artículo no publicado

Sobre 'Narcoleaks'

Con Narcoleaks, Wilbert Torre ha escrito la mejor crónica de cómo se fraguó el conflicto que los mexicanos hemos sufrido desde hace más de seis años.

Texto leído en la presentación del libro Narcoleaks,del periodista mexicano Wilbert Torre, en la Feria del Libro de Los Ángeles

La larga historia de la guerra contra el narcotráfico en México ha dado pie a un número considerable de libros. Pero la cantidad, me parece, ha estado peleada con la calidad. Creo, por ejemplo, que todavía no hemos visto la gran novela sobre estos años. Los narradores nos han quedado a deber. A los periodistas les ha ido mejor. Con Narcoleaks, Wilbert Torre ha escrito la mejor crónica de cómo se fraguó el conflicto que los mexicanos hemos sufrido desde hace más de seis años.

La principal virtud del libro es que es justo. Parte de mi problema con otros ejercicios similares es que están contaminados por la antipatía política, y muchas veces personal, por la figura de Felipe Calderón. Por desgracia, la antipatía nubla el temple crítico y hace casi imposible el ejercicio periodístico. Debo confesar, por ejemplo, que ese es uno de mis reparos con el prólogo del libro, escrito por Yuri Herrera. Herrera es un uno de los mejores narradores de su generación, sobre todo al enfrentar el enigma literario que es la violencia en México. Pero a su prólogo le sobra bilis. Para suerte de sus lectores, Wilbert Torre no permite que la tirria personal (si es que la siente) nuble su pluma.

En Narcoleaks Torre dibuja un retrato complejo de Felipe Calderón, un político peculiar, pero de ningún modo desechable a través de la caricaturización. Por supuesto, el autor pone sobre la mesa los defectos del gobierno de Calderón. Pero no se da el lujo de la simplificación. Torre expone, es cierto, las maneras en que Calderón se equivocó, pero también deja claro cuán sombrío era el panorama a principios del siglo XXI. Con lucidez, describe una estrategia improvisada, pero también la cooperación fallida con Estados Unidos.

Torre describe, pues, un conflicto caótico, de solución casi imposible, enteramente trágico. Pero a mi parecer no describe —y esto es crucial— un conflicto innecesario. Detrás de todos los debates sobre el origen de la guerra contra las grandes organizaciones criminales en México está una pregunta: ¿qué debe hacer el Estado ante su suplantación? Me inclino a responderla de esta manera: el Estado no puede permitir el surgimiento de estructuras paralelas. En todos los casos, el Estado debe hacer valer su monopolio en el uso de la fuerza, el cobro de impuestos, la oferta de protección social, etcétera. Es decir, debe comportarse como Estado. Pero esa es solo la pregunta inicial. En el caso mexicano, el diablo está no en el “qué” sino en el “cómo”. Y en la respuesta al “cómo” está claro que el gobierno de Felipe Calderón se equivocó. Al leer a Torre, uno confirma que la clave está en la manera como Calderón confió en que podía reformar las instituciones ineficaces del país al mismo tiempo que libraba, con el apoyo estadunidense, una guerra terrible. Y se equivocó. Así, creo, se puede entender el fracaso de estos seis años y la tragedia mexicana actual: las instituciones mexicanas —federales, estatales, municipales— distaban mucho de estar listas para enfrentar un reto como el que les impuso Felipe Calderón.

Ante esta ineludible realidad, el presidente de México optó por pedir el apoyo y supuesta sapiencia de Estados Unidos. Calderón se llevó un chasco mayúsculo, con resultados terribles para México. Casi como si fuera una buena novela (ojalá fuera solo eso y no la crónica de un dolor tan grande), el libro termina con un diálogo entre el autor y un alto diplomático estadunidense. El diplomático en cuestión se dice seguro de que la colaboración en seguridad continuará en los términos que convienen a Estados Unidos. “Enrique Peña Nieto será un pan blanco”, le dice el diplomático. Pues resulta que no ha sido tanto así: el nuevo gobierno mexicano resultó mucho más bravo de lo que se pensaba, con consecuencias aún inciertas para la relación bilateral. Si las versiones son ciertas, México enfrentará nuevos problemas y Torre tendrá material suficiente para un segundo libro. Y por más que disfruto su prosa, cuánto me gustaría que no fuera así.