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Los robots en el oficio más antiguo del mundo

Los fabricantes de robots y muñecos sexuales le ofrecen a sus clientes la posibilidad de cumplir cualquier fantasía, sin reparar en el objeto que usen para tal fin. Pero esa práctica podría servir para justificar y perpetuar la violencia sexual.

Recientemente se abrió el primer prostíbulo con sex dolls de silicón en Barcelona. El lugar, llamado Lumi Dolls, se promueve como la primera agencia de sex dolls de Europa y ofrece a sus clientes la posibilidad de liberarse y cumplir cualquier fantasía, sin más límites que los propios. Por el momento cuentan con cuatro modelos (un par de estilo europeo, una asiática y hasta un personaje de anime) y los precios van desde los 80 euros por media hora hasta tarifas especiales por otros servicios, entre los que se incluye la posibilidad de disfrutar a tu Lumi Doll en casa. Otras de las cualidades en las que se pone el acento son sus facciones supuestamente realistas y la superficie de sus cuerpos, “totalmente natural al tacto”. De acuerdo con la agencia, en ocasiones es difícil distinguir a las muñecas de una mujer real. Si el entusiasmo por una Lumi Doll es mucho, también se pueden comprar. El catálogo cuenta con diez modelos y los precios van de 1,900 a 2,450 euros. Las medidas de la muñeca pueden ser muy voluminosas o mínimas (una tiene la cintura de 40 centímetros).

Es cierto que las muñecas sexuales y sus formas imposibles no son nuevas. Versiones primitivas, con cuerpos incompletos hechos de tela, existen desde el siglo XVII. Las muñecas inflables, hechas de vinil, con gestos congelados y nula movilidad natural, existen en el mercado desde la década de los 70 y su permanencia probablemente se debe a su bajo precio. En la década de los 90 comenzó la fabricación de muñecas sexuales de silicón, mismas que ofrecían mayor precisión anatómica. Todas tienen en común ser objetos sexuales silentes. La diferencia es que, conforme los modelos han sido modificados, prometen mayor realismo.

Se dice que el burdel de muñecas de silicón es el inicio de una tendencia que en el futuro cercano incluirá el uso de muñecas robóticas. El tema se torna cada día más serio: de hecho, este año se llevará a cabo el tercer congreso internacional de Amor y sexo con robots. Pero el coito con robots ya es una realidad: las Real Dolls son muñecas cuya superficie es de silicón. A diferencia de lo que ocurre con las Lumi Dolls, se les puede regular la temperatura para simular la calidez de un cuerpo humano, y tienen sensores para reaccionar al tacto; son completamente personalizables y puede tener rostros intercambiables. Existen usuarios obsesionados con ellas, como @DaveCat, quien ve a su Real Doll como esposa y hasta cuenta de Twitter le abrió. De esta marca existen modelos masculinos que, por cierto, representan únicamente el 10% total de ventas de la compañía. Harmony, el modelo más innovador de Real Doll que está próximo a salir a la venta, puede hablar y viene con una app que permite configurar su pulso y personalidad. Promete conectarse emocionalmente con el usuario y hasta enamorarse de él. Por estas razones, la compañía dice que no las promueve únicamente como muñecas sexuales, sino como compañeras.

Se piensa que la sustitución de humanas con mujeres de silicón o robóticas podría terminar con la objetivización de las humanas al reemplazarlas literalmente con un objeto. También se ha considerado que podría terminar con la prostitución humana, modificar el turismo sexual y eliminar el estigma social que implica pagar por sexo. Sin embargo, esta objetivización se mantendría en la figura de la mujer, aunque sea un robot, como en Westworld, o esté hecha de silicón. Al final, podrán decir, no se trata de una mujer real, entonces no hay daño. Pero sí puede haberlo. Como lo menciona Beatriz Gimeno, el fenómeno de la prostitución, en cualquiera de sus ángulos, tiene consecuencias en las relaciones de género, pues refuerza la desigualdad y el sexismo.

Podría ser que los burdeles con muñecas de silicón y robóticas no solo no solucionen nada, sino que reafirmen patrones que incitan a la violencia en contra de la mujer. Cuando Australia prohibió la comercialización de infantes sexuales de silicón, se argumentó que no existía evidencia para demostrar que su venta evitaba el abuso sexual a menores y que, por el contrario, normalizaba comportamientos considerados delictivos. Según su creador, el autodenominado artista Shin Takagi, esos muñecos, fabricados en Japón, permiten a las personas cumplir sus deseos en forma “ética y legal”.

La industria de muñecos sexuales le dice a sus clientes que pueden cumplir cualquier fantasía sin reparar en el objeto que estén usando. Este objeto, en la abrumadora mayoría de los casos, representa a una mujer. Así que la existencia de robots parlantes con personalidad de diseño, cuerpos cálidos y sensores de respuesta al tacto, si bien implica avances tecnológicos, paradójicamente justifica y perpetúa la violencia sexual en contra de la figura femenina.