Once escenas para vaciar butacas

Dicen por ahí (Joyce Carol Oates, para ser específicos) que “el arte debe perturbar, despertar las emociones, llevar nuestro entendimiento a lugares no previstos e incluso no deseados.” Para los que gustan de sufrir, existe un cine que se ha encargado de poner al público en los incomodísimos zapatos de sus personajes, una y otra vez. Algunas películas figurarían completas: La pianista de Michael Haneke, Rachel getting married de Jonathan Demme, o la primera mitad de Melancholia de Lars von Trier. La lista es interminable. He aquí diez momentos (más un extra) escogidos desde la memoria. Algunos dan pena ajena, otros provocan risa nerviosa, y otros tantos nos han hecho maldecir el día en que decidimos ir al cine acompañados.

 

1.

Celebrity (1998) de Woody Allen

Lecciones de sexo oral

Pedir ayuda nunca es fácil, sobre todo si se trata de temas de cama, y peor aún cuando el que pide el consejo es un personaje dentro del universo de Woody Allen: neurótico, inseguro, y nervioso hasta la médula. Después de perder a su marido y terminar en un hospital psiquiátrico, Robin (una Judy Davis que se lleva la película) conoce al hombre de sus sueños y se compromete con él. El problema: su rígida educación católica le impide disfrutar del sexo sin culpas. (“Cuando doy sexo oral pienso en la crucifixión. No lo puedo evitar.”) ¿Quién mejor para enseñarle que una prostituta? “Te digo esto porque te respeto profesionalmente,” le dice Robin a su futura maestra.

Ahora, la película es de lo peorcito de Allen: un collage de sketches –unos cómicos y otros no tanto- con muchos cabos sueltos y un guión muy flojo. No obstante, me quedo con esta escena, con la frigidez de Judy Davis, y la cámara inmóvil en el rostro de su personaje. Es el minuto y medio más largo de la película.

La conversación:

 

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La lección:

 

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2.

Happiness (1998) de Todd Solondz.

Bill le explica a su hijo por qué violó a dos niños

Es difícil escoger solo una escena cuando se trata de Todd Solondz, un cine a prueba de toda corrección política. Entre la escena inicialdel “no soy yo, eres tú”, el intento de seducciónde Bill al compañero de escuela de su hijo, o cualquier escena donde aparezca Philip Seymour Hoffman, mejor sería compartir la película entera. Pero, ¿existe algo más incómodo que decirle a tu hijo preadolescente que violaste a dos niños de su edad? Sí: decirle que te encantó. Suena siniestro, pero Todd Solondz no incomoda por incomodar. Hay un corazón detrás de ese negrísimo humor.  ¿Quién más sería capaz de hacernos sentir simpatía por un pederasta?

 

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3.

Festen (1998) de Thomas Vinterberg

El discurso de Christian

Un discurso es la oportunidad perfecta para hacer el ridículo. Imprudencias, silencios incómodos, y chistes que nadie entiende. (Pensemos en Bridget Jones-ese placer culposo- que siempre habla en los momentosmás inoportunos). Pero ya entrados en temas de pederastia, no podría faltar esta joya del paisano de Lars Von Trier. En la fiesta de cumpleaños del patriarca de una gran familia, Christian (Ulrich Thomsen), el hijo mayor, revela que su padre abusó de él y su hermana cuando eran niños. El problema no es la revelación. El problema es el estoicismo de los invitados, la frialdad de la madre (de quien luego nos enteramos, se hacía de la vista gorda), el tono sarcástico del discurso, y la inhabilidad de Christian para quedarse callado. Y eso que apenas comienza la película.

 

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4.

4 meses, 3 semanas y 2 días (2007) de Cristian Mungiu

El final

Los ochenta. Rumanía comunista. El principal escenario es un hotel viejo, gris; de esos que transpiran decadencia. No hay música de acompañamiento. Realismo a la máxima potencia. Esta escena sucede unas horas después del aborto clandestino de Gabita (Laura Vasiliu) -que tenía, como bien dice el título, casi cinco meses de embarazo. No queda mucho que decir, como en aquella escena final de Y tu mamá también, cuando Julio y Tenoch toman un café acompañado de pláticas mundanas, miradas evasivas y un lenguaje corporal que grita incomodidad. Mungiu recurre a los sonidos ambientales para enfatizar los silencios: la caída del agua, el pasar de las hojas del menú, la música de la boda al fondo. (Por si ya habíamos olvidado la imagen del feto en el piso del baño, el mesero se encarga de recordarnos con el menú de la boda.) Y cuando parece que ya no podemos sentir más incomodidad, Otilia (Anamaria Marinca) lanza una mirada a la cámara y rompe la cuarta pared. Fade out.  

 

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5.

Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb (1964) de Stanley Kubrick

Los preciados fluidos corporales

El General Ripper (Sterling Hayden) se ha vuelto loco. El pobre de Mandrake (Peter Sellers) ya se dio cuenta. Y ahí, en la intimidad de una oficina semi-destruida, con una guerra nuclear en puerta y decenas de soldados atacando su base, el lunático de Ripper decide que es el mejor momento para agarrarle la pierna a su capitán y compartir su teoría. Hilarante.

"Es difícil escoger solo una escena cuando se trata de Todd Solondz, un cine a prueba de toda corrección política".

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Comentarios (2)

Mostrando 2 comentarios.

Muy buena selección.

Estaría divertido hacer una lista de películas incómodas.

Estaria interesante que ahora un hombre del equipo del blog de cine de letras libres propusiera su lista.

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