Correo fantasma. El blog de José de la Colina

Detalles de la entrada: El Bloomsday de James Joyce

22 de Junio


Categorías: Correo fantasma

El Bloomsday de James Joyce

Las 1, 664 páginas de The Concise Encyclopedia of World History, de Rodney Castleden (The Parragon Press, Londres, 1996), ofrecen miles de fechas desde el año 38,000 aC., en el que habría aparecido sobre la tierra el Homo Sapiens, hasta el año 1993 dC., en que unos muy evolucionados descendientes de éste fundaron en Ginebra la Organización Mundial del Comercio. Entre esos dos momentos del curso de la Historia hay fechas de todas las categorías, desde las propiamente históricas, digamos la caída de Constantinopla en 1453, hasta las microhistóricas, digamos el navajazo que en Hamburgo y el 30 de abril de 1993 asestó a Monica Seles un fan insatisfecho por el decepcionante desempeño de la bella muchacha en un juego de tenis.

Entre las fechas de la pequeña historia hay de todo, desde el día en que Luis XVI probó los tomates a la provenzal, receta popular llevada a París por la misma tropa que, cantando ya “La Marsellesa”, acudía a derrocarlo, hasta el día en que Marilyn Monroe posó para una foto en colores sin tener puesta otra cosa que Chanel nº 5 (aunque respecto a la cuestión de si ese momento es fecha no histórica... dejemos que cada quien juzgue según su propia biografía interior).

Así, por ejemplo, si nos limitamos al año 1904, el librote de Castleden nos dice que el 1º de enero se botó el Baltic, el mayor buque de pasajeros hasta entonces construido; que el 3 de febrero nació en Pisino el futuro compositor Luigi Dallapiccola; que el 8 de febrero las fuerzas navales japonesas vencieron a las fuerzas navales rusas en Port Arthur; que el 8 de marzo se completó el primer nivel del túnel bajo el río Hudson; que el 1º de mayo el compositor Antonin Dorvjak moría en Praga; que el 28 de julio el torvo ministro zarista Vyaskeslav Piehve era asesinado en Moscú..., etc.

Pero si las enciclopedias cronológicas como la de Castleden están muy bien nutridas con fechas de la Historia, de la Política, de la Cultura, etc., etc., también tienen sus puntos ciegos. Por ejemplo: se echa a faltar en ellas la fecha del 16 de junio de 1904 dC., día en el que el joven dublinense Stephen Dedalus (profesor de Artes en escuela privada y aspirante a escritor) se cruzó más de una vez a lo largo de la jornada con el maduro judeoirlandés Leopold Bloom, (corredor de ventas de papelería) en los recorridos de ambos por el laberinto callejero de la ciudad de Dublin.

Y tal recorrido de Dedalus y Bloom por la ciudad multihabitada por vivos, muertos y fantasmas, culminó en una orgía burdelera, en una riña con borrachos, en la despedida y el retorno de cada uno de ellos hacia sus respectivos hogares, y finalmente, pero como para nunca finalizar, en el insomne monólogo de la bella y madura Molly, irlandesa esposa de Bloom, en el lecho matrimonial y adúltero. Ese ardiente río verbal ese monólogo de un coño anhelante y soñador, fluye en varias terminales páginas sin puntos ni comas de un libro y en él están Dedalus y Bloom y Boylan y, claro, la misma Molly, y un sinnúmero de dublinenses y diríamos toda Dublin. Con ese discurso lujurioso, febril y a la vez muy preciso, brutal y poético, llega al grand finale la novela o el poema narrativo en prosa titulado Ulises (Ulysses), imaginado por un dublinés autoexiliado en Trieste y Zurich: James Joyce.

El Ulises, que James Joyce escribió de 1914 a 1921, fue publicado en 1922 y ya desde antes de su aparición en forma de libro era famoso en élites culturales europeas pues escritores como el francés Valéry Larbaud y los angloamericanos Ezra Pound y T. S. Eliot, quienes lo conocían por los fragmentos anteriormente publicados en revistas o por caseras lecturas dadas por su autor, lo anunciaban como la insólita obra maestra que venía a sacudir y revolucionar las letras del siglo. (Y vaya que no se equivocaban.)

Entonces, ese 16 de junio de 1904 ¿es sólo una fecha de mera fábula, puesto que sólo habrá existido en el fantasmal espacio/tiempo de la literatura?

