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Detalles de la entrada: Cantos nazis

10 de Febrero


Categorías: Artes, Opinión

Cantos nazis

"No es una apología del nazismo, por el contrario", me dice la gentil directora del Museo Universitario Arte Contemporáneo, Graciela de la Torre, antes de entrar a la exhibición Cantos cívicos del artista Miguel Ventura. "Es una crítica feroz", agregan los amables funcionarios que me acompañan en el recorrido. "Este viaje -explica un cartel puesto en la entrada- parte de una parodia a los sistemas totalitarios que tuvieron su mayor significación histórica en el nacionalsocialismo y sus crímenes de lesa humanidad. A partir de allí y hasta nuestros días, estas prácticas sociales y políticas han conocido otros polos de desarrollo que la ficción de Cantos cívicos quiere someter a crítica". La inmediata profusión de suásticas y signos de dólares revela que esos "polos" son, en realidad, un "polo" único: el neoliberalismo. "Al asociar el nazismo al neoliberalismo -se me instruye- el artista representa y denuncia los crímenes de esas ideologías: el neoliberalismo es tan deleznable como el nazismo". Advertido pues de lo que la exposición quiere y no quiere expresar, penetro por un estrecho túnel de plástico transparente al mundo de Ventura.

Se trata de una instalación en tonos predominantemente amarillos y rojos que semeja el interior de una gran casa hecha con cubos de "Lego". Una ornamentación compuesta por miles de pequeñas suásticas de poliuretano. El visitante recorre los pasillos y laberintos, se desvía a recintos laterales, sube un piso, presencia a través del cristal un laboratorio de ratas vivas. Pero el foco de atención no es tanto la estructura física como las imágenes expuestas en sus paredes, que, con un efecto caleidoscópico, presentan la tesis de Ventura.

"Es una parafernalia sin contenido", dice uno de mis acompañantes, y abunda: fue tal el "rechazo" de Ventura al nazismo que desde hace muchos años se puso a coleccionar todo tipo de objetos de aquella época. En mi modesta visión, la "parafernalia" tiene contenido. ¿Qué veo? Veo alineadas cientos de fotos o postales de oficiales nazis, hombres jóvenes en su inmensa mayoría, varios de la S.S., perfectamente limpios, marciales, rubios, arios. Veo también pinturas de oficiales nazis en tiernas escenas familiares, libros de juegos infantiles regalados por el Führer, juguetes alusivos y cuadernos de cantos escolares (que hacen un eco con los coros marciales, los himnos, las canciones o variaciones de la época que los visitantes escuchan en el recorrido). Veo óleos bucólicos, paisajes montañosos, páginas extraídas de revistas y álbumes. En una de las paredes, la marcha visual de los oficiales nazis desemboca de pronto en un collage de recortes homoeróticos. No lejos de allí el paseante puede contemplar una muestra de penes erectos. Hay también figuras de ratas en el piso y platos de excremento en varios muros. El nazismo mexicano está presente (sin explicación) en los textos laudatorios que en 1940 publicó sobre Hitler uno de los mexicanos más célebres de la historia: José Vasconcelos.

Al neoliberalismo, ese otro "poder totalitario" que Ventura ha querido denunciar, se le representa con un despliegue de fotografías de militares estadounidenses, y otras figuras del Establishment de ese país: patronos del arte, jerarcas del dinero (algunos con nombre judío como Rotschild, Rothenberg, Blavatnik), economistas (Milton Friedman). Todos comparten el espacio con Hitler. Pero como el neoliberalismo, bien se sabe, ha infectado a México desde hace varias décadas, Ventura enmarca a Hitler junto a Miguel Alemán, Maximino Ávila Camacho y algunos famosos empresarios mexicanos de los años cuarenta. En otra sección aparecen recortes recientes de páginas sociales, rostros de la burguesía y fotografías de Carlos Salinas de Gortari, acompañado de empresarios muy conocidos. Son los nuevos "nazis" de México.

