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¿Quién será el MVP este año?

Entre Davis, LeBron, Westbrook, Durant, Curry y Harden, la pelea por el MVP de la NBA nunca ha estado más reñida.

Empecemos con LeBron James. A sus 32 años recién cumplidos, con tres anillos de campeón de la NBA y cuatro premios al mejor jugador de la temporada, no solo tiene a sus Cleveland Cavaliers primeros de la Conferencia Este con una proyección que va más allá de las sesenta victorias, sino que promedia 26 puntos, 8 rebotes y 8 asistencias en 37 minutos de juego, con un sensacional 52% en tiros de campo.

Cualquier otro año, estos serían números de MVP. Hablamos de una temporada estratosférica, casi tan estratosférica como la de otra de las grandes estrellas individuales del último lustro: Kevin Durant. El flamante jugador de los Golden State Warriors, cuyo fichaje revolucionó la liga este verano, juega un par de minutos menos que LeBron pero mantiene unas medias muy similares: 26 puntos, 9 rebotes y casi 5 asistencias con más de un 53% de acierto en tiro.

Su equipo lidera ahora mismo la clasificación de la Conferencia Oeste con 33 victorias en 39 partidos. Por tercer año consecutivo podría superar o quedarse cerca de las 70 victorias, algo que solo otro equipo –los Bulls de Jordan, en 1996- había logrado en los setenta años de historia de la NBA.

Y, sin embargo, ni LeBron ni Durant serán los MVP de esta temporada, como tampoco lo será su compañero de equipo, el mediático Stephen Curry, ni el imparable base de los Bucks, Giannis Antetokounmpo, con su 2,11 de altura, ni el infatigable anotador de los Raptors, DeMar De Rozan, ni ninguno de los dos grandes todoterrenos de la liga: Jimmy Butler, de los Bulls, y Kawhi Leonard, de los Spurs. El nivel actual de la competición es tan alto que todos estos jugadores, que hacen ganar a sus equipos con actuaciones colosales noche sí y noche también, tienen que conformarse con un rol secundario en comparación con los grandes dominadores del año, como les sucede a otros colosos del calibre de DeMarcus Cousins, Karl Anthony Towns o Joel Embiid o a ese loco bajito llamado Isaiah Thomas, que está revolucionando a los Celtics desde su 1,75.

La narrativa de los ochenta era una narrativa de polos enfrentados con algún invitado puntual. Un eterno duelo entre la sobriedad de Larry Bird y el espectáculo de Magic Johnson que a veces dejaba entrar a Julius Erving en la ecuación y a veces aceptaba a Michael Jordan en el Olimpo mientras el resto, pese a su enorme talento, se limitaba a hacer bulto o a rebelarse desde fuera del sistema, como los famosos “Bad Boys” de Detroit. En los noventa, años de triste juego, pobres anotaciones y defensas excesivamente agresivas, era impensable concebir más de una estrella por equipo, no como ahora que tres o cuatro All Stars se pueden juntar en la misma franquicia. De hecho, el sistema consistía en defender con el cuchillo entre los dientes y dársela al tirador de turno para que resolviera, salvo nobles excepciones.

Lo que estamos viendo este año no tiene parangón en la historia y sé que es arriesgado hablar en términos que parecen tan entusiastas. Si la retahíla de nombres mencionados hasta ahora no les convence, analicemos el top tres de lo que llevamos de año, ya casi media temporada. En el tercer escalón quedaría Anthony Davis, de los New Orleans Pelicans, más que nada porque su equipo aún tiene que dar un paso adelante como grupo. Davis apenas tiene 23 años pero lleva en el punto de mira mediático al menos desde 2012, cuando fue miembro de uno de los mejores equipos olímpicos de la historia.

