artículo no publicado

Las diez mejores películas de superhéroes

El título lo dice todo. 

Esta lista es una respuesta airada –y un inevitable complemento— a todas las listas de películas de superhéroes que hemos leído. Nuestra metodología incluyó una pequeñísima definición del superhéroe, basada en cuatro puntos establecidos por Peter Coogan en su libro Superheroe: The Secret Origin of a Genre: I) Misión; II) Habilidades sobrehumanas; III) Identidad; IV) Distinción de género. La última nos pareció la más interesante, y es la que escogimos como guía principal: si un personaje obedece a mayor cantidad de convenciones de otro género, de tal forma que se confunda a la hora de apreciarlo, entonces quizá no es un superhéroe. (Ese apartado fue el motivo de que RoboCop, The Matrix o Teenage Mutant Ninja Turtles se quedaran fuera.) Creemos que todas nuestras elecciones coinciden en eso: presentan un punto en algún momento de la cronología de algún posible superhéroe –decidimos que, dado que varios de los superhéroes más conocidos del cómic no necesariamente tienen superpoderes, tampoco las películas debían presentar siempre personajes con superpoderes. Pretendimos también elegir cintas que, además de parecernos buenas (elíjase adjetivo: logradas, correctas, etc), nutrieran al arquetipo; evitamos también repetir personajes –aunque, tramposamente, incluimos dos bonus track donde repetimos a uno, y varios comentarios al interior de cada reseña que conectan a varias cintas entre sí. En resumen: quisimos que nuestra lista fuera perfecta y con seguridad fracasamos. Aquí el testimonio de ese intento frustrado. –Pablo Alva, Luis Reséndiz

 

10. Mystery Men, Kinka Usher, 1999

 

Un desastre de taquilla y crítica en su momento, la sátira de Mystery Men luce ahora como el cierre perfecto para ese capítulo del cine de superhéroes que inicia con Batman de Tim Burton. Contrario a toda lógica, la cinta abraza los excesos camp de este período (cf. Batman & Robin, Schumacher)  y los lleva a su extremo natural con sus incómodos close-ups y chocantes efectos especiales. Esas decisiones formales contrastan con los momentos más tranquilos, donde el patetismo de nuestros héroes es más evidente y el humor más sutil brilla —el personaje de Kel Thompson hablando del dúo de héroes ‘White Flight y Black Menace’ que ‘siempre trabajan juntos’, o ese cameo de Michael Bay que parece capturar la esencia de su obra— gracias a un reparto de excepción (William H. Macy, Hank Azaria, Janeane Garofalo, Paul Reubens, Ben Stiller, Geoffrey Rush y Tom Waits) que logra el tono correcto en todo momento. –PA

 

 

09. X2: X-Men United, Bryan Singer, 2003

 

El primer filme de Singer sobre el grupo de mutantes marvelitas (X-Men, 2000) redefinió en su momento el arquetipo del superhéroe para el siglo XXI y la posibilidades cinematográficas del mismo. Su segunda entrega parte del mismo modelo y lo expande en cada sentido posible. Singer y sus guionistas amplían el reparto y logran balancear seis o siete subtramas diferentes sin perder nunca el hilo, concretando el drama de cada personaje por separado: Wolverine y su búsqueda de la verdad, la ‘salida’ de Bobby Drake ante sus padres —no el único momento en el que la cinta juega con la lectura queer inherente a la franquicia— o la angustia adolescente de Pyro. Y ante todo, la acción: atrás quedaban las accidentadas batallas del primer filme, aquí sustituidas por setpieces formalmente logrados que nunca se sienten forzados y que marcarían la pauta para el cine de superhéroes por venir: entre ellas, una de sus mejores descendientes –para algunos, incluso, la mejor de la franquicia—: X-Men: First Class. –PA

 

 

08. The Crow, Alex Proyas, 1994

 

Suscrito en la tradición del antihéroe que dominó el panorama a finales de los ochenta y principio de los noventa, The Crow es decidida y notoriamente un producto de su época. La historia de un hombre que regresa de la muerte en busca de venganza contra los hombres que acabaron con su vida y la de su novia, la cinta es ante todo un triunfo de diseño de producción, con su Detroit de pesadilla y esa atmósfera opresiva que Proyas perfeccionaría en Dark City (1998) antes de hundirse en la irrelevancia. Sin ser la revelación que algunos han querido ver, es difícil negar el carisma con el que Brandon Lee dota a Eric Draven. Su actuación, junto a la estilizada dirección y una narrativa que se suscribe con convicción y precisión a convenciones de género que ahora se sienten agotadas —no es casualidad que, sin importar el medio, todas las encarnaciones posteriores de la franquicia sean prescindibles— transforman en memorable un material que en manos menos capaces o escrupulosas sería risible. –PA

 

07.- Kick Ass, Matthew Vaughn, 2010

 

