De la dieta francesa, le McDo y otras comidas rápidas

Febrero 22, 2012 | Tags:

“Royal Cheese”, le explica Vincent Vega (John Travolta) a Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) en la famosa escena de Pulp Fiction, es como se llama a las hamburguesas de McDonald’s en Francia.

Esta es una de las tantas referencias culturales que tenemos de la pasión de los americanos y los franceses por la muy alemana hamburguesa. Y es que aunque parezca que las comidas nacionales son únicas e históricas, la verdad es que desde la partida de los habitantes del África, la comida ha migrado junto con sus comensales. Así como a los migrantes les cambian los hábitos, así a las comidas les cambian los gustos. Por eso, cuando a una hamburguesa se le dan características americanas o francesas es más que un emparedado de carne para transformarse en un platillo original del país.

Sin embargo, y aunque este proceso de hibridación lleva dándose por siglos, ahora hay nacionalistas que argumentan que para curar nuestros problemas de obesidad debemos buscar a toda costa nuestra identidad culinaria perdida. Sus argumentos se centran en discusiones que asumen que las identidades nacionales son únicas, herméticas y constantes, y no reconocen que, en la mayoría de los países alrededor del mundo existen culturas híbridas y multiculturales. En la creación de políticas públicas, esto se traduce en denunciar comidas “extranjeras” como el centro de los problemas nutricionales. Y la verdad es que esta persecución de comidas no es solo vana, sino también mal pensada. Porque no son las comidas las que nos engordan sino nuestras formas de consumo y estilos de vida.

A finales del 2011, el Ministerio de Educación de Francia informó a la población que empezaría una campaña en las miles de cafeterías escolares para regresar a una alimentación más francesa. En plena crisis monetaria europea, los diarios nacionales denunciaban la pérdida de valores franceses y señalaba a la norteamericanización de los estilos de vida como el origen del problema de obesidad que en este momento afecta al país.

Entre las acciones que incluye la campaña nacional la catsup estará limitada, mientras que habrá baguettes ilimitadas. Recién comenzado el 2012, también se informó de un nuevo proyecto que pagaría a estudiantes que redujeran tallas en una campaña sin precedente para afrancesar la figura de sus ciudadanos. Cabe mencionar que Francia es el primer mercado europeo para la cadena de restaurantes McDonald’s. Así mismo, en lo que parecería ser una respuesta del gigante de las hamburguesas, la cadena anunció que durante el mes de febrero y por tiempo limitado ofreceria nuevas opciones de quesos para derretir incluyendo Cantal con Denominacion de Origen y uno de cabra y otro azul.

Pero estas campañas, que tienen eco en muchas otras regiones –como la campaña del gobierno del primer ministro Cameron en Inglaterra junto con los supermercados Asda y Aldi, o la fallida propuesta del presidente Obama de eliminar las pizzas de las cafeterias en planteles escolares– son a largo plazo. Tendrá que pasar al menos una década para saber si los ciudadanos que vivieron bajo la tutela de estas nuevas campañas, adquirieron hábitos más sanos, y en el caso francés si sus alumnos son más “franceses”.

Por otro lado están esos jóvenes y adultos a los que el Estado ya no alimenta en cafeterías escolare; esos mismos jóvenes que hace algunos años protestaron en las calles los cambios neoliberales que el gobierno de Chirac inició y que se consolidaron bajo el régimen de Sarkozy. Y también esos adultos que, habiendo crecido en una etapa de integración, ahora disfrutan de la diversificación de su sociedad y su comida.

Son justamente esos jóvenes los que abarrotan los McDonald’s y otros locales de comida rápida de la capital durante el lunch; son estos los mismos adultos que prefieren (o necesitan) comer en pocos minutos y están cansados del servicio malhumorado de los garçons parisinos. Y no quiero decir que todo mundo come así, pero la verdad es que los bistros ya no están tan abarrotados y las variedades sencillas y baratas de estos comercios ofrecen una solución rápida a miles de comensales que, como sucede en todas partes del mundo, deben buscar economizar tiempo para maximizar rendimientos. Precisamente esta mentalidad es la que nos esta empanzonando. Pero la  propuesta, más allá de cambiar hábitos, pareciera que solo se centra en reducir nuestro consumo calórico, mas no necesariamente en tener comidas más balanceadas.

Sin embargo, de todo problema nace una idea, y es así como en ciudades estadounidenses e inglesas se ha desarrollado el movimiento de los gastro-trucks. Los franceses por su parte han ideado la nouveaux restauration rapide, que, aunque veloz, difiere de su antecesora –la comida rápida– al ofrecer comidas más complejas y balanceadas, pero igualmente con la idea de minimizar el tiempo que toma desde que ordenamos hasta que nos sirven. Este no es un proyecto callejero como el de los camiones neoyorquinos; más bien los franceses venden comidas preparadas en contenedores bellamente arreglados y condimentados listos para recalentar. Esta restauration es más japonesa en su parecido con las cajas bento, que con el precursor americano nacido de camiones itinerantes que visitaba construcciones, muelles y otros lugares donde obreros necesitaban comidas rápidas y baratas que les permitieran comer in situ para regresar pronto a sus trabajos.

De estos restaurantes rápidos, comí en varios pero el que más me llamó la atención fue el BocoBio, cerca de la Opera y el Palacio Vendome. En esta ciudad enamorada de sus chefs y celebridades poco carismáticas, el Boco propone comida francesa de autor a bajo precio. Sus menús están diseñados por chefs parisinos e incluyen un aperitivo, el plato fuerte y el postre por €15. A la hora del lunch, el Boco está abarrotado por financieros que acaban su comida con un exprés corto para finalizar el día de trabajo, mientras para la cena está lleno de melómanos y fiesteros que se toman un copa de vino espumoso, con su comida de tarrito, en camino a alguna puesta en escena o a algún bar.