Conocido por su poblado entrecejo, Davis es un jugador imparable. Mide 2,09 pero su envergadura de brazos le lleva más allá del 2,20. Puede anotar a cinco o a seis metros del aro o penetrar con bote y machacar delante de cualquiera. Gracias a su enorme salto, puede coger todos los rebotes que quiera y es un especialista en el tapón. Su capacidad para adelantarse a las jugadas hace que, cada año, esté entre los que más balones roba de la liga. Hace pocos días consiguió algo nunca visto: meter más de 40 puntos y coger más de 15 rebotes en menos de 25 minutos de juego. Ha hecho del exceso algo habitual. Sus números esta temporada son 29,5 puntos y 12,2 rebotes más 2,5 tapones por partido. Viéndole jugar, su superioridad es insultante... y, con todo, insisto, no deja de ser el tercero de la lista y muchos pensarán que estoy siendo generoso.

Lo cierto es que el MVP solo puede estar entre dos hombres, salvo que la segunda parte de la temporada se llene de sorpresas: Russell Westbrook y James Harden. Westbrook está a medio año de conseguir algo que nadie, jamás, habría pensado: igualar la hazaña de Oscar Robertson de promediar un triple doble (más de diez puntos, diez rebotes y diez asistencias) por partido. De todos los récords de la NBA, por delante incluso de los famosos cien puntos en un solo partido de Wilt Chamberlain, este era el llamado a quedar para siempre pero Westbrook no parece dispuesto a dejar pasar la oportunidad.

Beneficiado sin duda por la marcha de Durant a los Warriors, Westbrook promedia ahora mismo 31,2 puntos; 10,6 rebotes y 10,4 asistencias en menos de 35 minutos por partido. Robertson logró números similares en 1962, pero aquellos tiempos eran más veloces, había más posesiones y “Big-O” jugaba hasta diez minutos más de lo que lo hace ahora el base de los Thunder. La hazaña es tal que parece imposible que nadie pueda competir a ese nivel por el trono de la NBA, más aún si tenemos en cuenta que sus exhibiciones mantienen a los Thunder entre los seis primeros de la Conferencia Oeste y con un puesto en play-offs casi asegurado.

El problema para Westbrook –y para Davis, LeBron, Durant, Curry, Towns, Cousins, Thomas, Butler, Leonard y ese largo etcétera- se llama James Harden. En el terreno individual, su rendimiento está siendo parecido: ambos se pasean por la liga sin aparente esfuerzo. Harden no promedia un triple doble pero podría hacerlo perfectamente: a sus 28,5 puntos por partido hay que sumar 11,8 asistencias y 8,4 rebotes en 36 minutos de juego. Teniendo en cuenta que apenas llega al 1,95 y que no es un hombre que se caracterice por su gran salto, hablamos de números sensacionales.

La ventaja de Harden, hasta el momento, con respecto a sus rivales es el rendimiento de su equipo, los Houston Rockets. Después de una pésima temporada, el técnico Mike D´Antoni, recién llegado a la franquicia, ha conseguido dar por fin con la tecla correcta: mucha velocidad, muchos triples y una defensa numantina del aro. El paraíso para un jugador como Harden, que acabó 2016 logrando un nuevo récord para esta generación de fenómenos al anotar 53 puntos, atrapar 16 rebotes y repartir 17 asistencias. Nadie había hecho un 50-15-15 antes. Nadie. Ni Robertson ni Chamberlain ni Jordan.

Esta es la situación actual de la NBA y estos son los motivos para defender que nunca la lucha por el MVP había estado tan disputada y que, por extensión, nunca habíamos visto tanto talento junto en tantos equipos diferentes. Jugadores de 2,10 que botan como ángeles y tiran triples como escoltas, bases que roban rebotes a las torres ajenas y machacan en su cara, aleros que no solo son insuperables en defensa sino que tienen energía para atacar sin desmayo el aro rival. Tantos perfiles, tan distintos y a la vez todos tan eficaces. Disfruten, porque el mejor momento de la historia, por definición, no dura siempre... aunque viendo lo que viene detrás, este tiene pinta de prolongarse bastante.