artículo no publicado

Los extraños personajes de Errol Morris

Un breve análisis de la obra de uno de los grandes documentalistas de las últimas décadas.

Cuando Errol Morris vio una película de Werner Herzog a principios de los setenta, un nuevo universo se abrió frente a él. Se conocieron, y Herzog supo que Morris necesitaba un empujón: era músico y lo había dejado, abandonó también una carrera en ciencias, y tenía varias ideas bien documentadas para escribir un par de libros que tampoco estaba escribiendo. Finalmente, tenía la intención de hacer películas, pero estaba desilusionado porque no tenía dinero. Herzog dijo: "El dinero no hace películas. Solo ve y hazla, ten las agallas de empezar. Si lo haces, me como mi zapato." Dicho y hecho. Morris encontró una cámara y un camarógrafo, consiguió algunos pies de película e hizo Gates of Heaven (1978), su primer documental. A su vez, Herzog cocinó durante cinco horas uno de los zapatos que traía el día que hizo esa promesa y se lo comió frente a un auditorio lleno de espectadores. Les Blank cubrió el suceso en Werner Herzog Eats His Shoe (1980).

El último largometraje de Morris se llama Tabloid (2010), y trata sobre la verdadera historia de Joyce McKinney, quien en 1977 fue acusada de secuestrar a su ex novio Kirk Anderson. En su defensa, McKinney argumenta que fueron los mormones quienes lo secuestraron a él, y que ella solo intentó que regresara. Unos dicen que usó una pistola y lo ató a una cama con esposas para, mediante el sexo, destruir el maleficio que la secta religiosa le había impuesto. Cada parte de esta historia fue relatada por los diarios sensacionalistas ingleses, puesto que fue allá  donde McKinney finalmente encontró a Anderson después de conocerlo en Utah. El Daily Mirror y el Daily Mail se enfrascaron en una lucha encarnizada alrededor del presente y el pasado de McKinney, sacando a relucir los trapitos más sucios de su vida. Fue la perfecta historia para un tabloide.

Hay algo que une a los protagonistas de Errol Morris, quien pareciera sacar la idea para muchas de sus cintas de estos tabloides. Todos son definitivamente una rareza, los seres incómodos de una sociedad o quienes resaltan por su anormalidad. Empezó por retratar a gente que enterró a sus perros en un cementerio de mascotas, a los excéntricos habitantes de Vernon, Florida (1981), el caso de un hombre acusado de un homicidio que no cometió en The Thin Blue Line (1988), a Stephen Hawking en A Brief History of Time (1991), a un jardinero-escultor, a un domador de leones, a un hombre que ha dedicado su vida al estudio de ratas subterráneas y a un diseñador de robots en Fast, Cheap & Out of Control (1997), a un hombre que repara máquinas diseñadas para matar en prisiones que practican la pena capital en Mr. Death: The Rise and Fall of Fred A. Leuchter, Jr. (1999), a quien fuera Secretario de Defensa durante la guerra de Vietnam en The Fog of War: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara (2003) y a los soldados que fueron acusados de tortura a partir de unas fotografías sacadas durante la guerra de Irak en Standing Operating Procedure (2008). Morris tiene el talento de encontrar a hombres o mujeres que han sido expulsados, y a través de ellos pone al espectador ante el espejo. Su filmografía es un gabinete de curiosidades, una muestra de especímenes que parecen alejados entre sí pero que quizá formen el núcleo de significado capaz de explicar lo que aún no logramos comprender como sociedad. Se puede hablar de los grandes temas o de las actividades de sus sujetos de estudio, pero no se puede hablar de lo que realmente mueve su obra, no se puede hablar del corazón. Ello le está reservado a la experiencia audiovisual de cada espectador.

Hace una década produjo una serie de televisión, First Person, donde abordó a aún más personajes fuera de lo común. Este año publicó un libro sobre fotografía: Believing is Seeing: Observations on the Mysteries of Photography, y cuando no está haciendo cine se dedica a la publicidad, una actividad que lo ha llevado a experimentar y a expandir su conocimiento del medio cinematográfico. Mientras Herzog afirma que pasó nueve días en el montaje de Grizzly Man (2005), Morris asegura que él pasa novecientos en la post-producción de una de sus películas. Tanto el diseño visual como el sonoro están trabajados hasta el cansancio. No solo las imágenes que acompañan las palabras de sus entrevistados están logradas a la perfección, sino también los sonidos han sido pulidos en extremo, uno de sus tantos trucos para mantener al espectador al filo de la butaca.

Para el cuarenta y ocho aniversario del asesinato de John F. Kennedy, el pasado 22 de noviembre Morris publicó en la página del New York Times un cortometraje de seis minutos, The Umbrella Man, su trabajo más reciente y el primero de una serie alrededor del magnicidio. Es un exquisito pedazo de cine en el que Josiah "Tink" Thompson explica la presencia de un hombre con un paraguas negro justo a un lado del auto de Kennedy cuando suenan los disparos. Su apariencia siniestra es un engaño. La nostalgia del trágico episodio acompañada por la música de Arvo Pärt hacen queThe Umbrella Man conmueva desde el inicio. Es otra muestra de sus increíbles facultades como cineasta y de su "obsesivo interés en las complejidades de la realidad", según su propio comentario. Su obra completa puede resumirse con esas palabras.