La jaula abierta. El blog de Roger Bartra

Detalles de la entrada: Confusión y revolución

14 de Noviembre


Categorías: Entradas

Confusión y revolución

La idea de revolución es un mito estrechamente asociado a las izquierdas políticas. Pero en México esta idea, tan cara a los movimientos socialistas de diverso signo, ha sido el símbolo de una burocracia militar y política que gobernó en forma autoritaria durante casi todo el siglo pasado. De hecho, esta burocracia se consideró a sí misma, en muchas ocasiones, como de izquierda... Claro que “dentro de la Constitución”, como dijo López Mateos.

La mitología política retrata a los revolucionarios como la encarnación de lo nuevo. Por ello, no hay peor pesadilla para la gente revolucionaria que la idea de que ha quedado rezagada y que no vive a la altura de los nuevos tiempos modernos y postmodernos. ¿Es la revolución un fenómeno que se agotó durante el siglo que se acaba de ir? Macario Schettino contesta con un enfático sí. En su excelente libro (Cien años de confusión: México en el siglo XX, Taurus, 2007) muestra cómo el siglo de la Revolución Mexicana fue un siglo perdido, dominado por un experimento fallido y por el estancamiento. La Revolución Mexicana fue –y sigue siendo– un mito tan poderoso que hasta la derecha lo adoptó. En el México del siglo XX todos éramos revolucionarios: burgueses e intelectuales, campesinos y burócratas, obreros y tecnócratas.

Esta situación ha hecho pensar que se están volatilizando los tradicionales límites entre lo revolucionario y lo conservador, entre la izquierda y la derecha, sobre todo después de la quiebra y desaparición del bloque socialista. ¿Cómo entender ahora la supervivencia del “viejo” capitalismo y la derrota del “nuevo” socialismo? La transición democrática en México, encabezada por la derecha y entorpecida por los revolucionarios, ha nublado también el panorama. Ha surgido una nueva geografía política, pero no tenemos todavía un mapa adecuado para viajar por ella. El libro de Macario Schettino es un brillante ensayo que contribuye a dibujar una nueva carta de navegación política. Para ello ha tenido que mirar hacia atrás, al siglo pasado y al antiguo régimen, para buscar las claves de la nueva época. Es una formidable recuperación del trabajo de intelectuales y académicos, mexicanos y extranjeros, que durante decenios han realizado estudios sobre el siglo XX mexicano, y nos ha aportado una visión de conjunto que no existía.

Ciertamente, el tramo final del siglo XX cambió el panorama político mundial. En primer lugar, es un hecho que el capitalismo tejió una inmensa red global, construida con la ayuda decisiva de los espectaculares avances científicos y tecnológicos en computación, genética, conductores, etc. En segundo lugar, ocurrió otro proceso: una formidable expansión de la democracia política en oleadas sucesivas fue barriendo del mapa de América Latina y de Europa las dictaduras de diverso signo. Así, las dictaduras fueron sustituidas por democracia en España, Grecia y Portugal primero, el cono sur latinoamericano después, el bloque soviético a continuación y, por último, siempre a la cola, hasta México, justo antes de terminar el siglo XX.

Quiero brevemente hacer referencia a algunos de los aspectos más relevantes de los nuevos retos postmodernos que enfrentamos. Los revolucionarios más radicales se enfrentan a una erosión brutal de la esperanza en un progreso que debía conducir el capitalismo hacia un colapso revolucionario o, al menos, a una gran renovación encabezada por las fuerzas populares; en contraste se han levantado a un primer plano las nuevas dimensiones de la política, las formas culturales de la legitimidad y las exigencias morales.
Podemos comprobar que la nueva cultura política ha erosionado la idea de revolución, y que era la bandera con que se enfrentaba a las típicas nociones derechistas que querían conservar el orden establecido y los privilegios tradicionales. Paulatinamente, la idea de revolución se está convirtiendo en parte de una cultura reaccionaria, es decir, de hábitos que reaccionan contra las nuevas tendencias democráticas. Se dirá, con razón, que las corrientes socialdemócratas ya habían hace mucho superado la tradición revolucionaria. Sin embargo, en muchas partes del mundo, especialmente en América Latina, se mantenía la ilusión de que era posible un tránsito cualitativo y revolucionario a una nueva situación, gracias al apoyo directo o indirecto del bloque socialista. Esa ilusión comenzó a derrumbarse en 1989, y hoy ya no queda mucho de ella. En México ya ni el subcomandante Marcos quiere llamarse revolucionario: prefiere ser rebelde.

