artículo no publicado

Entre Google y una tortuga

Graciela Speranza

Cronografías. Arte y ficciones de un tiempo sin tiempo

Barcelona, Anagrama, 2017, 264 pp.

François Hartog llama “presentismo” al tiempo de la era digital. En la web, uno debe estar disponible y sincronizado, participando de los rituales expresivos de lo instantáneo. Todos los dramas de la era digital tienen que ver con el tiempo, y quizás más aún con la falta de tiempo para poder estar presente en todos los sitios. Nos encontramos sumergidos en la aceleración: fotos y videos de millones de personas circulan por la web en tiempo real.

“Sincronización en masa de la conciencia” llama Graciela Speranza (Buenos Aires, 1957) a estos procesos. La crítica, narradora y guionista de cine argentina expone en Cronografías un análisis de la forma en que la experiencia del tiempo se construye en la actualidad a través de la web: “la rápida expansión de la sociedad de consumo, con sus ritmos cada vez más rápidos de producción y obsolescencia, y la revolución digital, con sus redes de conexión global inmediata y sus flujos virtuales de capitales financieros, comprimieron el tiempo en un presente devorador, instantáneo y efímero”.

La autora abre un dialogo entre piezas de arte contemporáneo, filósofos, científicos y pensadores cuyas preocupaciones giran en torno al tema de las temporalidades subjetivas que son reguladas a través de internet. Así, Boris Groys considera que “Google es la primera máquina filosófica que regula nuestro diálogo con el mundo”.

El recorrido comienza con una pintura de Magritte,“El tiempo atravesado”, donde una locomotora sale de una falsa chimenea sobre la cual hay un reloj: premonición de los procesos de aceleración que vivimos hoy. En contraposición, una instalación de Adrián Villar Rojas, Today we reboot the planet, echa mano de esculturas de yeso, restos de nuestro presente como en una película del Holocausto hollywoodense. Reboot, reiniciar, parece ser el destino de los hombres si queremos reinventar el tiempo y ese es el espíritu que subyace en todos los ensayos de este libro.

Cronografías está dividido en cuatro capítulos: “La flecha del tiempo” parte de la obra de land art de Robert Smithson: Spiral jetty, una península en espiral construida sobre un lago que después de desaparecer bajo el agua vuelve a verse treinta años más tarde a razón del cambio climático. “Relojes” inicia con una reflexión de Austerlitz de Sebald, en la que estos aparatos toman forma de testigos y cómplices del Holocausto. “Duración” gira en torno a The clock de Christian Marclay, un collage de vídeos que podría considerarse un time ready-made, en el que cada imagen presenta una situación filmada cuya hora marcada coincide con la del espectador. En “Constelaciones”, los restos de diversos espacios y tiempos que un día fueron “actuales” confluyen en la obra Asterismos de Gabriel Orozco, que muestra los restos de una cultura que se desmaterializa. “La imagen es aquello en donde lo que ha sido se une como un relámpago al ahora en una constelación. En otras palabras: imagen es la dialéctica en reposo”, dijo Walter Benjamin. En el epílogo, Speranza examina una obra de Eduardo Navarro, en la que el artista se construye un traje caparazón que le permite habitar el espacio como si fuera una tortuga. “La tortuga es lo opuesto a internet”, dice Navarro, en ese intento por escapar de los relojes y habitar el tiempo de una manera más pausada y sensible.

Speranza retoma una idea de Agamben (“La tarea original de una auténtica revolución ya no es simplemente cambiar el mundo, sino cambiar el tiempo”) para hablarnos de una posible vía de emancipación: la transformación cualitativa del tiempo. Cronografías es imprescindible para estudiosos y entusiastas del arte contemporáneo. “La historia del arte –dice Speranza–, una historia de extemporaneidades y profecías, siempre recomienza”. ~


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