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¿Sueñan los humanos con asistentes femeninas eléctricas?

El hecho de que las asistentes virtuales se prefieran con voces femeninas revela que la tecnología no ha logrado escapar a las normas culturales que estereotipan a las mujeres.

Siri, Cortana, Alexa. Todas ellas asistentes virtuales. Todas ellas con voces y nombres de mujer. Hasta ahora solo Siri, y solo para algunos idiomas, puede tener una voz masculina. ¿Qué implicaciones culturales tiene que las inteligencias artificiales programadas para servir como asistentes den la impresión de ser mujeres?

Una inteligencia artificial no tiene género y sin embargo se lo damos partiendo de características tales como el nombre y la voz. Luego de asignarle un género e identificar su rol, el estereotipo comienza a hacer lo suyo en el imaginario colectivo. Las asistentes virtuales dan la ilusión de ser mujeres o simulacros de ellas y, como tales, nos ayudan, aconsejan y consuelan en tareas personales, del trabajo o de la casa. Entonces viene aquí la pregunta: ¿tienen las asistentes virtuales voces femeninas (y por ende el mismo género) por cierto sexismo benevolente sobre el papel secretarial / asistencial de la mujer? Microsoft, Amazon, Apple y Google declaran que sus asistentes tiene voces de mujer no por una cuestión machista (es más ¡Alexa es feminista!) sino para responder a los deseos de los consumidores: la voz femenina es más clara, melódica y se percibe menos autoritaria que la masculina. Pero en los estudios de los que echan mano no hay nada concluyente: unos revelan sí que los consumidores prefieren voces femeninas porque las encuentran más cálidas y asistenciales; pero en otros se demuestra que las voces masculinas se prefieren para temas “serios”, como aprender sobre computadoras, y se opta por voces femeninas para consejos sobre el amor. No hay nada concluyente.  

Pero habría no solo que cuestionar los datos arrojados por estos estudios (¿qué hay de la parcialidad de los encuestados?, ¿es una muestra representativa?) que se pueden acomodar para una lectura en particular, sino la respuesta, cautelosa y obediente respuesta de las compañías tecnológicas a los supuestos deseos de los consumidores. ¿Quieren que una mujer los asista? ¡Adelante!

¿Por qué es conveniente retar algunos deseos de los consumidores y dejar otros intactos?, ¿por qué en este caso no se elige dar al consumidor algo inesperado que reoriente su deseo a ser atendido por una voz femenina y asistencial? En el documental SlingShot, Dean Kamen cita a Walter Salles cuando dice que “la verdad es transitoria y no hay lugar donde sea más transitoria que en la tecnología”, ¿entonces por qué el rol de las asistentes femeninas sigue considerándose una verdad? Volvemos al punto cero.

El hecho de que las asistentes virtuales se prefieran con voces femeninas revela la problemática enraizada y compleja en torno al tema de género y cómo la tecnología no ha logrado escapar a las normas culturales que estereotipan a las mujeres.

Otra cosa interesante es que si bien las inteligencias artificiales programadas para ser asistentes tienen nombre de mujer, curiosamente, una de las I.A programadas para competir y medir su capacidad con los humanos tiene nombre masculino: Watson. ¿Las inteligencias artificiales son pensadas para desempeñar roles asistenciales o competitivos dependiendo de su género? De esto solo Google se salva: tanto Google Works como Alpha Go, inteligencias artificiales programadas para ser asistente y competidor, respectivamente, parecen no tener género.

Es irónico que el campo tecnológico, la arena disruptiva  y de avanzada por excelencia, esté imaginando un futuro tan estrecho en cuestiones de género. Necesitamos reprogramarnos para entender el género como una cosa fluida e independiente de la función, la voz y el nombre. Una buena manera de empezar es dejar de perpetuar estereotipos.