Lafourcade: El beso de la mujer pulga
por Rodrigo Fresán
Hace unos años, en México D.F., en una avenida céntrica, en un hotel, en una habitación, en un televisor, en un video-clip, en una canción, vi por primera vez a Natalia Lafourcade. La canción del videoclip en la TV de la habitación del hotel del centro de la Ciudad de México se llamaba “En el 2000” y todo esto tuvo tiempo y espacio y sonido a finales del 2002. Me acuerdo de que terminé de escuchar y de ver y que tomé nota y que bajé corriendo y que –por una vez, a pesar de las siempre colosales distancias entre todo punto A y todo punto B en el D.F.– había una disquería cerca y me compré el CD titulado Natalia Lafourcade y volví al cuarto y apagué el televisor y encendí el discman.
En el videoclip de “En el 2000” (en los videoclips, porque hay una “video-versión” y una versión “Forquetina visita la Tierra”) aparecía Natalia Lafourcade con guitarra al pecho y rodeada de una banda indie y acompañada por coristas gordas y vestidas de color rosado quinceañero. Y lo cierto es que –más allá de su pasmosa y madura voz– todo parecía indicar que Natalia Lafourcade no podía tener mucho más que esa edad. Enseguida supe que tenía 17. Pero no los aparentaba ahí, saltando como una liliputiense con regocijo de giganta y rebotando como el menos cuerdo de los juguetes a cuerda. Un poco Björk, sí; pero sin la patológica y calculada al milímetro autosatisfacción de la fría esquimal, y sí con la muy saludable calentura de quien se la está pasando explosivamente bien sin importarle el qué dirán. Y en el álbum, Natalia Lafourcade tampoco parecía mini y sí maxi y desde entonces –cuando se la escuchaba hacer scat, suspirar un aniñado “Me choca cuando se me olvidan mis canciones” para desembocar en el percusivo y casi amenazante “Búscate un problema” (canción-pesadilla para padres donde se escucha eso de “Busca, busca, un problema allá/ Busca, busca, tu lo puedes encontrar/ Corre, corre a la cama de mamá/ Dile que esta noche no vas a llegar/ A la casa, a la casa” y “Entrar de puntitas nadie escuchará/ Tus zapatos a las doce de la noche /Corre y a la cama y ponte a pensar /Qué dirás al día siguiente a tu papá”) para enseguida conectar con “En el 2000” (canción-pesadilla para hermanas mayores donde se oye aquello de “En el 2000/ Mi hermana va a parir una célula/ que surge de una relación caliente/ y deprimida también ardida/ odiará a ese ser humano/ que se ha ido y la ha dejado” mientras la pequeña se queja de sentirse tan vacía, de no tener a Gael García y se ríe de las que recortan a Ricky Martin en las revistas mientras “el planeta gira, gira a la derecha” y ella siente que “Ya no soy, Ya no soy / la infantil criatura / la inocencia se acabó”– supe, sí, que me encontraba frente a una artista en serio y única. Poco y nada que ver con un clon de la factoría Televisa o con un modelo brotado de la retorcida línea de montaje de alguna Operación Triunfo. O con Shakira. O con Bebe. O con Avril Lavigne. O con cualquier otra Lolita progre y punkie y mística. Natalia Lafourcade era dueña de un sonido personal fluctuando entre la bossa y el grunge y la canción confesional y las virtuosas piruetas vocales de esa otra niña perpetua que es Rickie Lee Jones. Y sabía abrir la puerta para ir a jugar y a jugarse.
Después, yo volví varias veces a México pero –en sucesivas exploraciones a alguna de las disquerías Mix-Up de Guadalajara– no había noticias de un nuevo disco; por lo que me vi obligado a recabar informaciones varias y mantener el oído alerta. En los años que siguieron escuché algunas canciones en bandas sonoras o en álbumes recopilatorios, supe que Natalia Lafourcade había nacido el 26 de febrero de 1984 en la Ciudad de México, que es multi-instrumentista, que a los diez años ya cantaba con orquesta mariachi, que ganó tres premios MTV (Mejor Solista, Mejor Artista Pop y Mejor Artista Nuevo de México) en el 2003 y que perdió un Grammy ante el centrífugo David Bisbal, que Natalia Lafourcade fue grabado en Italia y llevaba vendidas cerca de 500,000 copias (y que, al parecer, existiría un disco anterior, como integrante de un efímero trío pop llamado Twist, que nunca pude conseguir, pero que no me huele muy bien), que era la sobrina del escritor chileno Enrique Lafourcade y la hija de músicos clásicos, que fue la primera mexicana en conseguir un número uno en España (con “En el 2000”), que la admiraban hasta la adoración periodistas y colegas de prestige y que había incorporado al terceto que la acompañaba a la fiesta y que de aquí en más sería conocida como “Natalia y La Forquetina”. A fines del pasado diciembre entré a la librería Gandhi de Guadalajara y fui a la sección discos y pregunté y respondieron: “Casa”.
