Un espacio para adentrarse en los pormenores de la industria fílmica, explorar sus múltiples expresiones y descubrir resonancias con otras artes.
L.A. y Hollywood en David Lynch
Por Eunice Hernández

¿Qué es Hollywood y Los Ángeles en el universo lyncheano de Mulholland Drive (2001)? Su probable argumento—una aspirante a actriz que enloquece a causa del desamor y de la traicionera industria del espectáculo— es un cliché que, sin embargo, alcanza una complejidad fascinante gracias al rompecabezas del montaje. A más diez años de su estreno, y “guiados” por las diez pistas que Lynch dio para interpretar la película con la que ganó el premio a mejor director en Cannes, existen al menos dos teorías aceptadas para explicar Mulholland Drive, cuyos autores y pormenores se pueden rastrear en diversos libros, foros o en Wikipedia. La primera teoría sostiene que hay una falsa realidad en la película y que Betty Elms (Noami Watts) y la misteriosa Rita (Laura Harring) forman parte del sueño o proyección de Diane Selwyn (también Noami Watts) para subsanar las heridas en el amor producidas por Camilla Rhodes (Laura Harring y Melissa George). La segunda sostiene que las historias de Betty y Rita, y de Diane y Camilla están entrelazadas como una cinta de Moebius, por lo que es imposible —e intrascendente— saber cuál es real y cuál es ficción pues ambas son dos planos de una misma dimensión.
A pesar de sus diferencias, las dos teorías resaltan la metáfora del doble, que es también el punto de partida para entender el paradójico papel que juega Los Ángeles en Mulholland Drive.
A simple vista, parece obvio que ubicarla en Los Ángeles es una condición fundamental porque la película toma su nombre precisamente de la carretera que atraviesa las colinas de Santa Mónica, desde donde se puede apreciar el legendario letrero de Hollywood, y porque una de las muchas tramas del film es cómo la industria del espectáculo transforma la identidad de sus protagonistas.
Pero, ¿es realmente Los Ángeles un elemento esencial en Mulholland Drive? o ¿la historia podría funcionar en otras coordenadas lejos de Hollywood? Aunque son contradictorias, la respuesta a ambas preguntas es afirmativa (intentar explicar a Lynch implica acostumbrarse a las paradojas).
Empecemos por el elemento más sencillo, el cual tiene un papel central su filmografía: la carretera. En los créditos de Lost Highway (1997), los faros del auto que alumbran a toda velocidad el asfalto nos adentran a la vertiginosa historia de Fred Madison (Bill Pullman) y en Straight Story (1999) el camino se convierte en el personaje principal: la estridencia y el hermetismo de Lost Highway son reemplazados por el vaivén, casi estático, de una segadora para cortar heno que se convierte en el medio de transporte con el que Alvin Straight (Richard W. Farnsworth), un anciano de 73 años, recorre las entrañas de Estados Unidos, desde Iowa hasta Wisconsin, para visitar a su hermano enfermo.
La carretera de Mulholland Dr. tiene una fuerte carga simbólica más allá del universo lynchiano: es el camino que conduce a una ciudad de fantasía, a la meca de la hiperrealidad. De ahí que no sea casualidad que Baudrillard, el magno exponente de la filosofía postmoderna, la mencione en América, un libro de viajes en el que describe a Estados Unidos como un desierto cultural dominado por los simulacros y la realidad mediatizada.
En la película de Lynch, Mulholland Dr. es un lugar donde se acciona la inquietante espiral por la que caen sus personajes. En ese camino de asfalto, Rita pierde la memoria, y por ende, la identidad, mientras que ahí mismo Diane sufre el golpe final de desamor que la llevará a la depresión y al delirio. Para Lynch, Mulholland Dr. es un punto de entrada, una desviación hacia nuevas dimensiones.
Pero esta carretera, ubicada cerca de la residencia actual de Lynch, no sólo tiene un fuerte simbolismo para el argumento sino que también es la guía de la ambientación: “Es un camino misterioso—confiesa Lynch—. Rural en algunas partes. Con curvas, dos carriles. Se siente viejo. Fue construido hace tiempo y no ha cambiado mucho. En las noches sientes que manejas en la cima del mundo. En el día también. Es misterioso y te pone los pelos de punta porque ciertas áreas son muy desoladas. En este camino, sientes la historia de Hollywood”*
Hermanado con el surrealismo y la expresión plástica, David Lynch también es un admirador del cine clásico, así que no es sorprendente que Mulholland Drive esté lleno de guiños que hacen alusión al séptimo arte. Por ejemplo, los nombres de Betty y Rita evocan a la postguerra, y el personaje de Coco —interpretado por Ann Miller la diva del tap dance en los años cuarenta—representa a la vieja guardia de Hollywood (en su papel de administradora del departamento de Betty), pero también lo asfixiante que se ha convertido la industria del cine cuando se transforma en la madre de Adam (Justin Theroux), el director que divide el amor entre Camilla y Diane.
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