El drama de la revolución que se convierte en símbolo retardatario lo hemos vivido de cerca, no sólo con nuestra revolución de 1910. El néctar de la revolución cubana se ha agriado ante un Termidor antidemocrático inaceptable. El apoyo de muchos revolucionarios de izquierda y de derecha al gobierno castrista no puede ocasionar más que sequedad y esterilidad, aunque se practique en nombre de la lucha contra un bloqueo que –como todos sabemos– no hace otra cosa que fortalecer la decrépita dictadura de Fidel Castro, además de empobrecer a la población cubana.

No sólo la izquierda extremista o “revolucionaria” entró en crisis. La socialdemocracia también envejeció y sus tradicionales tesis sobre la gestión de gobiernos fuertes y orientados hacia el bienestar, con dosis variables de estatismo más o menos keynesiano, han sufrido los embates de una expansiva “nueva derecha” durante los años finales del siglo XX. Para contrarrestar esta expansión, surgió una “tercera vía” socialdemócrata, teorizada por Anthony Giddens y encabezada por Tony Blair, que hoy en día se encuentra en dificultades.

Uno de los fenómenos que debemos, y que se conecta con el franco retroceso de las tesis revolucionarias y estatistas, es la paulatina marginación de los temas económicos en las preocupaciones de la opinión pública. Ante la imposibilidad de cambios cualitativos en la estructura económica y en la naturaleza del Estado (cambios “revolucionarios”), la gestión financiera, fiscal o laboral tiende a ramificarse y, sobretodo, a especializarse y tecnocratizarse. Las alternativas políticas encuentran relativamente pocos asideros en la dimensión económica y se desplazan cada vez más a planos simbólicos y metafóricos referidos a las consecuencias culturales y éticas de la administración gubernamental. Creo que, aunque parezca paradójico, esta tendencia es tan fuerte en los países del llamado Tercer Mundo –con sus terribles carencias económicas– como en las regiones más ricas y prósperas del globo. Ello ocurre porque las experiencias políticas del siglo XX han demostrado que las palancas fundamentales del desarrollo industrial tienen un carácter más cultural que económico. Con esto no quiero decir, por supuesto, que los graves problemas del atraso económico se van a resolver con programas culturales. Quiero decir que la sociedad civil entiende cada vez menos los programas económicos y financieros si no van acompañados de, por decirlo así, una traducción a términos y símbolos culturales y morales. Este desplazamiento de la política hacia los territorios culturales es un fenómeno estrechamente ligado a la gestación de nuevas formas de legitimidad democrática.

En este tema el libro de Macario Schettino es particularmente útil y creativo. Alguien como él, formado como ingeniero, viene a respaldar con fuerza la interpretación de la Revolución como un mito cultural. Lo hace con la razón aparentemente ingenua del niño que en el cuento señaló que el Rey iba desnudo. La Revolución Mexicana ha vivido desnuda durante el siglo XX y sus sastres intelectuales ilustraron y vistieron durante decenios la gran mentira. Macario Schettino nos vuelve a contar la historia de la revolución sin el velo que ha nublado la vista a tantos. Nos describe una historia de guerras civiles, violencia, crisis política, luchas faccionales a lo largo, no de una, sino de tres revoluciones entre 1910 y 1916. Y aún hizo falta una cuarta, la verdadera, encabezada por Lázaro Cárdenas, para evitar una nueva guerra. Esta última ya no ocurrió: quedó atrapada en la jaula institucional. La Revolución, con mayúscula, engulló a las revoluciones.

