artículo no publicado

Agarrando pueblo o los vampiros de la miseria

Pionero del género de la pornomiseria, Agarrando Pueblo pretende hacer un reportaje sobre la miseria en Santiago de Cali así como denunciar este retrato de la pobreza.

Agarrando pueblo vio la luz en 1977. Resulta difícil clasificar el cortometraje de 28 minutos, dirigido por Carlos Mayolo y Luis Ospina. Etiquetarlo como un “falso documental” parece una salida fácil, pero no nos convencen las salidas fáciles.

El tratamiento comprende un metamontaje protagonizado por el mismo equipo de producción que, por una parte, pretende un reportaje sobre la miseria en Santiago de Cali y, por otra, denunciar este retrato de la pobreza. La cámara que persigue a la cámara que explota la pobreza ajena. La doble filmación (del fenómeno de la pobreza y del equipo de producción que lo filma) como método de evidencia.

Este desdoblamiento depende de una gramática cinematográfica que busca reforzar la denuncia que sostiene el discurso del film. Primero, las dos cámaras de 16mm ruedan películas distintas. La que mira en primera persona sobre los sujetos y escenarios de la miseria corre película a color. La segunda unidad, la cámara omnisciente, la que escapa el registro, devela las acciones del equipo de producción en escala de grises.

Así, los primeros planos de la miseria vibran en toda su violencia cromática, distinguiéndose de los terceros planos de la pobreza ética del equipo de producción, los cuales se sumergen en el hondo cariz del blanco y negro. Por lo tanto, la naturaleza dual del aspecto formal del cortometraje, de sus dos cámaras, transmite también el dualismo de la realidad retratada: Latinoamérica siempre escindida, dividida social, económica y moralmente.

Segundo elemento de esta lógica doble es la estructura narrativa. El director del falso reportaje destinado a la televisión alemana (según lo que él mismo dice al taxista que los lleva en su cacería de acera en acera, en busca de viejos, mujeres y niños desamparados), es también el verdadero director del cortometraje: Carlos Mayolo. Sucede igual con los sujetos de la miseria: por un lado, no son extras, sino protagonistas de las calles caleñas, pobres de a de veras; por otro, los hay también actores contratados para hacerla de pobres.

Entre el pobre actuado y el que padece el hambre desde la banqueta, el espectador se halla en una encrucijada. Ahí, la denuncia del filme en cuestión cobra toda la fuerza. Mayolo y Ospina presentan una narrativa donde la pobreza pierde su fácil catalogación: ¿dónde está la pobreza? El gerundio del título (“agarrando”, la cámara cual trampa o red) cobra toda su justicia semántica. “Agarrando”, al asumir su función modal como gerundio, modifica la condición del pueblo. La pobreza que, al ser expuesta superficialmente, intercambia su carácter cruento por un teatro de la opresión, un simulacro igualmente miserable.

Entonces surge el concepto clave, provocación tácita en el cortometraje: Pornomiseria. En palabras de Mayolo y Ospina, como parte de un texto de presentación escrito para el estreno parisino del cortometraje en 1978:

“Si la miseria le había servido al cine independiente como elemento de denuncia y análisis, el afán mercantilista la convirtió en válvula de escape del sistema mismo que la generó. Este afán de lucro no permitía un método que descubriera nuevas premisas para el análisis de la pobreza sino que, al contrario, creó esquemas demagógicos hasta convertirse en un género que podríamos llamar cine miserabilista o pornomiseria. (...) Agarrando pueblo la hicimos como una especie de antídoto o baño maiakovskiano para abrirle los ojos a la gente sobre la explotación que hay detrás del cine miserabilista que convierte al ser humano en objeto, en instrumento de un discurso ajeno a su propia condición.”

Más que un “falso documental”, Agarrando pueblo es un manifiesto sobre el tratamiento documental y periodístico del infortunio de los otros. El cortometraje colombiano es una receta cinematográfica inspirada en el mismo contexto donde se genera. Hoy en día, bajo regímenes mediáticos que cojean de autocrítica, esfuerzos como Agarrando pueblo permanecen como guías hacia una denuncia del medio por el medio mismo, estrategias de contención simbólica en la guerra por el sentido en un mundo cada vez más desbordante y caótico.

 

https://www.youtube.com/watch?v=szqPmaZ7KdQ