Norcorea: un viaje imborrable

Victor Chá

The imposible state. North Korea, past and future

Harper Collins Publishers, New York, 2013. 535 págs.

 

Leer el más reciente libro de Victor Chá es sumergirnos, a través de la experiencia personal del autor, en las entrañas del opresivo régimen norcoreano. Es recorrer la irreal escenografía de Pyongyang, sus espacios urbanos –con hoteles faraónicos y deshabitados y un transporte casi ausente– y la opresiva uniformidad de sus habitantes. Pero, sobre todo, es palpar sus terribles secuelas –mutilación de la autonomía y sembrado de lealtad– tanto en quienes permanecen en el país como en aquellos que escapan, procurando una mejor vida o, simplemente, buscando escapar del hambre y el castigo bajo el solitario totalitarismo norcoreano, el único de su tipo aún vigente en el mundo.[i]

Por varias razones, la experiencia norcoreana es –o debería ser– un tema relevante para un público informado. Para el interesado en asuntos militares, porque el aparato militar de Pyongyang posee la capacidad de afectar –con armas de exterminio masivo– el balance estratégico y la seguridad internacional en una zona clave del planeta, donde confluyen los intereses geopolíticos de diversas potencias: China, Estados Unidos, Japón y Rusia. Además, al ser un ejemplo arquetípico del peor tipo de régimen político del siglo XX (el totalitario, en su variante estalinista) nos recuerda que las aún precarias democracias en que vive buena parte del mundo tienen, en frente, alternativas invivibles de organización política. Formas perversas sobre las que vuelven, de vez en vez, la mirada seducida de algunos “radicales” y desencantados de los déficits políticos de nuestras sociedades y de las recurrentes muestras de arrogancia e imperialismo de gobiernos occidentales. Por lo que conocer esta realidad adquiere la connotación de un asunto de información y debate público relevante y de aconsejable profilaxis política en los tiempos que corren.

El libro de Chá genera sentimientos encontrados: angustia, curiosidad, desesperanza, morbo por comprender límites de sobrevivencia humana, odio al despotismo. Mientras recorremos sus páginas no es difícil sentir, a ratos, un profundo agradecimiento hacia las sociedades donde vivimos, aquellas que maldecimos cada mañana y que a menudo nos parecen insufribles: al leerlo recordamos como, en nombre de utopías, se han construido, desde pasado siglo,  las peores formas de dominación y convivencia (in)humanas. La obra es relevante no solo por su estructura temática bien pensada, dotada de abundantes datos y fuentes, sino porque elude los lugares comunes del anticomunismo vulgar (que señala los problemas del estalinismo norcoreano ocultando o justificando las graves violaciones de Derechos Humanos cometidas por el régimen de Seúl durante las décadas previas a su democratización) o de cierto pensamiento liberal ingenuo (que interpreta la aparición de celulares en Pyongyang como síntoma de “normalización” del rígido orden vigente). Además el autor es un experto de altísimo nivel y, algo importante, sus orígenes y conocimiento de la cultura regional le previenen de ciertos sesgos propios de los occidentales.

Comenzamos el recorrido por la historia de la implementación del modelo norcoreano, en un viaje que incluye los trasfondos de la Guerra de Corea, la etapa industrializadora y el nacimiento de la Idea Juche –suerte de religión que mezcla chovinismo, adoración al líder y estalinismo– así como los rejuegos pragmáticos de Kim Il Sung, fundador de la dinastía,  con sus aliados geopolíticos (URSS y China) en procura del afianzamiento de su poder personal. Más adelante, Chá introduce al lector en la evolución de la familia real norcoreana, a través de la reconstrucción de las prácticas de culto a la personalidad –convertida en política de estado–, en la manipulación de la historia y en los rasgos de los tres dictadores (Kim Il Sung, Kim Song Il y Kim Jong Un), que parecerían señalar una calidad decreciente del liderazgo norcoreano.