Casa –15 canciones producidas por Emmanuel “Café Tacuba” Del Real y Aureo Baqueiro, uno de los responsables de Natalia Lafourcade– repite portada colorinche, incluye en su edición especial todos los videos ya mencionados más los nuevos y un de-
sopilante making the record marca MTV (donde Natalia Lafourcade aparece por momentos como la prima chilanga de la novia de Chucky). Y Casa no sólo no decepciona sino que obliga a subir la apuesta. Electrificado y eléctrico y desenchufado y atmosférico a partes iguales. Casa es acid house pero, también, es casita de muñecas con María Elena Walsh como ama de llaves y Tim Burton como mayordomo. Y con La Forquetina –Yunuén en teclados y acordeón, Chanona en bajo y guitarrón, Alonso en batería y programación– sonando a gloria. Por lo menos seis temas –“En tus ojos”, “El amor es rosa”, “Casa”, “Cuarto encima”, “Ser humano” y el bonus-track cover “O Pato”– son clásicos y hits desde la primera audición. Y el resto va entrando sin problemas y sin prisa y sin pausa. Y si en Natalia Lafourcade la cosa pasaba por los terremotos mexicanos en la vivienda de los padres y en la habitación de la hija, en Casa, pareciera, el asunto tiene que ver con los primeros sismos de vivir sola por primera vez y esas cosas que suceden en fiestas donde se “comen colores”, a la hora de arreglar el armario y ser atacada por calcetines y zapatillas y –verso admirable– descubrir que “las fotos me miran”, o al recibir condena a perpetuidad de ser un ser humano. Es decir: la chica y la música crecen.
Y desde el 2002 y en el 2006 y hasta el universo y más allá, valdrá la pena seguirla. Oyéndola y mirándola. Dando saltos más altos, sacando ronchas más grandes, lanzando besos más besos y cantando con esa voz de voces –como “En el 2000”– “A ver qué pasa en el siguiente”.
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Comentarios:
sorpresivamente a mi me sucedió algo muy similar a lo que comenta Fresan cuando escuché por primera vez a Lafourcade. Y, para peor, quise ser su novio y tuve un atisbo de emocion cuando supe que un amigo lejano pero bien lejano era pariente xD... solo quedó en eso: en ilusion...
por Roberto Santander. Escrito el 18 de junio de 2006
Para el ácido Oscar Esquivel: Si es que escriben de Arjona, espero también leer tu contestación. A veces a uno le gusto revolcarse en el lodo y hablar (o leer) sobre seres tan desagradables como el antes mencionado. Debo decir que me molesta mucho menos él que sus grupies-poetas-de-escusado, al menos a él le pagan por poner su pose ridícula y falsa de estar cantando algo con contenido de verdad universal y profunda pero no puedo sufrir a quienes lo alaban como el orfeo de los 90´s. Ok, me estoy desviando, maravilloso tu artículo Oscar. Creo que este tipo de artículos (hablo del original) debe existir para escuchar una contestación como la tuya. ¿Escribes en algún columna? In Aeternum El Man
por Manuel Ruelas. Escrito el 03 de mayo de 2006
¿Cuántos años tiene este señor? Ni siquiera las reseñas más favorables de los discos de la La Fourcade que leí en medios musicales sonaban tan ridículamente emocionadas. No quiero pensar en lo que pasara cuando sorprenda a un puberto viendo el último video de Julieta Venegas. Tal vez vendrá a escribir otro bizarro artículo, señalando como 4 o 5 de los insulsos tracks no son sólo clásicos instantáneos, sino inmediatísimos (sí, sic) y obligados referentes de la música Pop-Rock para el futuro y, si se pudiera, con efectos retroactivos. Desde ya me adelanto a tan probable e inevitable suceso y propongo un título para la ridícula columna: "Para que aprendas, Janis". Nunca creí que la necesidad que MTV nos está tratando de inducir, de ser siem...Leer más >>
por Sergio Iván González Uribe. Escrito el 02 de mayo de 2006
¿Cuántos años tiene este señor? Ni siquiera las reseñas más favorables de los discos de la La Fourcade que leí en medios musicales sonaban tan ridículamente emocionadas. No quiero pensar en lo que pasara cuando sorprenda a un puberto viendo el último video de Julieta Venegas. Tal vez vendrá a escribir otro bizarro artículo, señalando como 4 o 5 de los insulsos tracks no son sólo clásicos instantáneos, sino inmediatísimos (sí, sic) y obligados referentes de la música Pop-Rock para el futuro y, si se pudiera, con efectos retroactivos. Desde ya me adelanto a tan probable e inevitable suceso y propongo un título para la ridícula columna: "Para que aprendas, Janis". Nunca creí que la necesidad que MTV nos está tratando de inducir, de ser siem...Leer más >>
por Sergio Iván González Uribe. Escrito el 02 de mayo de 2006
¿Cuántos años tiene este señor? Ni siquiera las reseñas más favorables de los discos de la La Fourcade que leí en medios musicales sonaban tan ridículamente emocionadas. No quiero pensar en lo que pasara cuando este señor sorprenda a un puberto viendo el último video de Julieta Venegas. Tal vez vendrá a escribir otro bizarro artículo, sobre como 4 o 5 de los insulsos tracks no son sólo clásicos instantáneos, sino inmediatísimos (sí, sic) y obligados referentes de la música Pop para el futuro y, si se pudiera, con efectos retroactivos. Desde ya me adelanto a tan probable e inevitable suceso y propongo un título para la ridícula columna: "Para que aprendas, Janis". Nunca creí que la necesidad que MTV nos está induciendo a todos de ser siem...Leer más >>
por Sergio Iván González Uribe. Escrito el 02 de mayo de 2006
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