artículo no publicado

Postales sobre el desvergonzado encanto de la pseudociencia

Solo cuando partidos políticos y funcionarios en puestos clave dejen de tenerle miedo a la ciencia podremos hacer que esta sea un “pilar de desarrollo” y no solo palabras vacías en los planes nacionales.

I.
La próxima semana, la Unidad de seminarios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), una “institución pública y autónoma consolidada a nivel nacional, comprometida con la formación integral de profesionales y ciudadanos críticos y reflexivo” permitirá que en sus instalaciones se lleve a cabo un evento “sin precedentes” que incluye ponencias de “talla internacional en biomagnetismo, recodificación, biorecodificación y MÁS”. Y aunque las conferencias no serán impartidas por académicos de la BUAP, se promocionan desde hace semanas con el nombre y logo de la universidad.   

II.
Hace unos años la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la UNAM auspició el sexto foro interinstitucional
Perspectivas de la homeopatía en la salud humana, sanidad animal y vegetal en el siglo XXI en el que se impartieron ponencias tan delirantes como el tratamiento homeopático en perros con insuficiencia renal, los avances de la investigación de cáncer en homeopatía y los suelos tratados con medicamentos homeopáticos. El doctor Antonio González Origel, en ese entonces subdirector de Vida Silvestre de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, no tuvo empacho en declarar que ese tipo de eventos eran “fundamentales para diseñar políticas que se puedan aplicar como gobierno”.  Recientemente la Gaceta UNAM publicó un artículo titulado: “La auriculoterapia reduce niveles de hipertensión e hiperglucemia. Ayuda también a bajar de peso, basado en los resultados parciales que arrojó un estudio cuya muestra era de ¡cincuenta pacientes!

III.
En su
número 27, el boletín de la UPIITA (Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas del Instituto Politécnico Nacional) festejaba la puesta en marcha de la tienda Productos Politécnico, un esfuerzo apoyado por el programa “Poliemprende”, en donde se puede encontrar “el gel de baba de caracol, productos para bajar de peso desarrollados por catedráticos y egresados del Politécnico, así como otras innovaciones que día a día surgen de nuestra casa de estudios”.

IV.
En marzo del año pasado, Jaime Maussan y Abril de Monserrat Morales presentaron ¡en el vestíbulo principal de la
Cámara de Diputados! la exposición fotográfica Agroglifos y simbolismo universal, un legado que, en palabras de la Dama del simbolismo, como se hace llamar Morales, es inefable y merece todo nuestra atención, respeto y estudio. El día de la inauguración Maussan lanzó el que quizá sea su vaticinio más acertado: “estos temas están empezando a permear en los ámbitos oficiales”. Nuestros diputados –los hacedores de las políticas públicas– le aplaudieron.

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En febrero de este año la American Association for the Advancement of Science (muy a tono con declaratorias previas de la OCDE y la UNESCO) firmó un manifiesto de veinte puntos sobre ética, ciencia y políticas públicas, proponiendo un enfoque interdisciplinario entre sociedad civil, científicos y políticos para tomar decisiones basadas en evidencia. Es cierto que México tiene un largo trecho que recorrer antes de considerar seriamente una interacción de esa índole (los científicos deben dejar de darnos miedo y debe haber presupuesto para financiarlos) pero solo cuando partidos políticos y funcionarios en puestos clave dejen de tenerle miedo a la ciencia podremos hacer que, ahora sí, esta sea un “pilar de desarrollo” y no solo palabras hueras en todos nuestros planes nacionales.