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Rulfo fue uno de los cinco mejores narradores del siglo pasado. Cuestionario a Enrique Vila-Matas

En Bartleby y compañía (Anagrama, 2000; Seix Barral, 2015) Enrique Vila-Matas se refiere a Juan Rulfo como un escritor del No; un escritor que, como Rimbaud, abandonó la literatura. “Solo de la pulsión negativa, solo del laberinto del No puede surgir la escritura por venir”, dice en aquel libro.

Ha dicho que Rulfo es de los autores que lo paralizan. ¿De alguna manera es, como diría Blanchot, incomunicable?

Pedro Páramo, en concreto, me paraliza, quizá porque leerlo fue una experiencia literalmente extraordinaria, parecida a la que tenemos cuando un sueño es tan intenso –más intenso que la vida– que acaba convirtiéndosenos en incomunicable para los demás. En mi opinión, cuando se da un caso así y uno ve que no va a poder transmitir nunca, con la misma intensidad, esa emoción y mensaje que contenía el sueño, lo más sensato es arrodillarse ante el famoso precepto: “De lo que no se puede hablar hay que callar.”

¿Leyó a Rulfo antes de sus primeros viajes a México, tan presentes en su obra? ¿Le interesa que Rulfo sea mexicano? Hay quien lo prefiere como un autor escandinavo.

¿Escandinavo? Bueno, quizá se note que Rulfo leyó a Knut Hamsun. Y sí. A Rulfo lo leí antes de mis viajes a México. Empecé con su cuento “Luvina”, que me impresionó mucho. En uno de mis primeros viajes a México, recuerdo que pasé el Día de los Muertos junto al lago de Pátzcuaro y creí que estaba metido dentro de Pedro Páramo, es decir, en una especie de paraíso en la tierra, convertido en un infierno.

¿Está de acuerdo con Borges cuando dice que Pedro Páramo es una de las “mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura”?

Es una novela perfecta, escrita por uno de los cinco mejores narradores del siglo pasado. Es tan perfecta que apenas se puede añadir algo más a esto, acaso tan solo añadir: sin comentarios. Y evocar aquí que, cuando la leí, sentí que me había quedado aún más solo de lo que sentía que estaba, aunque extrañamente en comunidad, quizás en la comunidad de lo indecible. ~


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