Pero el 16 de junio de 1904 fue la fecha en que Joyce paseó por primera vez con Nora Barclay, quien sería su esposa y la mujer de su vida; y todos los años desde el 16 de junio de 1954, en la muy concreta, muy realmente existente ciudad de Dublin, ciudadanos muy concretos y realmente existentes celebran la fecha en que el joven Stephen Dedalus y el maduro Leopold Bloom vivieron un día y una noche inmortales, buscándose, encontrándose, perdiéndose y reencontrándose como en una cosmogonía deseosa, aturdida, regida por una sabia geometría literaria como por un destino y giratoria en torno al terminal ardiente lecho de la señora Molly Bloom. Y la fecha (que se repitio ritualmente el pasado martes 6 de junio de 2009) realmente existe y está en los calendarios de los dublinenses: es el Bloomsday, el día de Bloom, y se celebra en calles, en tabernas, en clubs y ateneos de la ciudad irlandesa. Para los dublinenses como para los irlandeses, para los ingleses y, de paso, para todos los lectores del Ulises de Joyce, el Bloomsday es la confirmación de la existencia de ese trío de personajes mayores de lo natural aunque en principio sólo tengan una carne verbal. Y si el visitante de la ciudad joyciana por excelencia aguza el oído en la alta noche dublinesa quizá oiga el triunfal himno erótico (en prosa) de Molly: ese llameante fluir verbal que finaliza como aspirando a lo infinito mediante el yes con que se inició:

“... and then I asked him with my eyes to ask to ask again yes then he asked me would I yes to say yes my mountain flower and first I put my arms around him yes and drew him down to me so he could feel my breast all perfume yes and his heart was going like mad and yes I said yes I will Yes.”

(En traducción de J. M. Valverde:“... y luego le pedí con los ojos que lo volviera a pedir sí y entonces me pidió si quería yo decir sí mi flor de la montaña y primero lo rodeé con los brazos y sí y le atraje sobre mí para que él pudiera sentir mis pechos todo aroma sí y el corazón le corría como loco y sí dije quiero Sí.”)

(Publicado previamente en Milenio Diario)

comentarios:

Comentario de: Alex Borges [Visitante]
No es navidad, pero este sería deseo que pedirle a algún "djin" de las mil y una noches:

Que los coños ardientes y soñadores siempre respondan:

...Yes I will Yes!

wishfull thinking?

Quien sabe, Don Pepe. Yo, en lo personal, agradezco este acercamiento a Dublin, a Joyce (a-güe, una cosa lleva a la ostra..) y a la literatura.
22 de Junio
Comentario de: Guillermo Sheridan [Visitante]
Gracias, Pepe, por el dato de Corominas sobre "lépero". Y gracias por este buen artículo... Nunca leí la traducción de Valverde. El famoso párrafo que citas no me suena demasiado bien... Pero bueno, claro, y nunca, etc. Cómo ves:

"Y entonces le pedí con los ojos que me lo pidiera que lo pidiera otra vez sí entonces pidió si lo haría sí si lo diría sí mi florcita del campo y primero lo abracé sí y lo apreté sobre mí para que sintiera mi pecho todo perfume sí y su corazón como loco y sí dije sí lo haré Sí"

¿Cómo véis? "Florecita de la montaña" es un desastre larguísimo, no? Y entre nosotros las florcitas son del campo y finalmente de lo que hablan es de pedir y dar de pedirla y darla y darlas y pedirlas y era formidable escuchar a Salvador Elizondo decir ese párrafo de memoria dos o tres veces seguidas y una vez le traje de Dublín una taza que decía I said yes I will Yes y así
24 de Junio
Comentario de: H. Cantu [Visitante]
Que fue lo que dijo Virgina Wolf acerca de Joyce?:

"Leer la prosa de Joyce es como observar a un adolescente frente al espejo exprimiendose los barros..." O algo asi.

Por Dios, Leopold Bloom, un judio? en Irlanda? que ocurrencia. Probablemente a toda la poblacion judia de esos tiempos en irlanda se le podia contar con los dedos de una sola mano. Ya ven que a los irlandeses les gusta simpatizar con los alemanes con tal de joder a los ingleses.

Todo sea por comprender el "stream of cosciousness", otra razon para ponerse hasta atras en junio y hacer mas rica a la familia Guiness.