Noventa mil personas, la mayoría jóvenes, han visitado la exposición. "Discuten mucho", me dice la directora. El dato, confieso, no me convence. ¿Qué clase de parodia es ésta, que, de tan ambigua o tácita, es incapaz de sostenerse por sí misma y tiene que recurrir a "facilitadores" externos que la justifiquen? La obra es tan pretenciosa y autorreferencial, tan complacida de su supuesta y delirante lucidez, que no alcanza a darse cuenta de los inmensos equívocos que propaga. El caos de imágenes y conceptos que acumula se resuelve en un error ético-político verdaderamente grave. Cabe resumirlo en tres argumentos.

Hablar de "totalitarismo" en el mundo moderno sin hacer la menor referencia al totalitarismo comunista es no hablar de totalitarismo. O peor aún, es encubrir al totalitarismo de izquierda. El comunismo en su vertiente soviética y china dejó una estela de terror, hambre y muerte apenas comparable con la del régimen nazi en la Segunda Guerra Mundial. Sólo en el caso de Stalin y Mao (por no mencionar los crímenes de Kim Il Sung y Pol Pot) se trata de decenas de millones de muertos (perfectamente documentados) como resultado de hambrunas, deportaciones, persecuciones, confinamientos, ejecuciones y actos de abierto exterminio.

Una crítica del nazismo que no hace referencia al Holocausto no es una crítica al nazismo: es, por lo menos, un ocultamiento del nazismo. Ventura se regodea (por repulsión, claro está) en los sonoros cantos nazis pero guarda total silencio sobre el Holocausto: ni una imagen, ni una cifra, ni un texto, ni un atisbo. Me pregunto qué pensará un joven preparatoriano que carezca de la información básica sobre el tema (los hornos crematorios, el asesinato sistemático de seis millones de personas incluido un millón de niños) al recorrer la exhibición. ¿Qué elementos tendrá para ponderarla, compararla, "discutirla"?

En opinión de Ventura, "el nazismo es parte de una estructura capitalista occidental que existe todavía hoy bajo muchas formas". Más allá de todos los abusos e injusticias imputables a la economía de mercado o a las tropas norteamericanas en Iraq, ¿son en verdad equiparables al horror nazi? ¿En verdad son lo mismo Hitler y Milton Friedman? ¿Qué estadísticas sustentan esta comparación? Por otra parte, no está de más recordar que el nacionalsocialismo detestaba al liberalismo y sospechaba del libre mercado. En esto sus raíces intelectuales se asemejan más bien a las del socialismo inscrito en su propio nombre.

Cantos cívicos, cuya ambición es convertirse en una "obra de arte total", no es más que un confuso carnaval de símbolos en el que todo equivale y, por eso mismo, todo da igual. Por su fascinación con la estética del nazismo y su rechazo a incorporar el tema del Holocausto, la intención paródica de Ventura no produce una denuncia sino una trivialización.

Eso, en el mejor de los casos. La directora me dice que en una ocasión, a la salida de la exposición, vio a una joven llorar. El dato no me conmueve. En esa circunstancia, su llanto pudo tener cualquier origen menos el del dolor infligido por el nazismo al género humano. Ese dolor no está en la exposición. Ese dolor se enmascara en la exposición. Lo que Ventura dice es... lo que dice que no dice. Su crítica no es crítica: su crítica es propaganda. Cantos cívicos son "Cantos nazis": indignos del maravilloso recinto que los alberga, indignos de la magna institución que, inexplicablemente, los acoge.

- Enrique Krauze

comentarios:

Comentario de: Juan [Visitante]
"Por otra parte, no está de más recordar que el nacionalsocialismo detestaba al liberalismo y sospechaba del libre mercado."

