artículo no publicado

Robots que cuidan, ¿robots que engañan?

Los care robots serán una herramienta de gran ayuda pero no pueden ser el sustituto antropomórfico que hace las cosas por nosotros.

El mundo tiene cada vez más adultos mayores. México, particularmente, es uno de los países en los que se ha incrementado la población de adultos y adultos mayores. Tradicionalmente, los adultos mayores y los enfermos que requieren asistencia constante o permanente eran cuidados por sus familias extendidas dentro del hogar. Las tendencias actuales de empleo (personal con movilidad global, largas jornadas de trabajo, etcétera) hace lo anterior cada vez más difícil y en ocasiones imposible. En segmentos poblacionales con salarios bajos y jornadas largas es complicado costear cuidadores privados. Situaciones similares ocurren en cuanto al cuidado de bebés y niños.

La tecnología robótica ofrece posibles soluciones a estos problemas. Desde un punto de vista utópico, una casa inteligente permitirá que los adultos mayores permanezcan por más tiempo en un ambiente conocido, pues podrán ser monitoreados y asistidos por la propia casa. Un adulto mayor podría incluso convivir con un robot empático que pueda responder a emociones humanas y entablar conversaciones. De ese modo, quien esté bajo su cuidado no se sentirá aislado ni olvidado. Incluso se especula que para algunos pacientes que sufran de enfermedades mentales, la interacción con robots será mejor que la interacción con humanos. Las robo-niñeras se asegurarían de mantener vigilancia y cuidados constantes.

Surgen entonces preguntas como: ¿Sería ético, ya no digamos legal, pretender que un robot tiene emociones para que pueda interactuar con gente vulnerable?, ¿son los robo-cuidadores la sustitución moderna de poner a las personas frente a la televisión porque no tenemos tiempo para atenderlas?, ¿qué efectos a largo plazo podría tener la interacción con robots en el desarrollo de una persona?

Se ha advertido sobre los riesgos de que las personas que están bajo el cuidado de estos robo-cuidadores crean que estos tienen emociones reales y creen lazos afectivos con ellos. El robot, al no ser un ente consciente no estaría al tanto del engaño y no tendría cuestionamientos morales al respecto, pero la cuestión de la falsedad de las emociones parte de considerar que las emociones no son verdaderas porque son generadas artificialmente. ¿Se debería entonces diseñar un robot que no finja emociones y que por tanto "no mienta”? ¿Importa la distinción entre emociones supuestamente falsas y verdaderas si el usuario disfruta la comunicación con el robot? Más aún: si la única opción de compañía y/o cuidado es un robot con emociones “artificiales”, ¿sería mejor dejar al usuario sin ese cuidador?, ¿tenemos la certeza de que el cuidado brindado por un humano sería mejor solo por el hecho de que sus emociones son auténticas y naturales? ¿Acaso la comunicación humana natural no puede ser artificiosa?

Algunas de estas cuestiones tienen implicaciones legales. ¿Qué pasaría si MySpoon, un robot diseñado para alimentar a las personas que no pueden hacerlo por sí mismas o RIBA, el robot con cara de oso de peluche diseñado para auxiliar a las que tienen movilidad reducida o nula cometieran un error? Aquí surgen preguntas similares a las que existen sobre los autos sin conductor. ¿En quién recae la responsabilidad? Si por alguna omisión del robot la persona bajo su cuidado sufriera de algún percance, la responsabilidad no sería del robot que por ahora ni siquiera es imputable. ¿De quién sería entonces la responsabilidad?, ¿del fabricante?, ¿en todos los casos?

La tecnología robótica, claramente, puede significar un beneficio real para los adultos mayores, no solo para quienes están a cargo de ellos (un ejemplo de ello es el Stride management assit de Honda que puede asistir a los adultos mayores para caminar), pero debemos ser realistas y saber que el contacto humano no puede ser compensado con contacto robótico. Los care robots serán una herramienta de gran ayuda pero no pueden ser el sustituto antropomórfico que hace las cosas por nosotros.