Que seria de nuestros Quarks sin el Ulysses??
24 de Junio
Comentario de: José de la Colina [Visitante]
A H. Cantú:
Pues sí, como hay indicios claros en el Ulises, como no han dejado de señalar criticos y escoliastas del libro, como o dice hasta la Wikipedia, el ciudadano dublinés Leopold Bloom es de ascendencia judía.
24 de Junio
Comentario de: Andrés Paniagua Curiel [Miembro]
Mis respetos H. Cantu, se ve que se sabe el Ulysses de ida y vuelta. Y qué hablar de sus conocimientos sobre Irlanda superiores a los del mismo Joyce. Pero sobre todo le admiro lo impecable de su lógica, más contundente que un tumba-burros: En la Irlanda de preguerra debió haber habido muy pocos judíos porque los irlandeses gustan de simpatizar con los alemanes para joder a los ingleses. ¡Vamos, que ni un teorema de Euclides es mas filoso!
Ya bien lo dijo Virgina Woolf: “Caminito de la escuela...” o algo así.

Saludos
Andrés Paniagua Curiel.
25 de Junio
Comentario de: H. Cantu [Visitante]
Aaaay Don Andres,
1) En mi pequeño comentario no he presumido saberme el Ulysses, eso usted lo ha querido leer entre lineas por alguna razon personal. Lei el libro y la mayor parte me resulto obscuro, eso es todo.
2)Tampoco presumi saber de Irlanda mas que Joyce, lo cual es un sacrilegio. Otra vez usted lo ha querido leer asi, tal vez otra vez por alguna razon personal. Sin embargo he vivido en Irlanda un poco mas de tres años y entiendo un poquitin del nacionalismo irlandes.
3) Esta bien sabido en el criticismo literario que la idea de poner a un judio como personaje central en Ulysses es bastante eccentrica. Esto tiene que ver con cierta enajenacion de Joyce con el espiritu nacional irlandes aumentado por el exilio (Joyce a lo mejor se sentia como un judio errante). Joyce se auto-exilio en parte por su postura critica a la sociedad catolica y conservadora irlandesa. No lo culpo.
4) Fe de erratas: La cita de "Three Quarks for Muster Mark" viene de Finnegans Wake y no de Ulysses.

y tan tan...
25 de Junio
Comentario de: Andrés Paniagua Curiel [Miembro]
H. Cantu, ahora si mis respetos sin nada de sarcasmo; Vivir tres años en Irlanda es una ordalía que yo no hubiera superado, probablemente me hubiera muerto de inanición. Mi reacción cáustica, que ahora debo reconocer más bien injusta, se debió a que su comentario da la impresión, ahora veo que es falsa, de estar basado en conocimientos de segunda mano. Por ejemplo, la supuesta cita de Virginia Woolf me parece debe ser apócrifa o sacada de contexto, porque ¿que es “la prosa de Joyce” en Ulysses? Cada capítulo tiene su propio estilo, en “Oxen of the Sun” son docenas. Es cierto que fluctúa entre deleitante y avasalladora, pero si tiene características constantes, son las de ser sorprendente y bien lograda. O la sugerencia de que la hostilidad de Irlanda hacia los judíos venga prestada de los alemanes, como si la xenofobia no fuera, tristemente, parte del carácter irlandés, el antisemitismo no un fenómeno existente en toda Europa. El antisemitismo irlandés es autóctono y en Ulysses aparece por todas partes, como en el episodio del cíclope. El que Bloom sea judío tiene connotaciones que refuerzan su papel en la novela, una de ellas, el que viva aventuras entre hombres que no son sus compatriotas, después de todo es Odiseo ¿no?
En fin, si hubiera usted dicho que leyó Ulysses y le pareció un ladrillo infumable, yo me hubiera callado la boca, después de todo, de gustos no se discute. Así, no me queda más que disculparme por armar bronca basándome en malentendidos.
26 de Junio
Comentario de: Fabricio Cendrón [Visitante]
El argumento de H. Cantú sigue siendo débil. Que haya pocos judíos en Irlanda no implica que Joyce debió abstenerse de tener en su libro un personaje como Leopold Bloom. Precisamente el arte se fija en personajes únicos, solitarios, fuera de lo común (y a la vez, todo lo contrario: también se fija en seres comunes). ¿Cuántos moros de piel negra debió Shakespeare contar en Venecia para permitirse hacer de Otelo un gran protagonista poderoso, respetado en la corte y grandiosamente trágico?
28 de Junio
Comentario de: H. Cantu [Visitante]
Aaay Don Fabricio,