El dilema de incluir a Kick Ass tenía nombre y era otra película: Super, de James Gunn. Ambas comparten el espíritu subversivo de mostrar a patéticos personajes convertirse en superhéroes; asimismo, cierto aire gore está presente en las dos. Pero si de escoger una se trata, que sea Kick Ass: por su oficio fílmico, que implica utilizar más y de mejor forma recursos que Super apenas intuye; por sus personajes delineados –atención a Hit Girl, el personaje de Chloë Moretz, inmortal desde ya; y a su padre, Big Daddy, interpretado por un Nicholas Cage en buena forma—; por su encuadre cuidado y su bien manejada cámara; y, principalmente, por su logrado humor. En Kick Ass y la siguiente en la lista, Chronicle, está la esperanza en esta última década de lograr una buena película de superhéroes que se aleje de lo formulaico –no Iron Man, no Capitán América, no Batman de Nolan. Esperemos que sus discípulos –y no los de Joss Whedon—fructifiquen y se multipliquen. –LR

 

06. Chronicle, Josh Trank, 2012

 

En general, las películas de superhéroes deciden explorar ciertas rutas definidas del arquetipo superheroico, de tal forma que si viéramos todas en la lejanía –como si fueran un mapa— encontraríamos que esa exploración se concentra sólo en algunas zonas: alguien sufre un trauma, alguien recibe un poder, alguien decide combatir al crimen o a las fuerzas del mal o a quien corresponda. Esta tendencia dominante tiene un motivo claro: la mayoría de las adaptaciones son más o menos respetuosas a la fuente original, que suele ser un cómic de superhéroes de alguna gran editorial. Las variantes de esta fórmula son mínimas y siguen dando frutos, pero las mayores exploraciones del género se encuentran en adaptaciones no oficiales y fanfilms por la ventaja implícita de evitar los corsés que imponen las productoras con los derechos de los superhéroes famosos. De este espectro, Chronicle destaca porque centra su atención en el villano y, a la manera de Akira de Otomo y Carrie de De Palma, declara que, después de todo, recibir superpoderes tal vez no sea esa maravilla que nos han contado. En un cine superheroico que se muestra demasiado cómodo en su  condición genérica, las historias que redefinirán el arquetipo no saldrán de los grandes estudios, pero quizá sí de otras mentes poquito más curiosas. –LR

 

 

05. Darkman, Sam Raimi, 1990

 

Sumando sus entregas, parece evidente que ha sido Raimi quien más ha aportado al género superheroico en el cine. Darkman es su primer acercamiento al arquetipo y el más revolucionario. Con un espíritu pop que lo ha abandonado por momentos pero al que no ha renunciado por completo, el director juega con todos los elementos cinematográficos a su alcance –no en vano Raimi es el gran director técnico de su generación, solo comparable a los hermanos Coen— y cuenta una historia de venganza, redención y superheroísmo desde la deformidad con mala leche, ironía y humor; el superhéroe de Raimi, encarnado por Liam Nesson, es uno de los primeros grandes héroes posmodernos en el cine: antes de él estaba Superman, que era ingenuo en grado sumo, y apenas acababa de aterrizar en pantallas un año antes el Batman de Burton. Con todo, es Darkman el que explota en escena con grandes acercamientos que remitían al camp sesentero; juegos de cámaras e iluminación; homenajes visuales y sonoros al cine de horror de la Universal: todo en medio de un vigoroso espíritu pop, de un total compromiso con la narración y la diversión del espectador inteligente. El guionista Peter David ha llamado a Darkman ‘la perfecta película de superhéroes’. Es posible que no esté equivocado. –LR

 

 

04. Batman: Mask of the Phantasm, Radomsky-Timm, 1993

 

Esta película es el punto álgido del trabajo de la dupla Timm/Dini con el personaje. Después del éxito comercial y artístico de Animated Series (derivado en gran parte del trabajo de Tim Burton en la franquicia, del que ya se habló en extenso aquí), la Warner les encargó una película que iría directo a video. El resultado fue Mask of the Phantasm, una inteligente exploración de la dualidad entre el Joker y Batman (la más interesante en cine, al menos hasta la llegada de City of Scars, aquel gran cortometraje de la productora Bat in the sun). El Guasón de Hamill, quien se convirtió en uno de los grandes actores de voz gringos de la actualidad después de encarnar a Luke Skywalker en la saga original de Star Wars, está claramente loco y, a mi subjetivo parecer, inspira más temor que el de Nicholson –sin contar que bebe directamente de uno de los más aterradores del cómic: aquel de The Killing Joke de Alan Moore. Mask of the Phantasm una historia de desolación y abandono que permanece oculta aún para algunos. Es facilísimo encontrarla en DVD a un precio irrisorio y vale muchísimo la pena. (Ya borrachos, pues también vean toda The Animated Series de la que, nadie les dijo, quizá haya un torrent aquí.) –LR

 

 

03. Spider-Man 2, Sam Raimi, 2004

 