Macario Schettino explica, creo yo, algo fundamental: no es que la Revolución Mexicana no existiese, sino que existió en demasía. Hubo un exceso desproporcionado de revolución, una verdadera indigestión, una sobreabundancia de revolución, un verdadero hartazgo. La realidad quedó como un pálido reflejo de la hinchada y grandiosa Revolución, la permanente y la interrumpida, la eterna y la coyuntural, la única, la omnipresente, la inevitable.

comentarios:

Comentario de: Luis Hernandez [Visitante]
Aunque no he tenido la oportunidad de leer el libro de referencia, he seguido la columna que escribe el sr. Schettino en el Universal todos los lunes (antes era los martes, pero yo creo que Camacho Solis se quejo porque Schettino frecuentemente criticaba las columnas de los lunes del susodicho tecnocrata-revolucionario).

En ese sentido y apoyando lo que esgrime el Maestro Bartra en este post, considero que a Schettino le ayuda a su análisis frío sobre la revolución el hecho de analizar la vida política de México, desde un espacio tan "antiséptico", como lo es el ITESM, alejado de las ideologías que por tantos años han permeado en las escuelas de Economía y Filosofía de las universidades públicas.

Tal vez a nuestras queridas facultades les haga falta algo de aire fresco para analizar mejor las nuevas realidades de México.
14 de Noviembre
Comentario de: Aurelio González [Visitante]
Yo creo que la palabra “revolución” la han convertido en una aberración. Bien decía Ortega y Gasset que una revolución es preocupante, pero institucionalizarla ya es demasiado. ¿¿“revolucionario institucional”?? ¿¿revolución democrática?? Yo creo que ya basta de andar destruyendo para dizque volver a comenzar, más bien creo que hay que evolucionar a partir de lo que tenemos y de lo que somos. Pienso que este tema debe tener prioridad en las reflexiones de la conmemoración de la independencia y la revolución.
15 de Noviembre
Comentario de: Ramiro Peña [Visitante]
El Señor Bartra toca un tema interesante al decir que “la sociedad civil entiende cada vez menos los programas económicos y financieros” impuestos desde arriba, sobre todo si falta “una traducción a términos y símbolos culturales y morales.” Y en efecto, esto es lo que estamos viendo en las precampañas en los Estados Unidos: No hablan los especialistas, hablan los candidatos y sus guionistas (y con frecuencia lo hacen en términos metafóricos o simbólicos, buscan su “narrativa política.”) Pero no estamos tan seguros que este fenómeno promueva “nuevas formas de legitimidad democrática.” ¿Qué decir de la “traducción” chavista de los programas económicos neoliberales? En el polo opuesto, ¿qué pasa cuando un Ronald Reagan ofrece una interpretación de la libertad que da al traste con todo el programa del New Deal? Este “desplazamiento... hacia los territorios culturales” no está exento de riesgos.
15 de Noviembre
Comentario de: Edgard M. [Visitante]
Cierto historiador dijo que la revolución, tan pronto triunfa y se instala, deja de serlo y se convierte en contrarrevolución. Estoy de acuerdo con que hemos inflado desmesuradamente el hecho político revolucionario no sólo en México sino en Nicargua y hasta en la misma Cuba. Me parace aceptable correr el riesgo en la apuesta por la culturización de la sociedad, aunque esto sea contrario a los dictados marxistas (qué problema el nuestro de buscar siempre un respaldo doctrinario como si la probreza que nos hunde no fuera causa suficiente para levantarnos). leámos el libro porque será de utilidad para todos los latinoamericanos, o los no-americanos.
16 de Noviembre
Comentario de: Eric Nava [Visitante]
Sorprende el "deslumbramiento" que puede provocar la obra de Macario Schettino. Sin restar mértico a su intento por "radiografiar" el siglo XX mexicano, me parece que su aportación es más bien limitada. Sugiero la lectura -o relectura, según el lector- de la compilación realizada por Gilbert Joseph y Daniel Nugent "Aspectos cotidianos de la formación del estado", un interesante esfuerzo colectivo por tratar de analizar, desentrañar y describir la dialéctica relación Estado/Hegemonía/Cultura en el México moderno dentro de un marco teórico e histórico de amplio alcance.
20 de Noviembre
Comentario de: Erick C [Visitante]
Me sorprende mucho el entusiasmo del Dr. Bartra por un libro tan amarillista y chafa. Conociendo el trabajo de Bartra, y habiendo leido el libro de Schettino, uno no puede sino concluir que don Roger tuvo que tener y que echarle muchas ganas para encontrar lo que encontro de valioso. Vale mas la pena el trabajo de interpretacion que Bartra hace del libro que el libro en si. Erick C
20 de Noviembre
Comentario de: Miguel Ángel de Jesús Esparza Aldaba [Visitante]
No hay ninguna sorpresa, la "Revolución" mexicana es, efectivamente, un mito completo. Nunca se consumó esa guerra del poder por el poder, no existe ninguna conclusión al respecto. A mi parecer, la Revolución mexicana nació sin una ideología específica, los únicos que mantenían cierta congruencia cerebral eran los magonistas, a los que, por cierto, tampoco convenían a los "revolucionarios" por su integridad intelectual anarquista. Luego fue que los regímenes iniciados por el PRM adoptaron posturas socialistas, sin embargo, en el fondo, esa tradición de "padrinos" políticos ha estado metamorfoseándose conforme a la circunstancia de los propios intereses en el contexto del devenir nacional.
21 de Noviembre
Comentario de: José Antonio Limones Cruz [Visitante]
Lo único malo de todos estos dizque intelectuales es que afirman por ejemplo de la aplicación de la democracia en España y México,en el primero existe todavía un rey al cual idolatran como un dios,y cada día, es más rico con los negocios que está haciendo aquí en México,por eso le ladró al de Venezuela porque se le cayeron sus negocios y luego habla de democracia en México,y yo le preguntaría ¿y los fraudes electorales de 1988 y el del 2006 promovidos y apoyados descaradamente por el pri y el pan?,lo que pasa que este doctorcito está de acuerdo con las politicas de explotar y subyugar al ser humano´por eso es enemigo de lass revoluciones.
21 de Noviembre
Comentario de: Oscar Pujol [Visitante]
La Revolución, al igual que la Independencia, fue iniciada por unos y consumada por otros. Traición, venganza y defensa de intereses e ideologías muy particulares y ajenas a la (buena o mala pero real) idiosincracia nacional. Un liberalismo terriblemente conservador que creó un partido - gobierno de izquierda hacedor de grandes fortunas capitalistas, monopolios sindicales rentablemente improductivos, universidades públicas con "propietarios" muy prosperos. Funcionarios públicos ultradefensores de la educación pública, laica y revolucionaria pero que sus pollitos fueron a las mejores colegios de la ciudad y estudiaron en las mejores universidades particulares.

