unieron a una página de Facebook que pedía que se castigara a Kashgari. El 5 de febrero el clérigo saudí Nasser al-Omar pidió que se le juzgara por apostasía, que en ocasiones se castiga con la muerte. El 6 de febrero Kashgari se disculpó publicamente y eliminó los tweets. El ministro saudí responsable de los medios de comunicación prohibió que Kashgari escribiera en medios saudíes. El 7 de febrero un periódico saudí informó de que había huido del país. Pretendía pedir asilo político en Nueva Zelanda. El rey Abdulá ordenó su arresto por “cruzar las líneas rojas y denigrar la fe en Dios y Su profeta”.

En el aeropuerto de Kuala Lumpur, las autoridades malasias –que no tienen un acuerdo de extradición con Arabia Saudí- lo detuvieron “comportándose contra la ley y la decencia”, en palabras del columnista estadounidense George Packer.

El abogado malasio Malik Imtiaz Sarwar ha escrito en Index on Censorship:

Uno no puede evitar cuestionarse el comportamiento de las autoridades malasias. Malasia no tenía obligación legal de devolver al periodista a Arabia Saudí y los dos países no tienen un tratado de extradición, lo que significa que lo que hiciera Kashgari en Arabia Saudí no tiene relevancia en Malasia. Kashgari no había cometido ningún delito en Malasia y había entrado en el país con un documento válido. No pretendía quedarse en Malasia; su destino final era Nueva Zelanda.

Hay una cuestión más fundamental: ¿por qué fue arrestado Kasghari? Las autoridades no lo han dejado claro; lo único que han dicho es que Saudí Arabia lo reclamaba. Bajo la ley de Malasia una persona tiene garantizadas la vida y la libertad y solo se le puede arrestar por haber cometido un crimen. Kashgari no cometió un crimen aquí, tenía derecho a disputar la legalidad de su arresto. Por eso sus abogados emitieron una solicitud de habeas corpus.

Lograr una orden del Alto Tribunal que impedía temporalmente la deportación no sirvió de nada. Kashgari ya había sido trasladado a Arabia Saudí. Según Arab News, será juzgado por blasfemia, un delito por el que podría recibir una condena a muerte. Desde mediados de febrero no hay noticias suyas.

La noticia recibió atención internacional los primeros días, pero se ha ido apagando poco a poco. En parte, porque estamos tristemente acostumbrados a que la sensibilidad herida del islam reaccione de una manera salvaje y medieval. Los casos se han sucedido en los últimos años, y, si no prestamos atención, podríamos olvidar ofendernos por la ofensa intolerable de los fieles a los derechos humanos. No podemos permitirnos esa anestesia. Las preguntas sobre la situación de Kashgari no debería interrumpirse, y la presión diplomática y ciudadana no debería cesar hasta que el periodista esté de nuevo en libertad.