Comprar bibliotecas no basta

Febrero 21, 2012 | Tags:

 

Es importante la iniciativa de CONACULTA para adquirir y preservar algunas legendarias bibliotecas privadas. Las de José Luis Martínez, Antonio Castro Leal y Jaime García Terrés ya pertenecen al Estado y las de Alí Chumacero y Carlos Monsiváis se encuentran en proceso de adquisición.

Las colecciones se guardarán en una “Ciudad de los Libros”, como se llama una zona especial de la Biblioteca de México que dirige el poeta Eduardo Lizalde, y sobre la que ya escribió Enrique Krauze aquí.

El nombre, lo lamento, me parece poco afortunado: fantasea con ciudadanizar una pasión bibliográfica de la que la ciudadanía está lejos. Es lo de menos: lo importante es que el Estado se interese en adquirir esos bienes literarios y los entregue a la “inmensa minoría” del pueblo al que los libros no le merecen una radical indiferencia.

A pesar de que no parece existir todavía una política razonada de adquisiciones, se trata de un paso relevante para salir de la vieja historia de estupidez, voracidad e inconciencia que durante siglos logró que abundantes fondos biblográficos importantes de México fueran rematados por kilo, privatizados o enviados al extranjero (y hasta utilizados como combustible). Habrá quien recuerde las emigraciones de bibliotecas jesuitas, los saqueos de bibliotecas conventuales durante la guerra de Reforma, y ya en nuestros tiempos, a Vasconcelos narrando (creo que en El desastre) su infructuosa batalla con Álvaro Obregón para adquirir la biblioteca de Joaquín García Icazbalceta que, finalmente, acabó en la Universidad de Texas. (Obregón prefirió usar el dinero para comprarse un par de aviones de guerra que, previsiblemente, no tardaron en morir por la patria.)   

Desde luego, hay bibliotecas y colecciones de enorme valía que se hallan a buen resguardo en la Biblioteca Nacional, en la Academia de la Lengua, en el INAH, en la SHCP, en la SEP o en la nueva, formidable biblioteca de la Universidad de Guadalajara. Y crece cierta conciencia: no hace mucho, por ejemplo, la Fundación Cardoza y Aragón donó los fondos del gran escritor a la Biblioteca Nacional.

Ahora bien, junto a estas adquisiciones, hay otra tarea de superior valía que a mi parecer las instituciones mexicanas no han valorado. Me refiero al imperativo de crear colecciones de documentos y papeles personales de creadores e intelectuales. A diferencia de los españoles, con su formidable Residencia de Estudiantes; de los franceses con su Instituto de la Memoria Editorial Contemporánea y, desde luego, de universidades como las de Princeton o Texas, en México no hemos sido capaces de entender el valor de los archivos personales ni de institucionalizar su importancia.

Existen en México algunos fondos documentales bien preservados, claro está, pero también existe el riesgo de que los escritores, en vida, o sus herederos, sigan viendo en Estados Unidos o Europa una opción atractiva que, además de garantizar una adecuada preservación y difusión, genere un pago adecuado. Sólo a la Universidad de Princeton, por poner un ejemplo, se han ido recientemente los papeles de Ortiz de Montellano, Juan García Ponce, Elena Garro, Margo Glantz y Carlos Fuentes.

La creación de la “Ciudad de los Libros” en la Biblioteca de México tiene un presupuesto de 500 millones de pesos. Con la décima parte de eso, podría comenzar a crearse su necesario complemento: un instituto de la memoria intelectual de México (o algún título para el efecto) que atrajese la atención de los escritores y artistas –o sus herederos—al momento de decidir el destino de sus archivos. Se beneficia al dueño o a su familia en momentos difíciles, se termina con el negocio de legandarios saqueadores y asaltaviudas y, sobre todo, se enriquece nuestra cultura.  

Un libro en la biblioteca de un grande posee un valor singular, sí, pero no deja de ser relativo. Los papeles privados de los escritores y artistas, en cambio, son únicos e irrepetibles. Es hora de no resignarnos más a ser exportadores de archivos, a ser una república bananera que prescinde de una materia prima esencial para su propio entendimiento.

