artículo no publicado

Arnel y el internet mágico

El internet se ha vuelto un impredecible escaparate de talento. Mi historia favorita es la de Arnel Pineda.

Desde el mismísimo Justin Bieber, hasta el fantástico caso del noruego Havard Rugland —un tipo que nunca en su vida había jugado futbol americano pero que creyó simpático aprender a patear un ovoide, subir el video a la red para luego terminar siendo considerado como pateador profesional por los Leones de Detroit— el internet se ha vuelto un impredecible escaparate de talento. Mi historia favorita es la de Arnel Pineda. Pineda creció en la pobreza en las calles de Manila, Filipinas. A los trece años perdió a su madre y tuvo que dejar la escuela para ayudar a la manutención de los suyos. En 1982, a los 15 años, Pineda comenzó a cantar con una banda local en un restaurante de pizzas (después de hacerlo por años en las calles). Su voz y energía le ganaron un merecido prestigio, que le alcanzó para sobrevivir y comenzar a cantar de vez en cuando en centros nocturnos. Con el tiempo, grabó un disco y formó un par de grupos. La suya era, hasta ahí, una historia como la de muchos cantantes medianamente exitosos, limitados por fronteras geográficas y culturales. Pero resulta que, por allá del 2006, Noel Gómez, un fanático de Arnel, comenzó a subir a YouTube videos del cantante interpretando clásicos del rock de los setenta y ochenta, especialmente de la famosísima banda estadunidense Journey. Gómez pasaba horas en un café-internet cargando los videos y cayéndose de sueño, todo el tiempo confiando en que alguien, en alguna parte del mundo, tropezara con la voz de Arnel y lo lanzara a la fama. Lo auténticamente increíble es que, en junio del 2007, Neal Schoon, legendario guitarrista de Journey, se topó con los videos mientras buscaba un nuevo cantante para la banda. Sabedor de la dificultad de hallar a alguien que satisficiera a los exigentísimos fanáticos de Journey —dado el tono tan peculiar del legendario Steve Perry– Schoon casi había tirado la toalla. Y entonces escuchó a Arnel. El poder y el rango de la voz del pequeño filipino lo dejaron boquiabierto. Schoon decidió pagarle un boleto de avión para una audición. Apenas cuatro meses después, Journey anunciaba que Arnel sería su nuevo vocalista. “Sentimos que hemos renacido”, declararía tiempo después Schoon a propósito del aporte del filipino. Hoy, Arnel Pineda, el chico que cantaba “Don’t Stop Believin’” en las esquinas de Manila, encabeza el grupo de sus amores ante estadios repletos, todo gracias a la magia de internet.

 

http://www.youtube.com/watch?v=cdI430gMVtY