El extraño fracaso de Peter Jackson

Después de King Kong vino The Lovely Bones, y así como con Heavenly Creatures Jackson logró dar el mayor brinco cualitativo entre dos cintas, con esta última hace exactamente lo contrario. Basada en la novela homónima de Alice Sebold, The Lovely Bones cuenta la historia de Susie Salmon, una chica que, tras ser violada y descuartizada por su vecino, observa a su familia desde el cielo. La trama de la novela se divide en Susie siguiendo a su padre (que busca al culpable), a su madre (que se va a una granja, incapaz de digerir la pérdida), a su hermana (que crece en la sombra de su hermana asesinada) y del asesino mismo. La novela se lleva a cabo en un suburbio norteamericano de los setenta y está salpicada con las propias terribles experiencias de la autora, a quien violaron de niña. El libro se sostiene como una aguda observación de un grupo de seres humanos intentando asimilar una pérdida dolorosa. Como trama, la novela simplemente no está hecha para avanzar. A diferencia de otras historias similares (como Ghost), el fantasma de The Lovely Bones apenas si interviene en la vida de los vivos y simplemente se limita a espiarlos, desde el cielo, esperando a que puedan continuar su camino. Es, en ese sentido, una novela meditativa, y, por lo tanto, prácticamente imposible de adaptar para el cine. Quizás influido por el éxito de Heavenly Creatures –otra historia de adolescentes involucradas en un asesinato en la que convergen elementos fantásticos–, Jackson decidió echarse el tiro. El resultado es la peor película de su carrera, aun tomando en cuenta a Bad Taste y Meet the Feebles. Lo impresionante es ver cómo Jackson fracasa en cada arista y cada elemento de su adaptación. Primero intenta convertirla en un thriller, pero no funciona más que como un ejercicio de frustración: Susie es incapaz de decirle a su padre que el asesino vive frente a ellos, incapaz de darle claves a la policía, incapaz de señalar al hombre que le quitó la vida. Lo que nos queda es ver a Mark Wahlberg (demasiado joven para ser padre de una niña adolescente) intentando culpar a Stanley Tucci sin pruebas de por medio.

 

Después, Jackson crea el cielo de Susie, y aquí es donde fracasa de manera más escandalosa. El limbo en el que vive su protagonista es, por momentos, como vivir dentro de un algodón de dulce bajo los efectos del lsd; cuando la trama visita zonas macabras, el cielo se encapota, sopla el viento cargado de ceniza sacudiendo los árboles y, sorpresa, el gazebo desde el que Susie observa a la tierra se desmorona sin previo aviso. No hay una sola imagen original en el paraíso de Jackson. También hay una historia de amor, pero se pierde entre los pliegues de la cinta: el abandono de la madre, la tibia investigación de la hermana, las amistades de Susie en el cielo, y un largo etcétera. Quizás porque llevaban diez años escribiendo para la Tierra Media y el Nueva York de la Depresión, Jackson, Walsh y Boyens no pueden darle verosimilitud a los diálogos de Sebold. Todos los personajes suenan como si vinieran directo de una telenovela, salvo Susan Sarandon, que no da una en el papel del obligatorio comic relief de la cinta.

La pregunta pertinente es, ¿de dónde viene –cómo se explica– esta cinta?, ¿cómo Jackson, un cineasta en la cima de sus capacidades técnicas, pudo dirigir una película tan mediocre, tan incoherente? La respuesta está, de nuevo, en su patria. The Lovely Bones fue la primera vez que Jackson dirigió lejos de Nueva Zelandia (en Pennsylvania) y la segunda vez, junto con The Frighteners, que tuvo la tarea de recrear un suburbio norteamericano. La incomodidad es palpable. El director no puede darle verosimilitud a un entorno que nunca conoció, por más que intente saturarlo con vestuarios y props de la época. Como novela, The Lovely Bones es, también, un elegante estudio del American Suburbia: un mundo que Jackson, a pesar de haber nacido en el pequeño pueblo de Pukerua Bay a las afueras de Wellington, no puede conocer a fondo. Más allá de cómo fracasa a la hora de retratar el suburbio norteamericano, es difícil creerle a Jackson que la historia le llame la atención por sí sola y no por su pedigrí literario, su peso como “hot property” hollywoodense (Spielberg y Luc Besson habían expresado interés por adquirir los derechos antes que el neozelandés). No hay nada que vincule esta historia con sus viejos intereses. A diferencia de Heavenly Creatures, The Lovely Bones no es una historia neozelandesa y los elementos potencialmente grotescos del libro (donde la violación de Susie es explícita, casi insoportable) solo se sugieren en la cinta porque Jackson mismo declaró, como recoge imdb, que una cosa es mostrar a alienígenas y muppets (y orcos) siendo destazados y otra, muy distinta, es ver a una chica de trece años siendo ultrajada. La propia creación del cielo es la culminación de todos los excesos que ya se podían intuir desde el barroco diseño de Skull Island, una isla a la que solo le faltó tener a Godzilla y al monstruo de Cloverfield para convertirse en el nido de todas las criaturas monstruosas del cine. Una y otra vez vemos en The Lovely Bones a un director incapaz de conectar con el material en pantalla, incapaz de contener y moldear interpretaciones orgánicas con la trama (Stanley Tucci parece sacado de una cinta de terror, Wahlberg de María Mercedes); incapaz, inclusive, de responder la pregunta más elemental con respecto a su cinta: ¿de qué trata?, ¿qué está queriendo decirnos?

"Después de King Kong -filmada, escrita y editada como si fuera la última película que haría-, ¿qué le queda a Jackson?"

Comentar ›

Comentarios (4)

Mostrando 4 comentarios.

Todo lo que criticas fue justamente lo que más me gustó.

Me han gustado mucho estas entradas.

Excelente la reseña... salvo por los términos empleados. Si Daniel Krauze respetara un poco al idioma español, trataría de escribir en él todo el amasijo de palabrejas que le vienen a la cabeza --comic relief, American Suburbia o hot property, entre otros disparates-- y que son perfectamente traducibles. A no ser, claro está, que sus niveles de pretensió sean superiores a sus capacidades gramaticales y a su fuerza de voluntad, en cuyo caso tendremos que resignarnos a ver siempre aparecer en su sección un montón de palabras mal puestas... o bien puestas, si la revista se llamara Free Letters, se editara en Nueva York y se vendiera en dólares en los quioscos gringos. Sólo así.

Un pequeño comentario solamente, la autora no fue violada de niña, sino cuando cursaba la Universidad.

Comentar

Si ya eres usuario registrado o crea tu cuenta ahora
To prevent automated spam submissions leave this field empty.
Términos y condiciones de participación