Pero no al capitalismo claro está. Si no pregúntenle a los Krupp, Thyssen, Siemens, Schroeder, I.G. Farben, Deutsche Bank, etc.
10 de Febrero
Comentario de: Olivier [Visitante]
No estoy tan seguro de que las estadísticas que hacen al Nazismo tan terriblemente inolvidable en la historia sean equiparables con las que arroja el Capitalismo voráz, pero pudiera ser un buen ejercicio el ponerlas sobre la mesa, enumero algunos que me llegan a la mente que pudieran ser considerados como las estadísticas terribles del Capitalismo:
- Muertos en el golpe Pinochetista
- Muertos en el golpe de la United Fruit en Guatemala
- Muertos en el 68
- Muertos en la guerrilla Nicaragüense.
- Muertos en los golpes de estado en Ecuador.
- Muertos de hambre
- Muertos por el cambio climático (no 100% achacables al capitalismo)
- Irak, Bolovia, Honduras, El Salvador.
- Muertes por el Narco,
etc...
No se a cuanto asiendan las victimas sumandolas todas, espero no se equiparen a las del nacismo, eso sería horrible.
Salud
10 de Febrero
Comentario de: Eva Noyola [Visitante]
Habiendo visitado la exhibición creo que no me puedo decidir entre la apología, la crítica feroz, o la propaganda. Viendo la gigantesca y agresiva colección de imágenes y objectos, me fue imposible sacar ninguna conclusión política. Los símbolos ahi presentados están tan disconexos y rodeados de una estética tan desagradable, que dudo que le dejen una idea clara al visitante medio.

No me parece una buena exhibición en absoluto, pero creo que embona perfectamente en la moda de los museos de arte moderno de todo el mundo (de los cuales he visitado varios en los últimos años). Muchos claman presentar orginales piezas transgesoras, cuando en la mayoría de los casos se trata simplemente de piezas feas y pretenciosas. Muy seguido es imposble descubrir la meta del artista sin leer alguna explicación. Ni modo, parece imposible evitar dichas éste tipo de contenido en todos lados.

Afortunadamente, en casi todos los museos es posible encontrar piezas interesantes cerca de las piezas pretenciosas. El MUAC tampoco es una excepción en ese respecto, vale mucho la pena visitarlo.
11 de Febrero
Comentario de: Rufino [Visitante]
La estupidez sigue ganando terreno en México. He aquí tres casos que presencie en un mismo mes:

1) En el parque un joven moreno y bajito, que iba acompañado de su novia, estaba peleando con otros dos jóvenes porque le recriminaron, con florido lenguaje, que trajera en su "cangurera" una suástica, el ofendido "neonazi" fue a llamar a dos policías con quienes acuso a los groseros jóvenes. Los jóvenes descaradamente mintieron diciendo que el "neonazi" los había atacado y que además estaba prohibido traer ese símbolo asesino, en ese momento se acerco un funcionario delegacional e instruyo a los jóvenes en que todos tenían derecho de elegir, los jóvenes groseros le contestaron que nadie tenia derecho a elegir opciones criminales y les comentaron al funcionario y al "neonazi" el destino que hubieran sufrido en manos nazis. Finalmente todo mundo siguió su camino.

2) Una señora de unos sesenta años de edad esta haciendo ejercicio con una camiseta negra con una enorme suástica roja.

3) En la mesa de al lado en un restaurante un tipo gordo esta platicando en voz demasiado alta a un apenado compañero de mesa que le "va" a los nazis, que le hubiera gustado que ganaran y que tiene una gran colección de parafernalia nazi.

Sería muy bueno y es muy necesario hacer una campaña de información permanente de la atrocidades cometidas por el nazismo.

Aunque ya lo es moralmente, debería tipicarse como delito portar simbología nazi.
11 de Febrero
Comentario de: Martín Balderas [Visitante]
Me parece buena la reflexión de Enrique Krauze en el texto. Ciertamente el arte, como tal, debe reflejar ideas, dejar ver la posición del artista ante circunstancias, situaciones, personas, hechos, etcétera; de ello deriva la apreciación que se pueda hacer, por parte de quien es espectador, el ideario del artista. Basta leer el texto de Reiman que aparece en letras libres de febrero para ubicar la función del arte cuando trasciende al comportamiento del ser humano. No creo que la propuesta de Ventura tenga un contenido artístico-crítico de lo que significó para el mundo el nazismo, ya que desvincular a este del holocausto, en mi opinión, significa pretender justificar a este último en aras de una falsa tolerancia. Un saludo.
11 de Febrero
Comentario de: R Cuervo [Visitante]
Primero, afirmo que esto no es arte.
Pero es lo que hay y casi por definición el arte contemporaneo es transgresor y preferentemente repulsivo. Polémico. En este sentido cumple.
Pero me pregunto: la instalación de Miguel Ventura debe ser históricamente "precisa" o "correcta"?.
Al no serlo deja de ser arte?.
O es que al no precisar el holocausto judio está haciendo una apología del nazismo?.
O mas bien velada o inconcientemente implica la negación del holocausto judio (por que del gitano ni quien se ocupe)?.
Es esto lo que se pretende?
Por que supongo que no se trata de discutir, velada o inconcientemente, que aquí también se podría tipificar como delito negar el holocausto judio (como ocurre en muchos países de Europa).
Por que ya puestos en esto, los millones de muertos de los totalitarismos de izquierda "perfectamente documentados" no han sido cuestionados como ocurre con los millones del holocausto judio. Ni vehementemente defendidos.