En ningun momento he dicho que Joyce debio abstenerse de escoger a sus personajes come le viniera en gana. Tan solo estoy apuntando hacia lo inverosimil de la situacion.
Como se sentiria usted si el personaje principal de Rulfo en Pedro Paramo fuera de origen judio? No le parece que eso seria medio extraño?
Ulysses no trata de la condicion humana de una minoria (como Otelo). Ulysses trata de la condicion humana del ser Irlandes.
29 de Junio
Comentario de: Fabricio Cendrón [Visitante]

Don H. Cantú (sin aaay, pues no hay nada que lamentar en una sabrosa discusión): la situación a la que te refieres, que haya un irlandés judío en Dublin, y en el libro de Joyce, podrá ser rara pero no inverosímil, pues la judeidad está esparcida por prácticamente todos los países, particularmente los europeos. Más raro, desde luego, sería que Pedro Páramo tuviera sangre judía, pero tampoco resultaría del todo inverosímil, si el tema le hubiera interesado a Rulfo, ya que Páramo es un mestizo: tiene pues alguna sangre española y hay desde siglos atrás españoles con sangre judía,y en consecuencia hay también mexicanos con esa sangre (revisa la historia de México en el capítulo del virreinato).Y, en efecto, Joyce trata de la condición irlandesa, pero sobre todo, de INDIVIDUOS: principalmente Stephen, Leopold y Molly. El Ulises no es una alegoría, no es una teoría, aunque pueda tener algo de eso, sino una novela, y trata de unos irlandeses considerados como personajes y no como símbolos de una irlandesidad, una judeidad... o una condición humana globalmente considerada.
Por lo demás, tampoco Otelo trata de algo tan vasto como la condición humana. Trata de Otelo, precisamente, es decir de un moro que vivía en Venecia con una esposa blanca (y, de paso sea dicho, tampoco trata de la moreidad).
La novela y el retrato no tratan de generalidades, que para eso están los ensayos y los tratados sociales, económicos, políticos, etc . Tratan de individuos, y sólo a partir de éstos tratan de asuntos generales. Primero están Bloom y Otelo, después la judeoirlandesidad y la moreidad.El Quijote trata de un hidalgo en particular y muy secundaria e indirectamente trata de la condición racial o social o económica de la casta de los hidalgos.
En fin, una novela no es la mera ilustración de una teoría. Una novela es ante todo una historia narrada, con unos personajes imaginados, aunque en principio puedan haber existido históricamente.La Carlota de Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, no es la ilutración de la belgicidad o de la condición monárquica:es ella misma y su circunstancia (circunstancia, por cierto en gran parte imaginada).
29 de Junio
Comentario de: Raúl Gutiérrez y Montero [Visitante]
Leer Retrato del artista adolescente, de James Joyce, resultó un verdadero placer. Como todo mundo sabe, esta novela relata las andanzas del joven Stephen Dedalus, alter ego del autor.

Posteriormente, cuando se cumplieron 100 años del famoso Bloom’s day en 2004 (un siglo completo había transcurrido desde aquel 16 de junio de 1904 en que se ubican las aventuras del héroe de la novela Ulises, Leopold Bloom, del propio Joyce), adquirí, para conmemorarlo, el libro en traducción de J. Salas Subirat, editorial Colofón, 2001. Esta novela es en cierta medida la continuación del Retrato, pues Stephen Dedalus, sin ser el personaje principal, aparece como el hijo no consustancial de Bloom, y éste se preocupa por él como si realmente fuera su padre biológico, quizá por haber perdido al suyo propio, Rudolph, a los once días de nacido.

Pues bien, el libro de marras resultó para mí un verdadero tormento. Con grandes dificultades y frustración inicié su lectura para abandonarla a los pocos días totalmente decepcionado. Lo retomé varios meses después resuelto a no dar marcha atrás. Llegué hasta la página 269 (de 806) sin haber comprendido mayor cosa. Era idiota estar leyendo palabras sin sentido, una tras otra, con el único afán de terminar la “lectura” de uno de los libros más ilustres de la Literatura Universal, así, con mayúsculas.

Dejé el libro “olvidado” en la mesa del restaurante del hotel donde había ido a pasar unas cortas vacaciones y aprovechar para concentrarme en su lectura, sólo para que el mesero me alcanzara a los pocos pasos y me lo devolviera con cara de que debía vivirle eternamente agradecido. Al día siguiente, aprovechando que dejaba mi lugar de retiro, tiré el libro en el basurero del cuarto decidido a no meterme nunca más con Joyce. Desgraciadamente, en la recepción del hotel, al hacer el checkout, y una vez que el mozo hubo verificado in situ que no se consumió nada del servibar, con cara idéntica a la del mesero, me entregó el libro diciendo que “se había caído” en la basura. Al llegar a casa, lo sepulté “definitivamente” en el fondo de un cajón, con un separador en la referida página 269.

