artículo no publicado

Capacidad de adaptación

Ray Loriga

Rendición

Madrid, Alfaguara, 2017, 210 pp.

 

Ray Loriga (Madrid, 1967) comenzó a escribir Rendición, Premio Alfaguara 2017, hace siete años. En medio escribió Za Za, emperador de Ibiza, para luego volver a Rendición, según ha explicado en una entrevista. Decía también que las dos “tratan el mismo tema: la adaptación”. Una de manera “más hilarante e histriónica, y la otra más contenida, hacia los adentros”. Rendición es la contenida. El narrador no tiene nombre, como tampoco lo tiene su esposa. Sí lo tienen los hijos: Augusto y Pablo, que fueron a pelear como soldados en la guerra que dura demasiado tiempo y de los que apenas saben nada: “Ayer llegó una carta de Augusto, nuestro hijo, nuestro soldado, que nos cuenta que hace un mes estaba aún vivo aunque eso no confirma que hoy no esté muerto. La alegría que sentimos al leerla hace un poco más grande nuestro miedo.” Del otro, Pablo, hace un año que no tienen noticias. También tiene nombre Julio, el niño mudo que llega a la casa de la pareja protagonista y al que acaban por adoptar. Ni el encargado de la zona ni el dueño del agua ni ningún otro personaje tiene nombre. No sabemos de qué guerra se trata, ni dónde ni en qué tiempo sucede (aunque hay algunos préstamos de escenarios futuristas), porque eso casi es lo de menos.

La pareja y el niño abandonan la comarca, después de quemar su casa, como les han ordenado, y parten en convoy hacia la ciudad transparente, un lugar donde estarán a salvo, les aseguran. En una muestra de resistencia, el narrador decide enterrar sus escopetas en lugar de quemarlas. Por el camino cae una bomba sobre uno de los autobuses, se pincha una rueda del suyo y el tercero pasa de largo. Continúan a pie hasta la ciudad transparente, donde como su nombre indica todo es transparente, las paredes, puertas, los muros, todo menos la ropa. Y nada huele: ni las heces, ni la orina ni los cuerpos. La nevera siempre tiene todo lo necesario y el dinero no existe. Además, la cerveza es gratis y siempre está fría. Lo único que parece estropear ese paraíso es la exposición constante: ¿cómo hacen para mantener relaciones sexuales los demás habitantes de la ciudad transparente? La ciudad es una burbuja: nadie sabe qué fue de la guerra ni quién ganó ni quiénes son ya los enemigos, en caso de que los siga habien- do. Poco a poco, la suspicacia del narrador va creciendo y comienza a inquietarse y sospechar de todo: “Seguí andando por la calle animado por esa felicidad tan grande que me llevaba en volandas sin que yo pudiera hacer nada por detenerla. Una felicidad tan grande, tan plena y tan injustificada que, a qué negarlo, empezó a agobiarme.”

Rendición es una fábula sobre un personaje que trata de sobrevivir y seguir adelante a pesar de las circunstancias, pero incluye también ideas sobre la guerra, sobre la paternidad, el amor o la propia existencia. Por ejemplo: “La guerra para los padres no es la guerra de los hombres que pelean, es una guerra distinta. Aguardar es nuestra única tarea.” O: “Uno siempre ha oído hablar de las barbaridades que hacen los soldados en la retaguardia cuando la locura que es la guerra les da patente de corso para volverse salvajes ellos también, pero quiero pensar que a nuestros hijos los hemos criado para tener más sentido y para vigilar por sí mismos su conducta aun cuando nadie los vigile a ellos.” Y también: “La gente que sabe contar historias siempre tiene compañía.” El narrador es una especie de perdedor al que todo le sale mejor de lo que sería de esperar dadas las circunstancias. El contraste entre conformismo e inconformismo resulta entrañable. Alternado con el relato del peregrinaje, ha ido contando la historia de amor con su mujer, un amor que, “enfrentado a esta guerra, se va haciendo fuerte”. El primer marido de ella “murió de viejo y sin dolerle mucho nada, y a los dos años de enterrado, más que pasado el luto, subí yo por primera vez a la alcoba de mi señora y tan solo dos meses después nos casamos por la iglesia, y en un tiempo no muy largo nació nuestro primer hijo, Augusto”. También deja algunas pistas que permiten reconstruir su vida antes de la guerra e incluso antes de su mujer: “Antes de que ella me hablara yo era poco más que un bruto en lo social, aunque muy aplicado y eficiente en lo mío, eso sí.”

Rendición es una distopía que, en su estilo, recuerda a Juan Rulfo, pero también me hizo pensar en la novela de Doctorow Cómo todo acabó y volvió a empezar, por el escenario de western apocalíptico que luego se abandona por el de la ciudad transparente, un lugar a primera vista perfecto en el que todo es en realidad apariencia. La novela admite diferentes lecturas y se presta también a las simbólicas (de ahí la filiación con 1984 de Orwell); la más evidente, la de las redes sociales y la exposición permanente de nuestras vidas. Y de una manera más general, ofrece una mirada crítica a algunas tendencias de la sociedad, como la obligatoriedad de la felicidad, un buenrollismo vital que molesta al narrador y que lo lleva al borde de la locura: “Es curioso comprobar cómo se echan de menos sensaciones que no son buenas, y cómo sin miedo alguno se duerme bien pero se levanta uno extraño.” Es una novela sobre la resistencia a los cambios. No es un libro que sermonee, todo lo que cuenta está salpicado de humor y de personajes complejos, con una prosa que combina frases contundentes con el ritmo y el pulso narrativo. ~


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