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Albert Oehlen (Krefeld, Alemania, 1954) es uno de los pintores alemanes de mayor proyección internacional. Aunque maduró en la época álgida del neoexpresionismo, bebió de las fuentes de la obra artística de Sigmar Polke, uno de los fundadores de una rama alemana del Pop Art, surgido en Estados Unidos y Gran Bretaña en la década de 1950. El Pop Art se apoyaba en la imaginería del mundo del consumo y de la cultura popular. Historietas ilustradas, la publicidad, objetos de producción masiva e imágenes de la televisión y del cine formaban parte de la iconografía de ese movimiento, cuyos exponentes, que optaron por la figuración, utilizaban técnicas casi fotográficas, como una reacción frente al expresionismo abstracto. Oehlen ha realizado un gran número de collages, influidos por el Pop Art, a lo largo de su carrera. Se caracterizan por representar imágenes, eslóganes y fragmentos publicitarios, difuminados por nubes de pintura ingrávidas y pinceladas abstractas. Oehlen se distancia de las serigrafías figurativas de Andy Warhol, inspiradas en la publicidad, como la de una lata de sopa o de una estrella famosa, cubriendo sus emblemas pop con brochazos abstractos. En esta exposición se pueden contemplar dos autorretratos, obras pertenecientes a tres series realizadas en los últimos treinta años y un collage. De carácter expresionista, pintados con un estilo directo y gestual, sus autorretratos están realizados con una gama de colores reducida, en la que predominan los marrones, ocres y grises. En Él como primavera (2006), Oehlen reinterpreta un tema pictórico tradicional, la celebración de la primavera y de la vida, mostrando una escena idílica en la que un personaje masculino que representa al propio pintor encarna al dios Baco, sustituyendo el vino por un botellín de cerveza y la corona de hojas de parra por una camiseta blanca de tirantes. Albert Oehlen se coloca en el lugar del dios, presentándose como un creador que cuestiona la pintura tradicional. Los cuadros de una de las series de la muestra combinan la abstracción y la figuración. Entre ellos destaca Sin título (Tablero de ajedrez) (1988), en el que objetos e imágenes figurativas se despliegan sobre un fondo pintado a brochazos abstractos, con la intención de romper con el concepto tradicional del espacio pictórico. Es memorable también Sin título (Cabeza de idiota) (1988), que representa a un personaje de grandes ojos con gafas amarillas. El contraste entre los colores oscuros y luminosos sirve al artista para apuntar el aspecto tragicómico de la vida. Merece la pena detenerse ante Sin título (Flechas) (1988), influido por Paul Klee. Las nítidas flechas, que sugieren movimiento, flotan sobre la superficie del lienzo entre nebulosas de pintura abstracta. Las piezas abstractas diseñadas por ordenador están agrupadas en otra serie. Son dibujos serigrafiados sobre lienzo, compuestos por líneas, puntos y flechas, que evocan la idea de caos. En su serie más reciente, titulada Árboles (2013-2016), el artista ha disuelto la forma figurativa a partir de un árbol, a la manera de Piet Mondrian, para crear formas esquemáticas abstractas de aspecto arbóreo de color negro. Las siluetas de los troncos y las ramas son semejantes a los dibujos obtenidos por ordenador, aunque han sido pintadas a mano con pincel y óleo sobre una lámina de aluminio cubierta con polietileno, que les da un aspecto de paneles publicitarios. El luminoso collage de gran formato Sin título (2016), influido por el Pop Art, es una de las piezas más espectaculares de la exposición. Las imágenes, eslóganes y fragmentos publicitarios de tema deportivo son parcialmente difuminados por líricas nebulosas blanquecinas y pinceladas abstractas, entrecruzadas por densas gotas. Los elementos gráficos, las formas y los colores se funden simbióticamente, creando una imagen que demuestra el poder de la publicidad en la sociedad. Una mayor representación de los emblemáticos collages de Oehlen, como la que se pudo contemplar en la Casa Encendida de Madrid en 2013, habría enriquecido la muestra. La lograda yuxtaposición de estilos a los que recurre Albert Oehlen en toda su obra, procedentes de la tradición de la pintura, le ha convertido en uno de los pintores más relevantes de nuestro tiempo. ~


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