Seguidamente el analista presenta lo que considera cinco malas decisiones que han comprometido el desarrollo y bienestar del pueblo norcoreano. El énfasis, excesivo y temprano, puesto en la industria pesada –en detrimento de la producción de bienes de consumo–, la extrema ideologización de la gestión económica, el irresponsable crecimiento durante los años 70, la caprichosa competencia con Séul por la celebración de los Juegos Olímpicos de 1988 –que gastó enormes recursos en actos e instalaciones inútiles– y la dependencia de la URSS. El libro expone cómo, en la actualidad, el régimen busca compensar sus desastres económicos acudiendo a actividades ilegales (tráfico drogas, moneda falsa y armas) que lo convierten en una suerte de estado delincuente.

En su diagnóstico sobre lo que considera –siguiendo la pauta de Fredoom House– el peor lugar del mundo, el autor ofrece un estremecedor cuadro de los campos de prisioneros (donde sobreviven hoy 250,000 presos sobre los cadáveres de 1 millón de compatriotas) y de la criminal repatriación –con complicidad china– y posterior castigo de quienes huyen. También de las hambrunas –que segaron la vida de cientos de miles de personas tan solo en la segunda mitad de los años 90– derivadas de erráticas políticas y agravadas por desastres naturales, así como del decisivo rol de la ayuda internacional y los intentos gubernamentales de controlarla.

Al abordar la situación militar en la península, Chá presenta –con una experticia que suele extrañarse en otros textos de similar factura– una exhaustiva valoración de los arsenales, órdenes de batalla y estrategias de las partes: las Fuerzas Armadas de las dos Coreas y el contingente estadounidense estacionado al sur del paralelo 38. Lo que permite calificar a la península –y, en particular, a la zona fronteriza entre las dos Coreas y sus cercanías– como el territorio más militarizado del planeta. Cabe destacar al respecto que el ejército norcoreano posee dos tercios de sus mejores unidades –dentro de un total de un millón de efectivos– dislocadas en las cercanías de la zona desmilitarizada; lo cual le permite realizar una ofensiva en masa, apoyado por una lluvia de fuego artillero sobre Seúl –calculada en miles de proyectiles por minuto– capaces de causar enorme devastación –incluida la muerte de decenas miles de civiles– antes de que la superioridad aérea y tecnológica de Estados Unidos y Sudcorea pueda neutralizar esa amenaza.

El lector encontrará, además, un abordaje preciso del programa de las armas de exterminio masivo y de las acciones terroristas desarrolladas por Norcorea. Desarrollados a partir de los años setenta con tecnología soviética –los veteranos y famosos misiles Scud–, los norcoreanos han sido capaces de desarrollar, con ingenio propio, una gama de misiles de alcance medio, intermedio y, más recientemente, estratégico (Nodong, Taepodong) capaces de golpear los territorios japoneses, islas como Guam o Hawái y, presumiblemente, la costa este de los Estados Unidos. Misiles que se han convertido, además, en producto exportable a naciones amigas –Irán, Siria– y a los que habría que sumar la existencia de armas químicas y bacteriológicas –calculadas en miles de toneladas de agentes letales– y, lo más importante, de varias ojivas que le proveen una capacidad limitada de ataque nuclear.[ii]

Todo un capítulo del libro está dedicado a explorar la relación de Norcorea con sus vecinos. China es calificada como un aliado vital para la supervivencia económica y política del régimen, aliado que busca manejar y tolerar a su vecino incómodo por la importancia concedida a la estabilidad fronteriza y el equilibrio regional de poderes. También se diseccionan los nexos de Norcorea con Rusia –disminuidos desde los tiempos finales de la URSS–, los legados de la vieja rivalidad coreano-japonesa así como las relaciones con Sudcorea, con especial atención a la problemática de la unificación y las políticas diseñadas por las partes para abordarla.

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Comentarios (2)

Mostrando 2 comentarios.

Interesante, sobre todo las referencias a la locura convertida en razón de estado....daría para más este tema ...

Muy interesante reseña sobre un país poco conocido en sus misterios y la brutalidad de su régimen, en efecto y cómo dice el Lic. Chaguaseda, pese a todos nuestros problemas sería inimaginable que los mexicanos pudiésemos vivir así....y todavía recuerdo a algunos políticos (creo del PT) dando pésames por la muerte de Kim II....

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