Spider-Man 2 triunfa porque —como aquellos primeros cómics de Ditko y Lee— se preocupa más por Peter Parker que por Spider-Man: su acercamiento es aquel del superhéroe como bildungsroman. Las secuencias de acción, aunque notables —la pelea entre Spidey y Dr. Octopus sobre el tren sigue impresionando—, no superan al melodrama de la vida de pobre diablo que lleva Parker: dificultades románticas y económicas, sentimientos de culpa y crisis de identidad dirigen la narrativa.  Raimi entiende y explota los motivos clásicos del personaje (ayudado por un guión inteligente, concebido en parte por Michael Chabon, autor de Las sorprendentes aventuras de Kavalier & Clay, lectura indispensable para cualquiera que pretenda entender el cómic) al tiempo que logra una cinta más idiosincrática —ahí está su pequeño autohomenaje en la escena del quirófano— que no renuncia a la luminosidad pop del material fuente.  –PA

 

 

02. The Incredibles, Brad Bird, 2004

 

Para cuando The Incredibles se lanzó en 2004, la facilidad de Pixar para combinar pathos con humor en filmes animados de auténtico atractivo intergeneracional y diseño pulcrísimo estaba ya plenamente establecida. El primer proyecto de Brad Bird como parte del estudio cumple con estas características, pero representa una evolución en el esquema en parte gracias a su enfoque en seres humanos y su retrato de la familia nuclear, pero sobre todo por la multitud y seriedad de algunos de sus temas: crisis de todo tipo (maritales, familiares, de identidad, de la mediana edad) y una agenda casi nietzscheana contra el populismo y el conformismo. Libre de las ataduras de las adaptaciones, nos encontramos ante una sublimación de significantes superheroicos de múltiples épocas —de los Fantastic Four de Kirby y Lee a Watchmen— en un estudio del arquetipo integrado a una sociedad que se resiste a él. Aquí Bird ya apuntaba lo que confirmaría en Ratatouille: su posición como la voz más personal de la generalmente homogénea máquina Pixar. –PA

 

 

01. Unbreakable, M. Night Shyamalan, 2000

 

Podría existir alguna discusión acerca de la superheroicidad de esta cinta de Shyamalan. Cierto es que cumple con varios de los parámetros del thriller pero, al final, el objeto de su thriller es un superhéroe definido: tiene poderes, tiene una misión, está descubriendo su identidad. Frente a él –en el exacto opuesto— se encuentra un memorable villano, Elijah Price/Mr. Glass, un tipo dispuesto a encontrarlo a cualquier precio, aun cuando tenga que acabar con cientos de vidas. Con todo, no es solo su aporte al arquetipo superheroico lo que le asegura el lugar como la que, gulp, creemos es la mejor película de superhéroes que se ha hecho: es su vigorosa puesta en escena; su atención al shot, al encuadre y a la simetría; en general, su palpable impulso de no ser exclusivamente una buena película de superhéroes sino una gran película: acaso, una obra maestra. –LR

[Sabemos que aún existen escépticos de la grandeza de esta cinta. Para ellos, este videoensayo de Jim Emerson: ‘Cuatro piezas de Unbreakable’, para verse aquí.]

 

Bonus Track: Superman, Richard Donner, 1978

 

Si las distintas cintas aquí listadas se ubican en distintos espacios del arquetipo del superhéroe, Superman es el arquetipo. La seminal cinta de Donner está al nivel del icono, repleta de grandilocuencia e inocencia a partes iguales: un mito fundacional que desdobla con paciencia, llevándonos de Krypton a Smallville y de ahí a Metropolis, tomándose su tiempo para rastrear los elementos que constituyen al primer superhéroe. En su centro está la interpretación de Christopher Reeve: su Superman (y su Clark Kent) definieron la forma en la que pensamos al personaje. Sobreescrita, cursi a ratos y solemne en exceso en otros, aún así la cinta mueve a la emoción genuina en momentos puntuales donde Donner parece conectar con la esencia misma del héroe. Así, el momento en que Superman aparece por primera vez en Metropolis y salva a Lois Lane de una muerte segura (“Easy, Miss. I've got you”. “You've got me? Who's got you?”) es uno que captura al personaje con igual o mayor precisión que cualquier historieta. –PA

 

 

Bonus Track: Batman: City of Scars, Aaron Schoenke, 2010

 

Hay un ejemplo similar a City of Scars en los cómics de Batman. Se llama Mark of the Bat y lo escribió y dibujó Josh Simmons. Su importancia radica en la capacidad de sustraer al personaje de su continuidad –esa que tanto lastre representa a los guionistas de cómic— y lo coloca en algún futuro indefinido –no sabemos qué año es, pero en realidad no importa—, lamentándose, bien entrado en la locura. Apenas en 18 páginas, Simmons nos cuenta el final más cruel de un Batman que hayamos visto. City of Scars hace una cosa parecida –no contaremos cuál para evitar el spoiler— con esa dualidad explorada pero no agotada de Batman y la lucha eterna contra el Guasón. Schoenke, que ya ha demostrado oficio fílmico, ejecuta su mejor cinta hasta ahora; la única que parece tener un guión sólido más allá del apartado técnico. El fanfilm como señal de alerta ante el anquilosamiento de las fórmulas del superhéroe mainstream.

(Mark of the bat puede leerse gratis en .pdf aquí: el mismo Simmons nos mandó, muy amablemente, esa copia. La película está disponible, libre de derechos, en Youtube.)