artículo no publicado

Secundarios memorables: Stevie Janowski

Un elogio al personaje interpretado por Steve Little en Eastbound and Down.

La admiración es un engañoso motor para la crítica. O más bien, la crítica sospecha de la admiración. O debería. Admiración sin esporas de rencor, desbordada admiración es la que me provocan las intervenciones en Eastbound and Down de Steve Little, ese raro y secundarísimo actor cómico que, para fortuna de quienes queremos presumir que lo conocemos, no se ha vuelto lo popular que debería. Su entrada en Wikipedia, digamos, para usar una métrica infalible de la notoriedad y la relevancia pública, contando todo dato, incluidos subtítulos e hipervínculos apenas rebasa las 450 palabras. Por lo mismo, sé de él lo que la escueta entrada me informa y no importa nada informar sus biográficos: qué más da que venga de la improvisación o de tal universidad o que nunca haya asistido a institución alguna, si lo que lo hace admirable para mí se conserva porque no tiene la vida extensa y tentacular de las estrellas de los medios: su genio está en que el disfraz del personaje que se enfunda no le viene ni guango ni justo: le viene perfecto, indistinguiblemente perfecto. O por lo menos así me parecen a mí, que no soy crítico y que miro la televisión con el arrobo de un niño pequeño abandonado por sus padres: no me cuesta trabajo decir que me refugio ahí, y al hacerlo, repito un patrón que bien valdría explorar en alguna sesión psicoterapéutica: disfruto desde lejos el despliegue de los protagonistas e invariablemente me pongo del lado del secundario. En el caso del que hablo, me parece fenomenal la excéntrica vulgaridad del personaje Kenny Powers habitado por Danny McBride; sin embargo, Stevie Janowski, dolorosa, patética, desternillantemente hundido en la mediocridad más afanosa, es mi par. No lo admiro como a un ídolo; no querría emular su intento por hacerse relevante; no extrapolo su drama en esa pantomima de vida de adulto en decadencia ni le busco enseñanzas. La admiración que me provoca es otra cosa.

Eastbound and Down retrata a un pitcher de salida que se niega a reconocer que el tiempo se le fue. Como si se tratara de un prisionero encarcelado por la fama, seguimos a Kenny Powers al echar a perder todo intento por reinsertarse en la sociedad. Pero, por fortuna, esto no es The Natural serializado.

 

http://www.youtube.com/watch?v=DST3ZCnRgfw

 

Esto es una comedia y hay montones de vulgaridades y situaciones incómodas, incorrecciones políticas a pasto y un inspiradísimo mullet.

 

http://www.youtube.com/watch?v=dhJ04vcBbOg

 

Danny McBride bien podría llevar a Kenny Powers a hacer stand up cualquier viernes por la noche. Famoso ya por haber dado vida antes, en The Foot Fist Way, otro clásico del cine de humor incómodo, a un nefasto instructor de artes marciales en otra suburbia estancada, McBride es un tornado. Un tornado de incorrección y frases lapidarias. No hay lugar más que para secundarios en su entorno: secundarios muy secundarios: para Kenny Powers el montículo del pitcher es el centro del universo del que la falta de talento y la pérdida de forma física lo alejan sin remedio. Eastbound and Down es el blooper reel del viaje del héroe.

Sin embargo.

 

http://www.youtube.com/watch?v=MXCZB7TanUg

 

Y, como dicen los tíos menos agradables, “eso no es nada, si vieras lo que yo he visto”. He visto a Stevie amarrado a una cama de un burdel diciendo sandeces a una sexoservidora de poco garbo y peor talante; he visto a Stevie rogarle a Kenny que lo convierta en su amigo; he visto a Stevie, en la última temporada, compelido por un rompimiento amoroso a depilarse por completo; la lista podría seguir. En resumen, he visto a Stevie ser el Igor de un Dr. Frankenstein hillbilly que secretamente quiere ser ese Dr. Frankenstein hillbilly y nosotros, crueles y admirados, vemos como choca una y otra vez contra su profunda inadecuación.

 

http://www.youtube.com/watch?v=fbwRqMLibFA

 

Mi admiración es desmesura. La de todos, supongo. Desmesura porque disfruto viendo el modo en el que este hombre hace de la degradación, carcajada. Y desmesura porque sé que mis argumentos no son críticos y están fundados en un impresionismo sentimental, en una afición por la comedia de lo incómodo que también valdría tratar con algún entendido en sanidad mental.