Mi despertar en las Historia de México fue causado por pequeño libro llamado "Historia Mínima de México" de Daniel Cosío Villegas. A partir de entonces no cesa mi curiosidad intelectual por conocer la "Otra Historia de México"

Alabo este tipo de obras como la del Sr. Schettino que nos muestra esa otra historia que nunca conocimos en los románticos y azucarados libros de texto gratuitos de nuestros gobiernos revolucionarios.

Nada más como dato curioso, este 20 de noviembre salio a flote ese México "revolucionariamente conservador". Al menos en mi ciudad el desfile (muy desangelado por cierto) fue el día 20. ¿Qué no debió celebrarse el 19?. A los escolares que desfilaron les resultó muy "útil" cultivar el amor por los héroes que nos dieron patria... y un día de azueto extra.
22 de Noviembre
Comentario de: Biondetta [Visitante]
Buenos días,
Una pequeña apostilla a un comentario:
en España, ¿saben?, hay monárquicos, republicanos, anárquicos,..., esto es, pluralidad. Algunos idolatran y se inclinan al saludar, pero otros
muchos no. Si se generaliza se cae en el engaño y se banaliza.
Un saludo muy cordial desde la distancia espacial.
01 de Diciembre
Comentario de: mario [Visitante]
El hombre evoluciona, irremediablemente, una revolución consiste en acomodar la realidad de ese hombre a esa evolución. Revolución y luchar armada, para muchos es sinónimo, cuando en realidad es una permanente actitud de los pueblos ante esa "evolución". La izquierda marxista cree que ella es la solución a todos los problemas desde la institucionalización de la dictadura del proletariado (?), sin observar que el hombre es hombre, con sus más y sus menos y que solo puede sostener, a la comunidad de que se trate, dentro de parámetros "humanos" con la implementación de la justicia, la equidad, la solidaridad y con líderes inspeirados en estos principios. De lo contrario volveremos a empezar una y mil veces.
06 de Enero
Comentario de: José Manuel Ruiz Regil [Visitante]
Se me antoja muchísimo acercarme a esta obra. Por alguna razón-intuición nunca antes me han cuajado las ideas históricas que he escuchado. A las anécdotas les ha faltado verosimilitud. Hay un empeño escolar por hacernos creer que historia y cultura es tener información y no hacer preguntas, relacionar sucesos, indagar razones. Me entusiasma mucho la posibilidad de acercarme a una visión de la historia que en verdad me catapulte hacia conclusiones que creen futuro.
09 de Enero
Comentario de: Miguel Angel Vega [Visitante]
Audaz!