Tiempo después, al leer el diario inédito de Salvador Elizondo que Letras Libres publicó mensualmente durante un año, me enteré del encomio que éste hacía de la obra cumbre de Joyce, sin entrar en mayor detalle. Esto removió las viejas frustraciones que de tiempo atrás guardaba yo en mi interior. Sin embargo, en otra entrega del mismo diario, el propio Elizondo mencionaba el libro de Stuart Gilbert, James Joyce’s Ulysses / A Study, editorial Vintage, 1955, también, sin mayores comentarios.

La curiosidad me hizo ordenar esta referencia de Elizondo a Amazon. Desafortunadamente elegí como medio de entrega, por razones pecuniarias, el correo ordinario, y el libro se perdió. Fue tal mi enojo en aquel entonces contra la directora general de Correos de México, la inefable Purificación Carpinteyro, que bastante tiempo después me hicieron creer que el libro había aparecido y me lo enviaron, envuelto en un simple paquete. Fue tan burda la maniobra que me enviaron, para mi fortuna, Ulysses / The 1934 text as corrected and reset in 1961, editorial Modern Library, 1992.

Mientras tanto, releí el Retrato y leí Los Dublineses, también del genial irlandés, y, por otro lado, le solicité a una amiga el envío personalizado desde Estados Unidos del estudio del Ulises de Gilbert, el cual acabé de un tirón, una vez que me hubo llegado.

¡La luz se había hecho para mí!

Acto seguido, volví a leer el estudio de Gilbert, alternando sus capítulos con cada una de las 18 secciones en tres partes de que consta la obra de Joyce, pero ahora en la edición inglesa que tuvo a bien enviarme el correo mexicano, no en la española de Colofón.

¡Qué maravilla! No cabe duda que esta obra satanizada en un principio por los moralistas, al grado de haber tenido que ser autorizada su publicación por los tribunales estadounidenses el 6 de diciembre de 1933 (Joyce la escribió entre 1914 y 1921), y después por los gustos conformistas y convenencieros de las masas (la misma esposa de Joyce, Nora, pregunta James: ¿Por qué no escribes libros que la gente pueda leer?, según la magistral compilación de Gabriel Zaid en Letras Libres, Colegas admirables, número 125, mayo de 2009), es de los mayores deleites estéticos que uno pueda disfrutar en vida.

No es ociosa la comparación que hace Stuart Gilbert de la madurez alcanzada con el tiempo por Joyce con la de grandes pintores, como Picasso, aunque enfatizando que la de Joyce es seguramente única en literatura.

A mí me tomó prácticamente cinco años entender cabalmente el trabajo de James Joyce, y aún así tuve que releer una de sus 18 secciones (la decimocuarta, The oxen of the sun) en la edición española de Colofón, que de otra forma me hubiera resultado inentendible. Por algo afirmaba Joyce que a sus lectores les debería tomar entender sus obras por lo menos el mismo tiempo que a él le había llevado escribirlas, por ello renuncio a leer su trabajo postrero Finnegans Wake, que consumió algo así como 17 años de su existencia.
02 de Julio
Comentario de: Brian Price [Visitante]
Estoy haciendo investigación sobre las traducciones de Joyce al español y, sobre todo, su recepción en México. Sé, por ejemplo, que la traducción que Salas Subirat hizo del "Ulysses" en 1945 fue publicada en México en 1949 con un tiraje de 5000 ejemplares. Pero me urge saber cuando llegaron las primeras versiones de "Un retrato" y "Dublineses". Se los agradezco de todo corazón. Saludos, Brian
30 de Julio
Comentario de: José de la Colina [Visitante]
Brian: La traducción de Salas Subirat del "Ulises", antes de publicarse en México en edición pirata (como solían ser las de la editorial Diana), fue publicada en Argentina, por ediciones Salvador Rueda, pero ignoro la fecha (aunque tuve el libro, que me fue robado). En cuanto al "Retrato del artista adolescente", sin duda la primera edición en español, que poseo, fue la de Biblioteca Nueva, Madrid, 1926, en traducción de Alfonso Donado y con prólogo de Antonio Marichalar.
De "Dublineses" había también una edición anterior a la de la traducción de Cabrera Infante en edición española que apareció en 1974 en editorial Alianza/Lumen, colección El Libro de Bolsillo.
12 de Agosto

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