artículo no publicado

El Twitter de Trump es un arma de destrucción masiva

Ni el “influencer” más grande se puede comparar al poder de la cuenta de Twitter de Donald Trump. Los corredores de Wall Street ya hablan del “riesgo del tuit presidencial”.

Yo como ustedes había escuchado de los “influencers”, esas celebridades de las redes sociales que por tener un elevado número de seguidores de cierto perfil  son contratadas por empresas para que anuncien –abierta o veladamente– sus productos o servicios. Pero ni el “influencer” más grande se puede comparar al poder de la cuenta de Twitter de Donald Trump, que es más bien un arma de destrucción masiva. 

El 6 de diciembre y sin motivo aparente, Trump escribió en su Twitter:

Las acciones de Boeing cayeron, costándole a los accionistas de la empresa más de mil millones de dólares. Eventualmente, la acción se recuperó, pero el mundo financiero comenzó a ponderar los riesgos que representa un desplante trumpiano.

En esa reflexión estaban cuando el presidente electo tuiteó en contra de Lockheed Martin, un enorme contratista militar que está desarrollando el F-35, la nueva generación de aviones de combate estadounidenses.

El tuit provocó una caída de 4 mil millones de dólares en el valor de las acciones de la empresa: 28 millones de dólares por cada carácter tuiteado, según The Guardian.

Estamos ante un nuevo riesgo financiero. Los corredores de Wall Street lo llaman ya el “riesgo del tuit presidencial”. Desde luego, hay quienes comienzan a buscar formas de sacar ventaja de esto y crear algoritmos que puedan predecir el comportamiento de las acciones de una empresa víctima de un cambio de humor de Su Majestad Donald I. Y también hay, desde luego, los mal pensados que se preguntan: ¿y si, digamos, los hijos o los funcionarios cercanos a Trump quisieran hacer dinerito con algunas acciones? ¿No sería cosa de pedirle a papá que se aviente un tuit rabioso contra tal o cual empresa, para comprar las acciones baratas cuando bajen? El famoso inside trading, ganancias con información privilegiada, es una tentación muy grande para gente que cree que sentarse un trono de oro es una necesidad básica.

Un lado más siniestro del poder del Twitter de Trump es su capacidad para canalizar la agresión de sus seguidores contra personas específicas. Un ejemplo reciente es Chuck Jones, líder sindical de los trabajadores de Carrier, la famosa empresa que se iba a cambiar de Indiana a Monterrey, México, trayendo alrededor de 2 mil empleos. Trump amenazó a la empresa vía Twitter con represalias y mediante negociaciones que terminarán costándole mucho dinero a los contribuyentes de Indiana, se logró un acuerdo para no llevarse a México 800 de esos empleos. Trump afirmó que salvó 1,100 puestos de trabajo, pero Chuck Jones lo corrigió. Grave error. Ofendido, el nuevo monarca exclamó en Twitter:

Hasta aquí el berrinche es inocuo. Pero desde ese momento, Chuck Jones comenzó a recibir amenazas de muerte al teléfono.  Este es un caso más de cómo Trump ha hecho poco a poco del discurso de odio algo normal, facilitando la violencia verbal. Como dijo un editorialista del Washington Post: “Trump va a hacer que un día maten a alguien”.

O tal vez no. En México hay, desde luego, quienes son muy optimistas y reportan que enviados de Trump se han reunido con los dueños del dinero en nuestro país, y que las perspectivas de negocios son alentadoras. Pero yo me pregunto ¿qué pasaría si el Generalísimo Trump amanece de malas y decide lanzar un tuit abriendo una investigación contra alguna empresa mexicana por supuestas prácticas monopólicas en Estados Unidos? ¿Y si un día amanece de peores y dice que le va a pedir al FBI que investigue a algún empresario mexicano por, no sé, lavado de dinero? Creo que todavía no comprendemos cabalmente el tamaño del poder que ha quedado en manos de este personaje.