11 de Febrero
Comentario de: César [Visitante]
Sinceramente el escándalo de la tan mentada exposición en el MUAC -qué nombre tan feo, por cierto- es una franca exageración. Curiosamente, hace algo más de un año en la revista española de artes A lápiz se preguntaban porqué la sociedad de ese país aún no era capaz de ejercer una ironía artística con el regimen franquista y sus símbolos semejante a la que en otros países se hace con la simbología nazi, fascista y stalinista. Nosotros, más papistas que el Papa, nos escandalizamos y hacemos voto de censura por una simple y muy aburrida exposición. En fin, ¿cuál es nuestro miedo? En Alemania está prohibida cualquier insinuacion de simbología nacionalsocialista, algo de lo que Gunther Grass se mofaba señalando la hipocresía y la doble moral (la misma que se escandalizó cuando se supo que fue miembro de las juventudes hitlerianas; sociedad puritana de lo histórico, hipócrita)... Las semillas de los totalitarismos no se erradican prohibiendo la memoria histórica, sino evitando caer en soluciones semejantes... En México, por ejemplo, ¿cuántos fascistas de lo mexicano no existen? No utilizan simbología nazi -ni quieren hacerlo-, recurren a nuevos caudillos y a nuevos símbolos. No hace falta mencionarlos: tanto de derecha como de supuesta izquierda (socialismo y nacionalismo), tanto "amigos" de los indígenas como supuestos "salvadores" de los desamparados...

Ahora, sobre la exposición, si ésta es mala no es por una crítica moralina, sino porque... pues porque es mala. Es aburrida, lineal, propia de un supermercado... Peor todavía, es una exposición que, para funcionar, exige una explicación de lo que intenta decir... Una vez más: es el comentario y la interpretación de las intenciones del autor lo que cuenta, no la obra por sí misma... El imperio de lo racional y de la supuesta crítica sobre lo sensible, sobre el arte...
12 de Febrero
Comentario de: Alex Borges [Visitante]
Tons la cosa es que en una exposición sobre lo terrible del totalitarismo (pregunta: si se intenta hablar del totalitarismo fascista, excluyendo a los comunistas, se cae en el mismo problema de omisión que señala?), se pretende ligar al neoliberalismo y, además, ni siquiera se hace mención al holocausto.

Ni he visto la exposición. Hay que empezar por ahí. Creo que la crítica a la instalación, justo hasta donde dice: "Su crítica no es crítica: su crítica es propaganda.", es impecable, muy bien escrita y, qué le digo, se la agradezco.

Sin embargo el remate.... el remate... ese condenado remate... ese tiene jiribilla, tiene recocidos, tiene entuertos.

Su crítica, estimado Dr. Krauze, está en lo que no dice. Si hemos de aceptar su premisa de que esta exposición es propaganda mucho me temo, Don Enrique, que tenemos que concluír que su crítica también es propaganda.

Quiere ver dentro del artista y concluír que pretende la reivindicación del nazismo.

Sólo le faltó decir (aunque lo dijo: es usted un verdadero maestro del asunto de escribir), que los movimientos de izquierda moderna que equiparan el daño del neoliberalismo con el nazismo no son sino una cara más de éste último.

Cae, me parece, en el mismo error ¿cómo lo puso usted?... ético-político del que acusa al artista.