Pero tal vez lo más interesante del Boco es lo que sus contenedores de cristal a la antigua llevan por dentro, y es que en ellos no hay coq au vin o boeuf a la bourguignonne, sino más bien la mayoría de los platillos son pescados y pollos en salsas árabes y asiáticas, con arroces o tallarines, caldos suaves con alga marina, pero eso sí, compotas de manzana y pera delicadamente especiadas al tipo del sur francés. Esta, me parece, es la nueva comida francesa, más internacional, más liviana, más sabrosa.

(Imagen)

"Porque no son las comidas las que nos engordan sino nuestras formas de consumo y estilos de vida"

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Comentarios (8)

Mostrando 8 comentarios.

No muy lejos estamos los mexicanos de culpar de igual manera a los EU por ser el pais numero uno con problemas de obesidad, hace un par de años de igual forma las autoridades "regularizaron y supervisaron" lo que se vendia y consumia en las coperativas de las escuelas del pais. Pero siendo realistas, no es que el pais tenga el sentimiento nacionalista masbien es el estilo de vida actual, antes de la globalizacion creo que cada pais no tenia opciones para que otro decidiera como alimentar a la poblacion el pais tenia que producir y abastecer de forma eficiente a los ciudadanos ademas de llevar un estilo de vida mas tranquilo, mas hogareño. Quien puede ir a un restaurant a disfrutar de una comida de tres tiempos (minimo) y hacer sobremesa con solo una hora de comida que se da en los trabajos??? por eso se consume la comida rapida no por que sea rica o incluso barata...no se consume porque el estilo de vida actual no da para mas. Asi que el cambio verdadero seria cambiar los habitos que originalmente tenian las personas locales de la comunidad no tratar de adquirir estilos de vida de un pais que va al mil por hora y dejarnos engañar.

Como siempre, mil gracias por la lectura. Si es cierto que el kebab es de las comidas rápidas mas buscadas en París, y que hay otras opciones de comida económica, mi intención no es presentar todo un análisis de la comida disponible en la capital francesa. Mas bien mi intención es presentar opciones diferentes de tendencias nuevas, es por esto que los restaurantes de la restauration rapide son el centro de atención de esta nota y sirven también de ejemplo de una transformación en la cultura gastronómica de muchos franceses. Gracias por los comentarios.

La mondialisation existe partout! mais c'est vrai aussi que le kebab est typi en France, mais je dirais, sans critiquer, qu'on  ne peut parler de tout!

saludos,

María

Lo que es innegable es que a partir de la apertura comercial en México permitiendo la invasión de todo tipo de comida chatarra es que se dispararon los indices de obesidad y diabetes entre los nacionales.

Francamente no me gustó  mucho el "artículo" . Por supuesto! voy a empezar con mi propia experiencia francesa, como es muy típico hacerlo. Es interesante lo que nos cuenta el  autor sobre los estúpidos lineamientos de las autoridades francesas en su política alimentaria. Aunque proveniendo de un gobierno de derecha no habría de extrañarnos y menos en época electoral cuando todos andan en busca de las identidades y la extrema derecha anda al acecho del voto nacionalista. Pero si el autor se hubiera dado una vuelta  a un "establecimiento escolar" hubiera podido enriquecer su artículo al encontrar despachadores de bananas y naranjas en los pasillos. Y si se hubeira asomado a la cantina hubiera podido constatar que se sirve queso después de comer y que los profesores tienen derecho a tomar vino con sus alimentos. En efecto, seguro que también habría botellas de salsa catsup. Por otro lado, pese al título del escrito se le olvida el alimento principal de la comida rápida no solo en Francia sino en toda europa, muy por encima del Macdo:   el Kebab, en todas sus variantes. También se le olvida la causa principal de que los jovenes coman comida rápida: el costo. El menú Macdo: 7 eur aprox , el Kebab 5 euros aprox. Voilá no hay que ir muy lejos.

De acuerdísimo con Luis Martínez. El artículo carece de conocimiento de la situación actual en París (que no tendría nada de malo sino se publicará en esta revista que exigiría más rigor). Como bien dice Luis el problema de la comida, específicamente en París, va más allá de problemas nacionalistoides o politicoides. De fondo, el encarecimiento de esta ciudad empuja a buscar comidas como el Kebab o incluso los Paninis. La referencia de corte "snob" al BocoBio pierde de vista que existe una enorme cantidad de brasseries y restaurantes que ofrecen fórmulas entre 10 y 15 euros. Por último, otro buen números de los estudiantes franceses comen con frecuencia en los Crous, donde se puede obtener una comida completa por 3 o 4 euros. Todas estas posibilidades hacen que la comida rápida y McDo no sean un problema real. Otra vez coincido con Luis que la propuesta del gobierno va más hacia el nacionalismo que contra la comida rápida -una vez más, el autor pudo haberse informado que Burguer King fracasó rotundamente en Francia, lo que hace sospechar que McDo es un gusto peculiar de los franceses que no terminan por ceder ante la comida rápida y optan por opciones como las que mencioné debido a su bajo costo.

La hamburguesa como tal (i.e., la del consumo masivo con más o menos ingredientes «locales») es una invención gringa. Que el nombre recuerde su parentesco con aquella carne que, se dice, llevaron los alemanes de Hamburgo a EEUU, no la hace «muy alemana»; más alemán sería, por ejemplo, un pretzel (que tanto se consume en EEUU), aun del original tenga sólo la forma. Como sea, lo interesante del artículo es lo que no se dice: que el contenido de la comida, así sea «rápida», es lo que importa.

Bueno ¿y?

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