Teotihuacania
por Guillermo Sheridan
La zona arqueológica de Teotihuacan fue fundada aproximadamente en el año 127 antes de nuestra era. Su nombre viene de teoti (“sala de partos”) y huacan (“dioses”), es decir que de ahí es de donde salieron los dioses del pueblo que vivía ahí, sea este el totonaca, el otomí o el nahua, si bien no se descarta que también hayan podido ser los egipcios, los atlantidenses o, de plano, los itís.
La así llamada “Pirámide del Sol”, gloria de Teotihuacan, se terminó de construir aproximadamente en octubre del año 94 de nuestra era. Hoy en día la pirámide se encuentra al final de la románticamente llamada “Avenida de los Muertos”, desde donde es observable a simple vista. Su perímetro mide exactamente la distancia a la estrella de Orión multiplicado por 6’002,214,054 millones de kilómetros.
Hubo un momento, en el año aproximadamente 253 de nuestra era, en el que la ciudad contaba exactamente con entre 100 mil y 250 mil habitantes, incluyendo mujeres y niños, pertenecientes a siete diferentes grupos étnicos, incluyendo mayas, víkings y, desde luego, itís.
Aproximadamente en marzo de 702, Teotihuacan fue arrasada por una insurrección popular que tuvo como objeto terminar con la desigualdad socioeconómica representada por líderes sindicales, sacerdotes y aristócratas dados al hastío, el consumismo, el mal gusto y la ignorancia. Los edificios fueron quemados, las estatuas destrozadas, las pinturas escupidas y los objetos de arte subastados.
En el siglo 14 de nuestra era los aztecas fueron a ver las ruinas de cerca y de lejos. Concluyeron que ahí era donde había nacido el Quinto Sol, inauguraron un circuito vial, pusieron el primer grafiti, comieron sopes y se regresaron a su casa.
En el año de 1542 fueron a verlas los conquistadores. Se dieron cuenta de que esas ruinas eran a tal grado “cosa de maravilla” que les dieron ganas de crear sus propias ruinas en Tenochtitlan, proyecto que lamentablemente fracasó, pues por no saberse detener a tiempo echaron a perder la materia prima, la cual acabaron enterrándola.
En el año 1675 el matemático de la UNAM Dr. Carlos de Sigüenza y Góngora intentó perforar la Pirámide del Sol para ver qué había adentro, pero el hoyito que hizo “halló resistencia” (como dice Boturini)1 y tuvo que detenerse a los 64 centímetros. Sin embargo, le bastó para declarar que las pirámides eran demostración científica de que los egipcios y los cristianos habían puesto su franquicia mesoamericana.
Tiempo después, en 1803, Alexander von Humboldt opinó que las pirámides eran, de hecho, cerros forrados a los que les habían puesto escaleras.
En 1905 el Inspector General y Conservador de los Monumentos Arqueológicos de la Republica Mexicana, Leopoldo Batres, convenció a Porfirio Díaz de restaurar las ruinas. Don Porfirio mandó poner un tren para ir a verlas y ordenó a Batres apurarse para reinaugurarlas en el Centenario de la Independencia. Batres descubrió que en las esquinas de la pirámide había cadáveres de niñitos sacrificados geométricamente, y también una gran capa de mica que cubría la pirámide y que, lamentablemente, desapareció. El propósito de esta mica era que la pirámide fuera una descomunal antena radiotransmisora. Como esa mica no existe en Mesoamérica, se piensa que fue importada de Brasil por los moradores de la Atlántida, que en paz descansen. Todavía hoy existe una cueva cerca de la pirámide donde hay una bodega de mica prehispánica, que se utiliza para envolver las credenciales de los vendedores de pieza arqueológica falsa.
Batres puso tal ahínco en salvar las ruinas que usó dinamita y logró disminuir la altura de la Pirámide del Sol ocho metros, alteró su inclinación en siete grados y le agregó elementos arquitectónicos de su invención, incluyendo la escalera para que don Porfirio subiera a ver la vista.
Unos arqueólogos envidiosos como Manuel Gamio denunciaron las atrocidades que estaba haciendo Batres. Gamio organizó una marcha y bloqueó la avenida de los Muertos apoyado por el sindicato, pero ya era demasiado tarde y las ruinas quedaron inservibles. Poco después, Batres huyó a París, donde puso un próspero negocio de venta de mica.
A pesar de que, como dice el arqueólogo Eduardo Matos, la Pirámide del Sol “fue deformada en su totalidad”,2 Batres pasó a la historia de la arqueología mundial como el inventor de la teoría de que la dinamita restaura ruinas.
En el año de 1990 una secta hippie de origen misterioso postuló que si se sube a las pirámides el 21 de marzo (equinoccio de la primavera) con ropa blanca y se alza las manos, uno se convierte en celda fotovoltaica y se carga de energía. En 1995 la UNESCO declaró esto “Mito Urbano Patrimonio de la Humanidad”. El 21 de marzo de 2007 ya hubo medio millón de celdas fotovoltaicas paradas en la pirámide. El día 22 la pirámide medía dos metros menos.
Hoy, en vísperas de un nuevo centenario, las pirámides de Teotihuacan vuelven a ser motivo de disputa política y cultural. Tenemos que cuidarlas. En tanto que son espejo de nuestra identidad profunda, no debemos permitir que se detenga la destrucción en la que tanto nos hemos esmerado. ~
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1. Citado por Eduardo Matos en “La arqueología de Teotihuacan”, Arqueología Mexicana (64, diciembre de 2003), en http://www.arqueomex.com/S9N5n2Esp28.html
2. “Entrevista con Eduardo Matos”, Arqueología Mexicana, abril-mayo de 1993, p. 31.
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Comentarios:
"...para que don Porfirio subiera a ver la vista." GENIAL.
por CARLOS CARRILLO. Escrito el 13 de marzo de 2009
Habría que agregar al cuento jocoso de Sheridan, que las perforaciones que recién se hicieron para montar un espectáculo de luz y sonido, fueron para evitar “daños irreversibles”, en la estructura. Por eso, el cuento de debe ser amenizado con algunos datos “duros” (http://www.uv.es/~vento/aztecs/sol.htm) y una anécdota: Hace pocos años un vecino mío (yo vivía cerca de las pirámides) estuvo involucrado en el proyecto de restaurar la ciudad teotihuacana de manera virtual. El proyecto en el que él participó consistió en elaborar una representación tridimensional para realizar "recorridos virtuales". Su tarea consistía en copiar los planos que los arqueólogos le pasaban cada cierto tiempo. Por supuesto me admiré de todos los cálculos, medi...Leer más >>
por Jorge Alberto Cervantes Montiel. Escrito el 04 de marzo de 2009