Para sumarnos a su juicio sobre lo indigno que es tener a esta exposición en el recinto, tendríamos que creer que nada ha hecho el neoliberalismo al mundo que sea comparable con lo que el nazismo ha hecho.

Y mire. La cosa es que yo me defino a mi mismo como liberal, pero no por eso ando aplaudiéndole a Reaggan por sus sangrientas intervenciones en centroamérica, ni me pongo a aplaudir por el ascenso de pinochet al poder (¿Usted sí?).

Y sí creo que lo de Nicaragua o El Salvador, para los que lo vivieron, fué una cosa bastante sangrienta, muy cerca de lo que sufrieron esos millones de judíos en el holocausto (salvo, claro, la locura científico-etnocida de los nazis).

Y también creo que esos procesos se dieron con el decidido apoyo del complejo militar industrial norteamericano y en defensa de los intereses de varias empresas. Creo, además, que estos son hechos históricos e inocultables: es la verdad. Los gringos fomentaron y/o realizaron invasiones y apuntalaron sangrientas dictaduras (bueno, recordemos a Hussein, al Sha y a los Talibanes!) en todo el mundo.

Nunca he estado muy de acuerdo con la satanización de lo que ahora se quiere denominar "Neoliberalismo". Me jode el mal uso de la palabra. Me parece un pésimo término para definir a quienes, simplemente, dan más valor a su avaricia que a la vida humana y a la posibilidad de una convivencia pacífica e igualitaria entre naciones, credos o personas. Los liberales no piensan así. Los liberales somos humanistas primero, a partir de ahí, defensores de la naturaleza ambiciosa del hombre como motor de su desarrollo y el de su sociedad.

La cosa es que bien puede ser que tenga usted razón en todo lo que aquí escribe. Es más, tiendo a coincidir con usted en casi la totalidad de los puntos.

Excepto, claro, en su intento de olvidar lo que el estado norteamericano al servicio de las grandes empresas ha hecho en todo el mundo que, creo yo, es perfectamente comparable, si es que damos el mismo valor a la vida de un Norcoreano que a la de un Argentino, Chileno, Afgano, Pakistaní o Nicaragüense, a muchas de las salvajadas de los nazis.

Por lo demás, de acuerdo con usted. Nomás le digo que si va a acusar a otros de omisiones, revísele bien, no le vayan a encontrar las suyas.

PD: De último momento, me percato que olvidé decir que sí, que los regímenes comunistas eran unos asesinos y lo siguen siendo y, más allá, que repudio la idea de que China sea bienvenida en la comunidad de las naciones como si fuera una democracia porque el mercado le ha funcionado.

Nada de eso: ese lugar de democracia no tiene un pelo y falta MUCHO que los "liberales" critiquen este estado de las cosas.... (hombre, corrigiendo mi omisión, encuentro algunas más en algunos "liberales")...

