Genios musicales

Enero 16, 2013 | Tags:

 

Deliciosa y muy instructiva ha sido para mí la lectura de El poseedor y el poseído. Handel, Mozart, Beethoven y el concepto de genio musical (La balsa de medusa, Madrid, 2011), de Peter Kivy, un filósofo de la música poco conocido en nuestra lengua. Su asunto es dirimir, tras hacer una disertación magistral sobre Platón y Longino, qué entendemos en Occidente desde hace tres siglos por ser un genio. Asume Kivy que, con la excepción de Leonardo y de Einstein (aunque el reconocimiento del genio científico se remonta apenas al siglo XIX), la humanidad reconoce en el  compositor al genio absoluto. Ésto tiene su historia y a narrarla se dedica Kivy, poniendo cuidado en recalcar que hacer historia de las ideas implica escepticismo, pero no relativismo: medimos el genio de Mozart o Beethoven gracias a valores comunes compartidos desde 1750 con el resto de quienes han amado esa música. Nuestra época, solamente, acumula más experiencia en la apreciación que aquella pero no disfrutamos de ninguna superioridad en el ejercicio del sentimiento.

Dice Kivy que hay dos formas principales de definir lo que es un genio. Una, la de Platón, otra la de Longino (el autor griego de Sobre lo sublime que vivió antes del siglo primero y del que casi nada sabemos). La platónica supone que el genio “ataca” desde afuera; es una posesión similar a una enfermedad contagiosa que a veces se apodera de un artista en una época de su vida, como es el caso de la infancia de Mozart o sólo durante una temporada, como aquellos treinta días en que Handel escribió el Mesias en 1741. Por el contrario, para la definición longiniana, genio es aquel quien posee activamente las reglas de la creación, o si se quiere, las tablas de la ley de su arte. Este genio natural, el de Longino, es el del poseedor de lo divino mientras el de Platón (alimentado por Sócrates), es el del poseído. Kivy sostiene la tesis de un péndulo entre una y otra concepción desde que ese exaltó a Handel como el primero de los niños prodigios hasta el divinizado Beethoven, pasando por Mozart, quien habría sido juzgado primero de una manera y luego de la otra, como niño y luego en tanto que adulto.

Empieza Kivy su análisis estudiando la primera biografía de Handel, la de Mainwaring (1760), una de las primeras biografías modernas, además, que se escribieron sobre músico alguno. Antes del siglo XVI, los compositores eran artesanos, puede que muy calificados pero artesanos al fin, cuya laboriosa existencia no se consideraba meritoria de una biografía. Handel (1685–1759) fue el primer niño prodigo pero fue admirado como tal de una manera distinta a la suscitada por Mozart entre los románticos. Para el platónico Mainwaring, que el genio haya descendido sobre el niño Handel sólo prueba la fuerza de la elección divina, la cual expresaba su voluntad soberanísima de manifestarse inclusive en algo tan rústico y lamentable como un niño. De hecho, los testimonios de primera mano de la infancia prodigiosa de Mozart nada tienen de tiernos: se dejaba testimonio de la insólita actividad de un monstruo de feria, un improbable y hasta aterrador “hombrecito”.

A partir de Schopenhauer, en cambio, se supondrá que la inocencia del niño, su hipersensibilidad, su libertad lúdica, son un caldo de cultivo ideal para la genialidad: digamos que Handel fue un genio pese a ser un niño y Mozart porque era un niño fue un genio. Niño, genio y loco se vuelven conceptos y categorías familiares entre sí. Hegel agregará después que de todas las artes sólo la música puede dominarse sin el concurso de la experiencia vital y ello explica la relativa abundancia, en ella, de niños prodigios. Pero entre Goethe (su primer gran apologista) y Milos Forman (el director de ese Amadeus tan irritante para las personas serias, entre las que no me cuento), Mozart cambia y acaba por ser, megaplatónicamente, un idiota del todo ajeno a su genio, algo que lo posee de manera inmerecida e injusta, como lo lamentará, en esa ficción, Salieri. Ello, agrega maliciosamente, Kivy, es muy posmoderno: tal pareciera que a Duchamp y a Cage tampoco los habita genio alguno.

La evaluación del genio mozartiano se debió en buena medida, afirma Kivy, al cambio impuesto por Kant en la filosofía estética. Seguidor de Longino, el autor de la Crítica del juicio, agregó a la teoría del genio natural un elemento esencial:  creador de las reglas, sólo él las puede violar. Talento lo tiene quien aplica esmeradamente las reglas, genio sólo quien las modifica, las somete. Hemos llegado a Beethoven y al romanticismo: nada más longiniano que su genio, dice Kivy en El poseedor y el poseído.

Beethoven es el supremo infractor, aquel “oso sin lamer” que vivía en cutrichiles y cuyo genio se manifestaba, no en balde acompañado por el disturbio universal de la Revolución Francesa y por  el modelo de Napoleón, mediante la insolencia ante los poderosos y el cultivo de su indiferencia ante el mundo, al grado de que en él, la sordera se vuelve metáfora de sus poderes, mismos que para los románticos necesitaban, como el rayo, del espacio natural para manifestarse. Por ello, los también geniales Bach y Haydn no suelen preocuparle a los geniólogos. Fueron workaholics, rutinarios manufacturadores de maravillas, obsesivos compulsivos. Si el genio no es un sobrepeso, dice Kivy, es una deconstrucción: toda teoría del genio se anula si decidimos que sólo es el resultado de una adicción al trabajo.

