Modesta celebración de Mario Lavista

 

Durante una época yo y Mario Lavista jugábamos billar, ese juego elegante y fino –como el baile del pingüino– que exige cerebro de astrofísico, precisión de relojero y largos brazos de chimpancé. Yo, que carezco del tercer atributo, invariablemente canté derrota ante la abundancia del de Mario. Bueno, pues siempre adelante en el rosario de las carambolas, también va invicto en el de los cumpleaños: acaba de cumplir setenta. Me alegro: en algo tenía que perder.

Ha tenido el gusto, Mario, de ufanarse de mi amistad ante personas excelentes que deseaba impresionar, como Gerhart Muench –que tocó para mí la “Barcarola” de Chopin– y, alrededor de su cálida Sandramesa, a amigos como la etérea Joy Laville, el extrañado Joaquín Gutiérrez Heras, Juan Arturo Brennan, el pianista Alberto Cruzprieto o la feliz arpista Mercedez Gómez Benet.    

En nuestras cuatro décadas de amistad, además, hemos trabajado juntos en cualquier cantidad de iniciativas. Por ejemplo, en algunos escritos míos sobre los huicholes o los tarahumaras, los saunas de lodo del Niño Fidencio o las tribulaciones de Cabeza de Vaca, que Nicolás Echevarría admiró a tal grado que los convirtió en películas, siempre con la música de Mario que, felizmente, lo mismo que la cinematografía de Nicolás, no distrae demasiado de mis textos. 

O cuando hace treinta años fundamos Pauta. Cuadernos de teoría y crítica musical –que continúa apareciendo– y yo tomé dos acertadas decisiones: poner como su director a Mario y, luego, aceptar su desesperada demanda de fungir como su jefe de redacción, cargo en el que después hicieron lo posible por estar a mi altura Juan Villoro, Luis Ignacio Helguera y, hasta la fecha, Luigi Amara.     

En el terreno de la creación musical Mario también ha colaborado conmigo. Recuerdo su asombro cuando me escuchó tocar una melodía (de mi propia inspiración) en una copa de cristal, frotando sus bordes húmedos con gran pericia, y con un dedo. Poco tiempo después ya había compuesto para mí Marsias, para oboe y ocho copas de cristal, en cuyo estreno participé gloriosamente (a pesar de las desafinaciones de Arnaldo Coen en la copa vecina).

Hace unos diez años también compuso para mí Gargantúa,

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preciosa obra para narrador (yo), orquesta sinfónica y coro infantil, inspirada en algunas escenas de la inmortal novela de François Rabelais, que estrenamos en la Sala Netzahualcoyotl con la OFUNAM, bajo la dirección de Edmond Colomer, y fui muy ovacionado y, al parecer, Mario también.  

El único reproche que le tengo a Mario es que nunca haya prestado atención a mis proyectos de composición musical. Gasté años convenciéndolo de ayudarme a realizar una idea genial: “El principio” es una obra para orquesta en un solo descarnado movimiento, muy agitato y bastante crescendo, que es un pastiche de los compases finales más estrepitosos del repertorio sinfónico –Rossinis, la 6a de Mahler, la 7a de Shostakovich, la Consagración de Stravinsky, la 2a de Sibelius, los “Cuadros” de Mussogorsky/Ravel, etc. Puros finales, uno tras otro, bien ensamblados, como en un inacabable post-coitum, hasta llegar al “Huapango”, cuyos últimos compases se repiten dos minutos seguidos hasta poner al respetable en un total estado de histeria y pidiendo a gritos un principio.   

También desdeñó escribir al alimón conmigo mi famoso concierto número uno para orquesta y carro de camotes, que ya describí alguna vez. En el intermedio, los tramoyistas meten solemnemente el carro de camotes al escenario, con su horno ya encendido y llenando la sala con su aroma a fogata. Entran el director y el virtuoso carrodecamotista metidos en sus fracs. Comienza el allegro y, sobre los listones de las cuerdas, se arranca en larguísimo portamento el formidable y lírico berrido del carro de camotes… Las cuerdas atacan con furia, las percusiones se ponen en actitud de defensa personal, los metales huyen despavoridos. Cuando se desinfla por fin el berrido, entra, obviamente, un arpa triste.

El concierto pasa a la historia de la música como "La Llorona” o “La Mexicana”, o las dos.

Lo graba Dudamel: gloria sin fin.

Lavista se lo perdió. 

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Comentarios (12)

Mostrando 12 comentarios.

Es una exelente narración y muy atrcctiva para el lector y del video que dijo un complemento mas que hermoso no le podia faltar, por cierto muy bonita melodia.

Es una muy buena narración, muy atractiva para el lector y el video una mejor complemento para un mejor analisis, por cierto la musica de video es preciosa.

Es una excelente narración así como la música de fondo ya que ase amena y une mejor comprensión de una celebración de un músico mexicano.

 

Lo que se basa en auténtica amistad... sale bien.

Esta extraordinaria entrada lo prueba.

Una gran fortuna poder escuchar las composiciones del Maestro Mario Lavista. 

Tuve la fortuna de estar en sus clases cuando estudiaba en el Conservatorio, dentro de la clase, explicaba y hacíamos el análisis de composiciones del siglo XX, los temas atonales, que son poco comprensibles para el oído de quienes estamos acostumbrados a sentir una melodía definida, eran ahora mas entendibles con las explicaciones que él daba, que eran reforzadas con datos biográficos de los autores y material audiovisual, es decir, podíamos escuchar la música y ver lo que estaba sucediendo en la partitura.

Su talento como compositor, está respaldado con diversos premios a nivel nacional e internacional, fue alumno de Carlos Chavez y fue becado para estudiar en París, ésto lo ha llevado a ser uno de los mexicanos más reconocidos en el mundo en cuanto a escritura de música contemporánea. Es de gran valor contar en la actualidad, dentro del Conservatorio Nacional de Musica, con éste excelente compositor y maestro.

Me parece que es de los pocos compositores mexicanos verdaderamente reconocidos en el país y en el extranjero.

Antonio Sánchez Cruz


Un inmejorable relato, narrado en una forma muy amena. El video que adjuntaron muy interesante y narrado de una manera excelente y la música maravillosa. Una felicitación a ambos por el gran trabajo que han hecho en conjunto.”

Un inmejorable relato, narrado en una forma muy amena. El video que adjuntaron muy interesante y narrado de una manera excelente y la música maravillosa.

Una felicitación a ambos por el gran trabajo que han hecho en conjunto.

Maravillosa narracion acerca de una celebracion de un gran Músico orgullosamente mexicano!!!

 

Una felictación para Mario Lavista, es un deleite escuchar la música de Gargantua así como la narración que la acompaña. Es una combinación impresionante.

Hola, que gran suerte, tienes de poder ser amigo y trabajar junto al Maestro Mario Lavista. No conocía esa narración, esta de ensueño, no pude evitar imaginarla en vivo;  y wow, la música impresionante!! Felicidades a Mario por su aniversario, aunque sea atrasado. y a ti muchas gracias por compartir. :D

en lo personal , me gusto mucho la musica de gargantua , pero me gusto muchisimo mas la narracion , esta tan bien explicada , que hasta un niño de 3 años la entenderia , y si tienes razon en reprochar a mario que nunca tomo en cuenta tus proyectos  , por que de verdad me gusto muchisimo tu participaion en gargantua y felicidades a mario Lavista , espero conocer mas de el para poder dar una opion mas amplia ¡¡gracias !!

Que hermosa es la música y las formas de intepretarla. Los lazos de amistad que se crean a través de ella son maravillosos. ¡Un gran escrito!

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