La sencillez de lectura captura, al concluir el libro tuve la sensación de que hay muchos otros mitos por analizar bajo esta óptica en nuestro país.

Definitivamente Schettino es fuente de inspiración personal, compatible por esa particular visión de la realidad.

Leo con regularidad la columna del autor, me parece que hay más gente que también lo hace y no lo sabía, ya que al leer el libro amigos cercanos me lo han confesado.

Felicito al autor por el planteamiento, que desde mi punto de vista representa un ajuste de cuentas (impersonal) y de exposición impostergable para la presente generación de mexicanos.

Saludos
22 de Enero
Comentario de: Miguel Angel Guzmán [Visitante]
La lectura que Schettino hace de la revolución mexicana me parece ingenua y parcial. Ingenua porque ante un análisis profundo de la revolución mexicana, como el que él hace, la historia que no sobrevive es la historia de bronce que se imparte en las escuelas de educación básica. Cualquier estudioso serio de la historia sabe que la revolución no es lo que se enseña en dichas escuelas. Cuando Macario Schettino dice que hemos vivido una mentira no hace sino volver evidente el desencanto juvenil de un ingeniero; su afirmación no es nueva para un historiador.
Por otro lado, es parcial porque hace referencia a la revolución desde su dimensión ideológica, no histórica. Independientemente de cómo sea utilizado un hecho o proceso históricos por el grupo gobernante (de cómo sea ideologizado), los hechos y procesos históricos afectan a quienes los viven directamente o a sus consecuencias. La revolución no es mentira para el IMSS, PEMEX, CFE y otras empresas e instituciones emanadas de los gobiernos revolucionarios que durante todo el siglo XX imprimieron un modo de vida al pueblo mexicano.
07 de Febrero
Comentario de: José Reyes [Visitante]
Me parece que Schettino incurre en una especie de soberbia provocadora, y tiene la virtud de inducir a un necesario debate sobre la naturaleza de la revolución mexicana de principios del siglo xx. Los significados que se le han atribuido a ese formidable proceso político-social-cultural han adquirido tonos distintos y contrapuestos a lo largo del último siglo; las interpretaciones inevitablemente están permeadas por intereses, creencias, fobias o estados de ánimo.

Pero la propuesta extrema del autor, en el sentido de que la revolución mexicana en realidad no existió, de que los hechos ocurridos en1910-1917 no sirvieron para nada positivo y la indea implícita de que las revoluciones son y han sido inútiles, realmente no tienen sustento histórico, documental o teórico. Si el autor pretende recategorizar los procesos sociales, políticos y culturales del siglo xx mexicano, tendría que hacerlo aon un rigor y una metodología mínimos que garanticen que la "realidad" que descubra, los mitos que desenmascare, generen en su imaginario (del autor)una especie de nihilismo conservador.
14 de Febrero

Dejar un comentario:

Tu dirección de email no será mostrada en este sitio.
Tu URL será mostrada.

Tags XHTML permitidos: <a, p, ul, ol, li, dl, dt, dd, address, blockquote, ins, del, span, bdo, br, em, strong, dfn, code, samp, kdb, var, cite, abbr, acronym, q, sub, sup, tt, i, b, big, small, img>
(Los saltos de línea serán <br />)
(Ajustar cookies por nombre, email y url)
(Permitir a los usuarios contactar contigo por un formulario de email (tu email NO será mostrado.))

Últimas entradas:

Liga RSS

¿Qué es RSS?

Síguenos en:



Foto de Roger Bartra cortesi??a Grupo REFORMA / Miguel Tovar