artículo no publicado

El futuro de la Europa multicultural está en manos de los jóvenes

En pleno auge del nacionalismo en Europa, quizás hay un dato esperanzador: la Europa de las nuevas generaciones es más cosmopolita y abierta; la riqueza cultural y la diversidad social no les queda grande

2016 ha sacudido los nervios ya trémulos de las élites políticas europeas. Tras el triunfo de Brexit, el veredicto italiano pone de manifiesto una vez más la tendencia hacia el nacionalismo en muchos países de Europa. Y con las elecciones que se acercan en los Países Bajos, Francia y Alemania, muchos se preocupan de que 2017 cambie Europa tal y como la conocemos hoy.

“Las naciones son insuficientes, hay que integrarlas en una Europa unida, en los Estados Unidos de Europa”. Esto decía Ortega y Gasset en 1930, pero Europa prefirió destruirse a sí misma en dos largas guerras mundiales. Como resultado, en 1945 las fronteras de Europa permanecieron mayormente intactas y las poblaciones fueron movilizadas en su lugar. Si no se podía garantizar la protección de las minorías supervivientes del centro y del Este de Europa, entonces, éstas deberían ser trasladadas a lugares más seguros. El resultado fue una Europa con estados nación étnicamente más homogéneos.

¿Podríamos encontrarnos, de nuevo, en 2017 ante un punto de no retorno, en el cuál no podemos garantizar la igualdad de derechos en una sociedad europea plural, heterogénea? Ahora ya se habla abiertamente no solo de falta de solidaridad europea, sino de falta de inclusión social, en los medios, y debemos prestar atención al desarrollo de este sentir ciudadano. Como indicaba recientemente una encuesta de Pew Research Center, en Grecia, Italia, Hungría y Polonia, por lo menos cuatro de cada diez ciudadanos dicen que la creciente diversidad daña su país.

Y en esta línea,The Economist explicaba en un reciente artículo: “a medida que el patriotismo positivo se transforma en nacionalismo negativo, la solidaridad se transforma en desconfianza hacia las minorías, que están presentes en número creciente en nuestras sociedades”. Solo podemos invertir estas tendencias incidiendo en los factores que las causan, o en la opinión pública.

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El artículo reconoce que “está claro que una forma de nacionalismo exclusivo, a menudo étnicamente fundado, está en marcha”. Esto puede observarse en un gráfico donde se aprecian las percepciones hacia los inmigrantes en distintos países de Europa.

Como puede verse, el panorama en Francia es realmente desolador, ya que casi un 50% de los ciudadanos cree que los inmigrantes tienen un efecto negativo en su país. El apoyo a partidos extremistas y eurófobos hace que muchos teman la permanencia de Francia en la Unión Europea, y de hecho el gráfico sugiere que muchos franceses tienen también percepciones negativas sobre la globalización y el comercio.

Las consecuencias de un Frexit para la eurozona y la Unión Europea podrían ser desastrosas, y el proceso de integración llegaría a un punto de ‘no retorno’. Sin Francia y Gran Bretaña, el liderazgo requerido para avanzar hacia más Europa recaería en manos de Angela Merkel.

Porque hablando de nacionalismos, también hay que citar el caso de Brexit. “El voto de los británicos en junio a favor de abandonar la UE fue también el resultado de un giro nacionalista”, dice The Economist. Los carteles de campaña de "Brexit" representaban inmigrantes de Oriente Medio que clamaban entrar en Reino Unido.

Mientras tanto, en Europa faltan políticos capaces de articular un verdadero debate que frene esta tendencia hacia lo que se empieza a denominar ‘nacionalismo defensivo’. Los políticos proeuropeos a menudo han abusado del discurso hueco, y muchas ideas y valores sociales han caído en desprestigio, mientras que otros han adoptado progresivamente eslóganes nacionalistas.

Europa también necesita ciudadanos que promuevan nuevas formas de emprendimiento e innovación inclusivos, inmigrantes que denuncien la falta de inclusión social a todos los niveles, políticos que promuevan la diversidad de culturas y sus beneficios. El momento de hablar sobre los beneficios de la multiculturalidad y diversidad social es ahora, cuando los partidos políticos están amenazando con crear naciones homogéneas y racistas.

Para los pueblos europeos, vivir ha sido siempre, desde el siglo XI, convivir con el resto de naciones europeas en un espacio común, conocido como Europa. Como dice Ortega y Gasset en La rebelión de las masas: “desde hace siglos y con intensidad creciente existe una opinión pública europea - y hasta una técnica para influir en ella”. Esta opinión pública debe conocer las ventajas de una mayor diversidad social, explicar por qué Europa necesita a los inmigrantes tanto como éstos al viejo continente.

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Para terminar con un dato (más positivo) de The Economist, quizás podamos confiar en la Europa de las nuevas generaciones (las del Erasmus), más cosmopolitas y abiertas, a las que la riqueza multicultural no les queda grande. Pocos partidarios de partidos nacionalistas y xenófobos son jóvenes; el 77% de los jóvenes de 18 a 24 años está a favor de la globalización, dice el artículo. Los nuevos nacionalistas quieren regresar a Estados-nación homogéneos, pero hay que recordar que esa Europa pertenece al pasado, y fue el producto de una guerra y una destrucción sin precedentes. El futuro es de los jóvenes.

[Publicado originalmente en World Economic Forum.]