artículo no publicado

Correspondencia con Ernesto Priego

La cultura de masas se ha vuelto una cultura de élites, de pequeños grupúsculos hiper-especializados. Incluso las manifestaciones culturales otrora más despreciadas por su alcance masivo industrial son ahora cosas de eruditos.

Ernesto*,

Hace un par de días leía La Misteriosa Llama de la Reina Loana, de Umberto Eco; ahí, como sabes, Giambattista Bodoni ha perdido la memoria de sus experiencias, y solo conserva la libresca, en su caso abundantísima y admirable. Esta amnesia quijotesca me recuerda al “mutante” que el mismo Eco anunció en los sesentas—en Apocalípticos e Integrados: “el hombre del universo de la información”, ni regenerado ni libre. Eso somos los habitantes de internet, perdidos entre murmullos. Pero veo en ti un patrón acaso distinto: has conciliado la academia, la cultura popular, el ritmo vertiginoso de la red, la poesía, y mantienes tu teclado en llamas. Pues “para analizar la cultura de masas, hace falta disfrutar secretamente de ella”—aunque yo diría que ya nada es secreto en la cultura de masas—, preguntarte cómo lo haces sería una necedad; ¿cómo entiendes, sin embargo, este contexto, ritmo y coro sordo que nos engulle? ¿Qué piensas del mutante de Eco, hoy que discutir el presente ya no equivale a “elaborar una teoría del jueves próximo”, sino aun del jueves pasado? ¿Qué significa en nuestros tiempos, Ernesto, que el teclado esté en llamas?

Sergio,

Gracias por la pregunta. Me molesta que la vida tenga esta tendencia a hacernos pensar que lo importante es otra cosa, y no diálogos como este, que requieren el espacio, el tiempo y el estado de ánimo correctos. Te agradezco la visión que tienes de mí, que no por falta modestia debo decir que es injusta; al menos no es esa la percepción que tengo de mí mismo o de “mi trabajo”, lo que sea que eso signifique.

Preguntas qué significa que el teclado esté en llamas. Ese tweet expresó una coincidencia de tres sucesos simultáneos: una que el teclado de mi computadora estaba iluminado (se ilumina por debajo cuando la luz externa disminuye), otra que en verdad estaba muy caliente, quemaba, porque había estado tecleando (esta es la tercera) muy rápido dos proyectos de investigación. En fin, a veces me pasa que no paro de escribir pero usualmente soy malo para eso que dices, pasar “largos periodos de tiempo en una sola, interminable tarea,” a menos que esa “tarea” sea una colección de cosas que siento debo hacer, y que en ocasiones se yuxtaponen y a veces contradicen, muchas veces de modos dramáticos y con consecuencias, digamos, “trágicas”—como cuando no puedo cumplir con uno o varios compromisos que me había impuesto. Pero pues todos estos años de vivir conmigo mismo (me caigo muy mal) me han forzado a admitir que así funciono, estoy desafortunadamente condenado al “multichambismo”. El doctorado fue una oportunidad para hacer algo durante un tiempo sostenido, y sin duda el proyecto parecía interminable, pero mientras lo hice también estuve trabajando en un montón de otras cosas, que por supuesto también causaron que el proyecto “principal” (la tesis) se alargara y alargara.

¿Y eso que llamas “el mutante” de Eco? No lo sé, pienso que la cultura de masas descrita por gente como él (o Barthes) ya no existe. La cultura de masas que más me interesa se ha vuelto una cultura de élites, de pequeños grupúsculos hiper-especializados. Incluso las manifestaciones culturales otrora más despreciadas por su alcance masivo industrial son ahora cosas de eruditos. El cómic por ejemplo, no importa cuál o de qué genero, incluso no importa si hablamos de los cómics en Japón, donde el adjetivo “de masas” quizá todavía pueda aplicarse, es una cultura no de masas, sino de una élite hiper-especializada que sobrevive en un nivel de privilegio y muchas veces de esnobismo paralelo o subalterno al privilegio “mainstream”. La música pop en vinilo, por nombrar otro ejemplo, es un interés tan academicista y pequeñoburgués como la ópera: quizá hasta sea una afición más cara que la ópera, o la poesía, que podríamos reconocer como las artes más ancladas en el privilegio tradicionalmente opuesto a lo que se solía llamar “cultura de masas”. Quizá lo que el dominio de Facebook—primero sobre MySpace y otros sitios de social networking y luego sobre toda la red en general—ha demostrado es que la cultura de masas hoy en día es un cúmulo de subculturas. Por eso también me da risa que en México se hable de “los tuiteros” como si se tratara siempre de un grupo homogéneo; no de la masa (ahora llamada “crowd”; multitud) sino de una élite ilustrada, al menos en el escenario semi-salvaje de la medioesfera televisual del eje San Ángel-Ajusco. En fin, volviendo a la cita que compartes de Eco, creo que esta tiene reverberaciones en algo que muchos estudiosos de cómic han repetido hasta el cansancio últimamente, unas frases de Thierry Groensteen (The System of Comics, 2007) sobre cómo quienes estudiamos fenómenos culturales como el cómic estamos, según él, sobre todo proyectando una necesidad de volver a nuestra infancia o a lo que de niños no pudimos explorar. Me molesta un poco la popularidad de esta idea de Groensteen, su aceptación entre los círculos minúsculos de gente que trabaja cómic desde dentro la academia. Me molesta por muchas razones, pero sobre todo por que impone una interpretación pseudo-freudiana simplista, ve al estudio académico del cómic como una especie de regreso de lo reprimido, una forma de “acting out”, como parte de un trabajo de duelo incompleto por la infancia perdida. Y creo que esto tiene que ver con el “mutante” que ves en Eco: yo diría, si lo que dice Groensteen es cierto, que entonces todo lo que decidimos hacer de adultos está determinado por lo que fuimos y no fuimos de niños. No tiene uno que estar haciendo una tesis sobre Charlie Brown o The Cat in the Hat para caer en esta categoría del académico inmaduro en duelo. Arquitectos, banqueros, policías, ganaderos, narcotraficantes, escritores, médicos, whatever: el mutante híbrido del apocalipsis y la integración es el adulto, que sigue pretendiendo que la infancia se puede dejar atrás y que lo que hace todos los días tiene alguna significación o trascendencia especial más allá que la supervivencia y, a veces, la reproducción.

 

* Ernesto Priego es licenciado en letras inglesas por la UNAM, maestro en estudios culturales por UEA Norwich y doctor en estudios de la información por University College London. Es autor y coeditor de varios libros de poemas en inglés publicados en Estados Unidos, Australia y el Reino Unido. Es coordinador de la revista en línea The Comics Grid.