Viaje al santuario de la emotividad

Junio 16, 2008 | Tags:

Hace un par de días me vi en la penosa circunstancia de aceptar acompañar a una amiga a Colmena, “celebración musical para todas las edades” cuyo cartel coronaba Sigur Rós –una banda islandesa de rock experimental. No me gustan los espectáculos multitudinarios, menos al aire libre y menos si debes desplazarte más allá del Periférico para disfrutarlos. De hecho, aunque había escuchado Sigur Rós, cuando llegó la hora de adelgazar mi disco duro borré su música sin culpa. La congruencia será digna, pero el deseo siempre es más persuasivo.

El lugar, informaban los organizadores en su página electrónica , era un “recinto sagrado” así que no habría venta de bebidas alcohólicas ni de cigarros. Pocos se enteraron de que el dichoso terreno pertenecía a la Iglesia y era donde los lugareños jugaban futbol. En la entrada las cosas tenían un tinte de extrañeza. Nos cruzamos con al menos dos elementos de seguridad portando, por qué no, machetes; y la gente se apiñaba en las tienditas para alcanzar, afuera, el grado de alcoholización que esperaban los mantuviera a tono el resto de la tarde. Una vez adentro o, mejor dicho, abajo en el terreno, regresaba la sensación de familiaridad pues el ambiente era una mezcla de Chapultepec dominical y la quermés de nuestra infancia: por un lado, la cascarita presente en toda reunión multitudinaria, lanzadores de frisbees y pequeñas tribus resguardando los enseres de su picnic; del otro, expendios de comida en los cuales para adquirir sus productos era necesario cambiar antes tu dinero por boletitos. No fueron pocos quienes preguntaron por el registro civil.

Cuando todavía no caía por completo la noche apareció por fin Sigur Rós. El área generosa que ocupaba cada cuerpo se vio reducida a menos de la mitad cuando la gente se movilizó para estar lo más cerca posible del grupo. Según consigna Reforma abrieron con “Svefn-g-englar”, “Glósoli” y “Vaka”. Durante esta última, de pronto, Orri, el baterista se arrancó lo que parecía una suerte de audífono o apuntador y salió apresurado del escenario. Llegó el momento en que los demás integrantes de la banda comprendieron la situación y, consecuentemente, interrumpieron el concierto. Uno de los organizadores tomó entonces el micrófono para explicar el contratiempo médico de Orri y pedir que mandáramos buenas intenciones “porque este es un lugar sagrado donde las intenciones se vuelven realidad”. Incrédulo, al principio consideré el incidente una parte más del espectáculo: qué mejor manera de manifestar la magia del lugar que con una sesión sanatoria colectiva.

Desconozco si es algo común en otros países, pero en México no sorprendió a nadie que se voceara a la doctora, una tal Stephy, para que se acercara al “house˝, como llamaban a la carpa donde los músicos descansaban. Para cancelar cualquier conato de violencia o rechifla, la banda de metales que acompañaba al grupo interpretó algunas canciones típicas de Islandia. Yo juraba que eran el equivalente de nuestra Banda El Recodo y quizá no me equivoque, pues seguro allá tanta calma hecha música expresa la sensibilidad popular. Al terminárseles su repertorio, con cierto candor anunciaron que seguramente no conoceríamos la última canción; aun así, dijeron, esperaban que nos agradara. Era el himno nacional islandés. Y el público, en una muestra de empatía patriótica, dejó escuchar sus vítores y aplausos. Uno es capaz de entender las diferencias entre nuestros pueblos cuando contrasta el fragor y la estridencia del nuestro con la tersura y rumor del suyo.