 

Posdata.  Después de aparecido este comentario en El Universal recibí una llamada atenta de Consuelo Sáizar, presidenta de CONACULTA, para manifestar su interés en la idea, lo que celebro. Ojalá.

Se me ocurrió también que quizás habría una forma de coordinar con la “Ciudad de los libros” otras bibliotecas de escritores que han sido adquiridas por el Estado, como las de Salvador Novo y Efraín Huerta que, adquiridas en su momento por el gobierno del Distrito Federal, fueron entregadas para su cuidado a la Casa del Poeta, I.A.P. 

 

(Publicado previamente en El Universal)

"Un libro en la biblioteca de un grande posee un valor singular, sí, pero no deja de ser relativo. Los papeles privados de los escritores y artistas, en cambio, son únicos e irrepetibles."

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Comentarios (6)

Mostrando 6 comentarios.

Las bibliotecas mexicanas que fueron obtenidas por algunas universidades de USA vía donación o compra directa; ahora, gracias a Google Books, son un sueño hecho realidad para millones de lectores mundiales. Basta una computadora con acceso al Internet para disfrutar miles de libros publicados en México hace cien o doscientos años. Hay volúmenes más antiguos, pero esos tal vez nunca van a ser escaneados debido al frágil estado en que se encuentran, algunos fueron perforados por gusanos barrenadores o deteriorados por las condiciones ambientales existentes en los sitios que sus dueños originales los tenían almacenados, pero al ser traídos aquí, fueron curados y ahora son preservados con el mayor de los cuidados.


Saludos

En Puebla tuve una experiencia interesante. Como soy editor-escritor, suelen regalarme libros cual se sea editorial, al colmo de ya tenerme que desaser algunos de ellos. Llamé a infinidad de bibliotecas para que vinieran por ellos. Me decían que los llevara, les dije es que, más o menos, es media tonelada su peso, nunca se aparecieron. Para desaserme de ellos a cuanto lugar iba me hacia que los olvidaba y los dejaba como una forma de difundir la cultura, mucho tiempo me costó: algunos los sacrifiqué.

En verdad es una apatía terrible hacia los libros parecen bombas de tiempo casi los ven y corren: son como objetos de terror.

Como especialista en la materia por ser ratonero-así me califican en mi casa-por coleccionar libros viejos,papeles dizque importantes,enciclopedias del siglo pasado y antepasado y aceptar todos los documentos, dibujos,fotografías y esbozos que alguien de mi familia o amigos quieran desechar,es una pena ver como se desechan en el país tantos documentos valiosos,amén de todos los originales de tantas obras de arte y objetos de inapreciable valor histórico.

Por ello,aplaudo esta iniciativa y también la buena recepción que le han dado funcionarios de CONACULTA. Ya es tiempo de que alguien que tenga los recursos, se ocupe de esto.Hago una sugerencia,que se certifique,de manera reiterada, que los lugares en donde vayan a depositar estos documentos,tenga toda la seguridad y vigilancia de un recinto moderno,en la que no perdamos,por falta de presupuesto o por negligencia este legado cultural.

Efectivamente, es una pena que cartapacios de escritores y artistas sean objeto de una más de las graves fugas que sufre México. Con las de cerebros, brazos, divisas, presos y petróleo parecía que teníamos cubierto todo el catálogo.

La llamada telefónica de Sáizar, que nos refiere al final del post, luce esperanzadora, maestro Sheridan. La directora de CONACULTA no me parece mujer de cortesías ni ociosidades.

Ojalá... pues considero que sólo alguien de ese perfil podría dar el primer impulso a esta iniciativa.

P.S.: Como inciativa paralela, sugiero que los documentos personales de la mayoría de los políticos mexicanos modernos se concentraran en alguna de las salas de la hacienda propiedad de la familia de AMLO.

Es una pena lo que narra. En efecto, somos exportadores de materia prima por instinto, hasta de papeles con valor histórico o cultural. Y duele ver que entre quienes venden sus papeles a EUA haya gante que suele denostar al "imperio".

Por cuestiones personales, es un tema que me duele justo en el centro del corazón.
Espero que no pase más el tiempo.

Auch, Sr. Sheridan

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