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Jon Rahm y Jordan Spieth, tras los pasos de Sergio García y Tiger Woods

¿Podrá Jon Rahm cumplir con su potencial y arrebatarle trofeos a Jordan Spieth, el heredero de Tiger Woods?

Del campeonato de la PGA de 1999 recordamos tanto a su ganador como a su segundo clasificado, un entusiasta adolescente llamado Sergio García. García, de apenas diecinueve años y en su segundo grande como profesional, empezó el torneo como líder tras una magnífica primera jornada y se mantuvo entre los primeros de la clasificación pese al empuje del gran dominador del momento, el estadounidense Tiger Woods, hasta el domingo decisivo.

Woods, cinco años mayor, llevaba un par de temporadas dominando el circuito pero sin repetir la hazaña de Augusta de 1997, cuando arrasó a todos sus rivales, batió el record del campo y se convirtió en el ganador más joven de la historia. Después de acabar entre los diez primeros en cinco de los siete torneos del Grand Slam disputados entre 1998 y 1999, Tiger llegó a la última vuelta del campo de Medinah con todo a su favor para hacerse con el título: un birdie en el hoyo once le colocaba con cinco golpes de ventaja sobre García y su compañero de partido, el sudafricano Nick Price. El público estadounidense ya festejaba.

Fue entonces cuando empezaron a pasar cosas raras: Woods cometió un bogey en el hoyo doce y un doble bogey en el trece. García olió la sangre y se animó con un birdie en ese mismo hoyo. De repente, la ventaja se había reducido a un solo golpe. Woods enfilaba la calle del quince mientras Sergio veía como su bola de salida quedaba justo en la base de un árbol en el dieciséis. Aquello parecía condenar definitivamente las aspiraciones del español, pero en vez de rendirse –como quizá habría hecho ahora, en plena depresión competitiva-, “El Niño” se sacó un golpe de maestro al que acompañó con toda la teatralidad a su alcance: carreras enloquecidas, saltos desesperados y la mano derecha, aliviada, sobre el corazón.

Fue, probablemente el golpe de una vida, de una generación.... aunque no sirviera de nada. García salvó aquel par como salvaría los del diecisiete y el dieciocho, pero Woods no falló. Sus carreras se separaron dramáticamente a partir de aquel momento: Tiger ganó seis grandes en los siguientes dos años y medio mientras Sergio aún sigue esperando a que llegue el primero, un éxito que se le ha resistido varias veces, la más dramática, probablemente, cuando tuvo un putt de tres metros para ganar el Open Británico de 2007.

Desde la caída en desgracia de Woods en 2009, con su lesión de rodilla y los posteriores problemas personales que acabaron en la práctica con su carrera mucho antes de lo previsto, ha habido varios candidatos a sucederle en el trono: el norirlandés Rory McIlroy parecía el mejor colocado cuando ganó su cuarto grande nada más cumplir los veinticinco años, pero de eso hace ya casi tres. Su relevo lo tomó el voraz Jordan Spieth, quizá el más parecido a Tiger de entre todos sus herederos. A los veinte años, deslumbró en Augusta, quedando segundo en un torneo que probablemente merecería haber ganado. Al año siguiente, se tomó cumplida venganza haciéndose con el título y repitiendo meses después en el US Open, además de acabar cuarto en el Open Británico y segundo en el Campeonato de la PGA.

Su dominio absoluto sobre el resto del circuito debería de haberse materializado, aún con veintidós años, en una segunda victoria en el Masters, en 2016. Después de liderar la clasificación desde el primer día, Spieth llegó al hoyo diez de Augusta con cinco golpes de ventaja sobre el segundo, el desconocido inglés Danny Willett. Un cuádruple bogey en el hoyo doce, en pleno corazón del Amen Corner, unido a un ataque de ansiedad solo comparable al del francés Jean Van de Velde en el British de 1999, hizo que acabara tres golpes por detrás del vencedor.

Este derrumbamiento inesperado supuso un durísimo golpe para Spieth, que se mantuvo alejado de los puestos de honor en los tres restantes grandes de la temporada y solo pudo sumar un torneo más en el circuito de la PGA: el Dean & De Luca Invitational.

Ocho meses y medio después, parece que Spieth está de vuelta gracias a su imponente victoria en Pebble Beach, uno de los campos más prestigiosos de Estados Unidos y donde el propio Tiger Woods cimentó buena parte de su leyenda. No solo ganó el torneo sino que lo hizo con un impresionante diecinueve bajo par, con cuatro golpes de ventaja sobre el segundo, Kelly Kraft y cinco sobre su gran némesis, Dustin Johnson. La victoria de Spieth es una gran noticia para el mundo del golf –se convierte en el segundo jugador más joven en ganar nueve torneos de la PGA- , pero hay otra casi igual de interesante: el quinto puesto del español Jon Rahm.

De Rahm se ha oído hablar poco en España porque casi toda su carrera la ha hecho en el circuito universitario estadounidense, llegando a ser número uno como amateur durante sesenta semanas entre 2014 y 2015. Con residencia en Arizona, donde fue a estudiar y mejorar su juego, este fan del Athletic de Bilbao ya dio muestras de lo que era capaz el año pasado, cuando acabó vigésimo tercero en el US Open, primero entre los no profesionales, y disputó hasta la última vuelta el Quicken Loans National, terminando tercero.

Sin embargo, su gran explosión ha llegado en 2017, tal y como esperaban los expertos. A los 22 años pero con una gran madurez y una larga experiencia a sus espaldas, Rahm asombró a todo el mundo en Torrey Pines, otro de los grandes campos del circuito estadounidense, remontando tres golpes de desventaja para imponerse en el Farmers Insurance Open con una descomunal última vuelta de siete golpes bajo el par, incluyendo un eagle desde casi veinte metros en el último hoyo.

A continuación, acabó decimosexto en Scottsdale, muy cerca de su casa, y en Pebble Beach, su tercer torneo en tres semanas, dejó para el recuerdo una impresionante racha de seis birdies en seis hoyos durante la segunda vuelta. No solo eso, sino que luego mantuvo el nivel con sendas tarjetas de 67 y 68 golpes durante el fin de semana. A diferencia de García, Rahm parece un hombre más fiable en los greens aunque mantiene la misma violencia en el drive y un tacto parecido con los hierros, si bien muchos afirman que ahí tiene aún bastante margen de mejora.

Quedan menos de dos meses para el Masters de Augusta, el territorio favorito de Spieth, y Rahm suena como uno de los más firmes candidatos a ponerle en apuros. Así lo piensa al menos Phil Mickelson, quien también fuera estudiante de la universidad de Arizona State y que ve en él a “un enorme jugador, de los mejores del mundo”. Probablemente, vivir fuera de la montaña rusa de expectativas que acabó con la resistencia mental de Sergio García, le beneficiará en el futuro.

Rahm, que nunca ha renegado de su nacionalidad ni de su formación en España, se maneja a la perfección en su país de acogida, el país donde el golf se convirtió en negocio y donde se disputan tres de los cuatro torneos del Grand Slam. Sin ser excesivamente frío tampoco siente la necesidad de estallar después de cada gran golpe y su serenidad sorprende allá donde le toca competir. Dieciocho años después de la última victoria de un español en Augusta –cortesía de José María Olazábal-, puede que haya llegado la hora de que Rahm consiga que el aficionado vuelva al golf como en los dorados ochenta y noventa y no limiten su interés a ese oasis bienal llamado Ryder Cup.

En poco tiempo saldremos de dudas.


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