Una vez agotados los recursos del folklore, Sigur Rós apareció de nuevo para tocar dos rolas sin el baterista. Y fue entonces, en el segundo acto, cuando me sentí timado, como cuando advertimos que una mujer demasiado consciente de sus poderes de seducción quiere hacernos caer bajo su influjo. Porque si algo distingue a Sigur Rós es una suerte de emotivismo, un querer hacerte sentir que, a fuerza de ser tan evidente, se vuelve efectista. Llega un momento en que tanto sentimiento se vuelve artificioso: el falsete continuo, el exceso de reverb, los acordes sostenidos del piano y el órgano, la preponderancia (según mi oído poco entrenado) de tonalidades ambiguas o las notas del bajo que duraban todo un compás (quizá nunca en la historia del rock otro bajista ha pulsado impunemente tan pocas veces las cuerdas de su instrumento). Uno de los asistentes habló de su fascinación así: “Es que me encanta la manera extravagante en que mezclan la tristeza con la felicidad˝. ¿Pero cantar en un lenguaje propio (“hopelandish”) es en verdad extravagante, o es algo geek, más cercano a los trekkies que hablan klingon o a quienes les entusiasma la idea de aprender élfico gracias a El señor de los anillos?

En este mismo sitio Dominguez Michael comentó el diktat del ruido en la música instaurado por la Revolución Francesa. ¿Qué podemos decir del continuo adelgazamiento del rock, el dictado del sosiego? Con Sigur Rós asistimos a la creación de atmósferas en perjuicio de la creación de mundos. Por eso alguien se refirió atinadamente a su música como ambient-emo, y otro, para explicar la asistencia de seis mil personas, remató: “A los mexicanos nos encanta el azote, por eso hay tantos seguidores de Placebo y Radiohead”. No pretendo sumarme a ese deporte que consiste en interpretar el alma nacional; sólo apunto que algo ha cambiado cuando en un concierto en vez de gritar, los fans canturrean. Entre tanta melancolía programática celebré que cerraran con “Gobbledigook”, primer y animado sencillo de su último disco. Con uno de los trombonistas en el lugar del malhadado Orri, el concierto terminó con más de diez músicos sobre el escenario, la mitad de ellos dando de tamborazos. Dulce estrépito para mis oídos...

–J.E.G. Baranda

Si te gustó, quizás te guste
Comentar ›

Comentarios (7)

Mostrando 7 comentarios.

Difiero en muchas cosas de tu texto.
Por ejemplo, citar declaraciones que sólo muestren el matíz de lo asotado en la música de los islandeses, así como en el gusto por esa música. Sin embargo, tu trabajo no es periodístico y el equivoco debate acerca de la objetividad (constante en discuciones sin resolución alguna)no tendría cabida.
Por otro lado, cuestiono sin duda el valor que le das a la interpretación de un instrumento pues, si la calidad musical es directamente proporcional al número de notas que interpretas en un compás, los únicos géneros que valdría la pena escuchar serían el merengue y el funk, donde los bajistas demuestran tremenda movilidad en y versatilidad en sus artificios.
El ver a gente cantando en un idioma el cual probablemente no tenga una traducción correcta al nuestro puede parecer irracional. No obstante, puedes asistir a un concierto de pop y observarás hordas entonar canciones en su mismo idioma sin saber la letra siquiera. Ambas manifestaciones del acuerdo entre público y artista son indudablemente válidas o totalmente reprochables, según el arista elegido.
Creo que hubiera sido oportuno también el capturar la escencia de los fans que asistieron, sin embargo esa nunca fue tu intención.
Saludos (pero no admiraciones)

excelente cronica sobre musica contemporanea/experiencia de concierto. concreto e incisivo. a lo mejor la proxima cronica baranda podria ir a un evento de mas calibre y darnos su opinion?