Tras demoler a los sociólogos groseros que han llegado a decir que un genio como el de Beethoven se construyó políticamente,  Peter Kivy, en El poseedor y el poseído, sienta las bases de una teoría racional del genio originada en el reconocimiento de la sensatez de Platón al haberse negado a indicar con certeza el procedimiento para hacer verdadera poesía: “El genio es, en efecto, un misterio.” Quizá sea el misterio que los incluye a todos los demás, concluyo

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"Dice Kivy que hay dos formas principales de definir lo que es un genio. Una, la de Platón, otra la de Longino"

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Comentarios (7)

Mostrando 7 comentarios.

Me parece muy interesante,este tema de la musica con los grandes creadores de lo que es realmente la musica y si bien es cierto que en este siglo XXI,se ha perdido ese sentimiento puro y ahora cualquiera se llama musico y escribe canciones que pasan a la historia e semanas sin que nadie mas las recuerde.

El "genio" es sin duda un misterio; sin embargo, todos podemos aventurarnos a ser detectives.

Me parece muy interesante el contraste de dos teorías. Lo que postulan ambos bandos, no rompe mi lógica. En lo personal, simpatizo con Longino. Probablemente es una hipótesis algo romántica y menos realista pero si no, sería más fácil la existencia de los genios. 

Comparto la idea de que un genio somete a las reglas. Me pareció una gran definición de una palabra difícil de capturar.  

 

Son muy interesantes las ideas que Peter Kivy tiene, claro que es muy difícil hacer una comparación de tan grandes personalidades de la música. Hablar de Mozart, Beethoven o Bach implica tener conocimientos muy grandes sobre ellos y sobre el arte de la música.

También es difícil dar una definición concreta sobre que es un genio, hay tantas expresiones de genialidad como genios hay en el mundo, tomando en cuenta que seguramente hay muchos genios que no se dan a conocer. Para mi un genio es aquel que logra destacar en lo que hace, y que además no solo sigue las reglas, sino que las modifica, y claro, que esta modificación sea positiva.

Me interesa mucho leer “El poseedor y el poseído” ojala pueda dar un mejor comentario después de haberlo leído. Gracias.

No había escuchado hablar nunca de Peter Kivy; me he quedado sorprendida y muy interesada en sus ideas, a simple vista noto en él, un trabajo profundo, un conocimiento amplio de música y músicos, pues hay que estar muy bien enterado e invlucrado para poder hacer ese tipo de comparaciones entre obras, personalidades, vida, talentos y genialidades de personajes tan grandes y monstruosamente importantes en la historia del arte y la expresión musical. Es casi mágico y verdaderamente apasionante imaginar el trayecto de la vida de un genio como Mozart, Bach o Beethoven. Tuve la fortuna de ser alumna de un maestro experto en historia del arte, recuerdo puntualmente sus citas y sus descripciones, con frecuencia hablaba de los genios, de esos genios que día a día dibujaban en el piano y en el pentagrama música matemáticamente perfecta, música que además podía sonar de muchas formas, dulce, sobria, triste, nostálgica, violenta o misteriosa. En fin, las posibilidades de expresión y genialidad son infinitas y seguramente en esta publicación podemos encontrar algunas buenas e inspiradoras respuestas. Ahora que me entero de la existencia de "El poseedor y el poseído", me han dado ganas de leer, que bueno es darse cuenta de las cosas que están al alcance nuestro y podemos aprovechar. Sin duda, sacaré mucho provecho de esta lectura. Gracias!

Habría que leerlo para saber...

Genios de niño más por lograr el dominio de un instrumento musical, que por estar inspirados o poseidos para componer música y mucho menos ser concientes o conocedores de las reglas para sobrepasarlas o redefinirlas. Handel, Mozart y Beethoven compusieron obras maestras después que dejaron de ser atracciones o fenómenos infantiles.

Con respecto a Mozart en particular, creo fué más workaholic que el mismísimo Bach.

El genio de Bach y de Mozart: la marcha y la danza, la serenidad y la algarabía.

Una tesis similar se puede observar en crimen y castigo de Feodor D. En la cual Rodia expone el mismo -problema- en el cual los genios están autorizados, no por si mismos, sino por la naturaleza que los posee, a romper las reglas predispuestas por la sociedad o el nucleo de poder. En este caso los genios, al ser superiormente sobrepuestos ya sea por ellos mismos o por terceros, son capaces de realizar actos -ilegales- y hasta -extraordinarios- por el hecho en sí. Aunque la frase en el texto de arriba   "toda teoría del genio se anula si decidimos que sólo es el resultado de una adicción al trabajo" me dejó con la inquietud de tener que saber caso por caso y con mucho detalle la vida personal de aquellos a quienes consideramos genios.

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