Yo no estoy de acuerdo con tu comentario Doug, si en realidad son espantosos, si lo fueran preguntate esto: ¿porqué tienen tantos seguidores en paises con un bagaje musical tan impresionante como Viena, Rusia, Praga, etc?.
estoy de acuerdo en que toooodas sus canciones suenan identicas, pero eso sucede cuando por desgracia solo tenemos en la memoria musica de Cafe Tacvba, Mana y Heroes del Silencio. no es burla ya que yo vivi lo mismo, cuando me aburri de las mismas cosas comence a escuchar musica de la epoca Romantica, Clasica, Neo-clasica, etc, y fue entonces cuando comence a comprender a Sigur Rós, no soy fan ni nada por el estilo, de hecho preferiria escucharlos solamente en mi ipod que en vivo. pero no considero correcto tu comentario, si es espantoso, pues guardalo para ti, pero no lo publiques, no agredas a la gente que realmente valida a Sigur Rós como una de las mejores bandas del mundo en la actualidad.

La admiración y pasión, o la indiferencia y desprecio por sigur ros es una cuestión de gusto personal. Lo que me sorprende es que no comenten la deplorable organización de dos-abejas. Fue una burla, una humillación para las personas que pagaron servicios que no
fueron cumplidos. Pusieron en peligro a un montón de gente a la hora de la salida. La gente se abalanzaba a los camiones, y entre el tumulto y la confusión, miles de personas se echaron a caminar durante dos horas motaña abajo para encontrar cómo regresar.

Y lo más indignante es que en nuestro país puedan hacernos este tipo de cosas. Lo que deberían de hacer las autoridades es vetar a la gente de 2abejas y nunca volver a dejarles hacer un concierto, ponen en riesgo a muchas personas que confiaron en ellos, es gente peligrosa porque es estúpida.

Paulina

sobre las clasificaiones de generos, no tienes idea...

realmente no sabes escuchar esta musica wey...

para eso anda a ver a panda jkajkajkajka

yo escuché los dos primeros discos de sigur ros (o comoqueria que se escriba) y todas las canciones sonaban exactamente igual

vamos que no tiene nada que ver el hecho de ser mexicanos o rusos, sigur ros es simplemente espantoso

salud,

D

Buen texto, aunque difiera en algunas críticas de la música de Sigur Ros. Creo que ciertamente, tienes razón y se nota cierto desánimo en que no se pudo terminar el concierto, con la banda completa. Sin embargo, decir que atinadamente ambient-emo, creo que es más otra clasificación. No estoy muy seguro que sea emo. Y sobre lo que el otro dijo, que muy bien no te sumaste, de que al mexicano le guste el azote, y por eso Placebo y Rh tienen muchos seguidores, no lo creo. Yo creo que tiene muchos seguidores en méxico y en el resto del mundo, y es porque tienen calidad. Y porque Radiohead es una gran banda, una de las más grandes de los últimos tiempos.
Sigur Ros, es otra gran banda que en su s virtudes se encuentran el transmitir,como muy pocos, el sentimiento, y su música es un anzuelo muy atinado, para crear en el escucha un vínculo de acuerdo.
Es seguro que Sigur ros no te guste, y creo que hay cierta objetividad en tu escrio, lo cual celebro, al igual el punto personal que emites.
Me tomo la libertad de darte mi punto de vista y decir que Sigur Ros es una gran banda, una de las más grandes del mundo, y que desde la antesala de lo independiente, logra manifestar de manera impresionante, la piedra angular de la música, que es el de provocar.
Yo creo que el lenguaje en el sentido de su idioma, no es algo geek, yo creo que en el sentido de la música es en donde convive su calidad. Te puedo decir que la primera vez que escuché Sigur ros, no fue su idioma lo que me enganchó, sino la música tan penetrante que tenía(la primera canción que escuché fue Ny Batery).Y el caso de la popularidad de Sigur ros no se limita al hecho geek que puede encerrar, porque sí creo que haya fans que siga a sigur ros por el idioma, sino a la calidad, a la alta calidad de su música.
Bueno me despido, con un saludo, y una aclaración, no soy fan de sigur ros, pero sí es una de las bandas que escucho.
Un saludo.

Enviar un comentario nuevo

Comentar

Si ya eres usuario registrado o crea tu cuenta ahora
To prevent automated spam submissions leave this field empty.
Términos y condiciones de participación