12 de Febrero
Comentario de: Luterblis [Visitante]
Estoy completamente de acuerdo con César. Resulta gracioso el denuesto de una exposición artística con argumentos morales. Aun tratándose del nazismo.
El comentario sobre el holocausto es más una exigencia académica que una crítica de orden estético. Ahora resulta que el arte también debe suplir a la Secretaría de Educación al mostrar lo que “realmente” sucedió.
12 de Febrero
Comentario de: EL otro Diego Luna [Visitante]
Para mì la cosa es simple:
SI eres un artista y quieres montar obra con contenido polìtico o con intenciones historicistas, ponte a leer primero.
Y aprende que, si tu obra resulta una estupidez desde el punto de vista històrico, te van a llover crìticas de historiadores que saben màs que tù.
Por eso, zapatero a tus zapatos.
Poner una foto de Azcàrraga junto a una de Hitler es, por decir lo menos, digmo de un mal collage del CCH.
13 de Febrero
Comentario de: Alfredo Mendoza Servín [Visitante]
Diego Luna, si te interesa puedes leer "Los Nazis en México" de Juan Alberto Cedillo, así podrás tener una visión más clara del porque puede vincularse una imagen fotográfica de Emilio Azcárraga Vidaurreta con otra de Adolf Hitler.
15 de Febrero
Comentario de: Silvia Chávez [Visitante]
Estoy de acuerdo, en general, con el Sr. Krauze.
http://www.alitter.tv/cultura/ratas_de_museo.html
16 de Febrero
Comentario de: Rufino [Visitante]
Les comparto mi sentir después de ver la porquería de marras. Mis vivencias personales me hacen pensar que algo es arte cuando ese algo me lleva por medio de su composición a experimentar cierta cosa que me es imposible explicar con palabras, lo que experimente si lo puedo expresar: aburrimiento en cuanto al montaje, repulsión en cuanto a la insinuación y desprecio por la pretensión.
17 de Febrero
Comentario de: El otro Diego Luna [Visitante]
Mendoza, gracias por darme la razón. Si yo tengo que leer ese librazo para entender por qué "viene al caso" poner una foto de un hombre que mató a seis millones de personas junto a la de un radiodifusor en México, quizá sería bueno que le pidieras a la UNAM que repartiera el libro durante la instalación. Lo dicho: el arte que necesita explicación no es arte: es basura.
Por cierto: si la intención era sólo trazar un contacto en la historia, ¿por qué incluir también una foto de Azcárraha Jean? Creo que no entendiste nada, Mendoza. Y ese es el problema con esa "instalación" del MUCA.
17 de Febrero
Comentario de: batirze [Visitante]
Un artista verdadero no necesita "explicar" su obra para que lo entiendan. Sólo un mediocre tiene que dar explicaciones para evitar malentendidos o interpretaciones no deseadas.
Cuando Marcel Duchamp exhibió su famoso mingitorio, no puso letreros aclaratorios ("Esto no es para orinar...", etc.)
17 de Febrero
Comentario de: Schlinder [Visitante]
Es muy lamentable que las autoridades universitarias permitan que el MUAC sea inaugurado con una exposición que únicamente deteriora la imágen de la UNAM y confunde a los jóvenes. Al mismo tiempo, mantiene en la indecisión burocrática al Archivo Rotográfico Ricardo Salazar, que bien podrían emplear para dar a conocer la memoria gráfica de los escritores mexicanos. Eso sí es cultura y en ello deberían invertir.
20 de Febrero
Comentario de: Alfredo Mendoza [Visitante]
Sr. Luna, me resulta incoherente que proponga al artista una lectura previa cuando tal encomienda a usted le resulta ofensiva. Le confieso que su indignación ante una obra que lo provoca a cuestionarse, lejos de ser didáctica o simplona, me parece un síntoma de lo más común en el mercado actual del arte, atiborrado de propuestas complacientes para su consumo. Concuerdo con el crítico C. Medina al sugerir a las personas que se dirijan a una iglesia si lo que buscan es una significación estricta y sin espacio para la duda. Personalmente me resulta claro que la propuesta expuesta por el Sr. Ventura contiene una extensa investigación en su preparación.
Le sugeriría revisar la historia del arte y consultar artistas como Carl Andre, Donald Judd, Paul McCarthy, Mike Kelly, pero entiendo de antemano que la tarea de educarse como público para Usted raya en la exageración.
20 de Febrero
Comentario de: El otro Diego Luna [Visitante]
Le agradezco al señor Mendoza su barroco comentario. Pero me ha dejado confundido. Por eso, le pido me explique algunas cosas:
¿Qué tiene que ver el arte minimalista y geométrico de Carl Andre o Donald Judd en un debate sobre una instalación como la de Ventura?
Lo de Mike Kelley (se escribe con “e”, señor Mendoza) lo entiendo, pero lo de Andre y Judd me ha desconcertado. ¿Sería usted tan amable de explicarme la lógica detrás de su sesudo razonamiento?
Yo, desde mi rinconcito humilde, le recomiendo que estudie a Kara Walker. Si Ventura fuera Walker, el MUAC sería el Whitney.
20 de Febrero
Comentario de: Alfredo Mendoza [Visitante]
A petición del otro Diego Luna:
La pieza, entre muchas otras cosas, es una crítica al arte minimal que aparentemente a influenciado de sobremanera el modo de operar del arte actual, incluyendo la presentación obsesivamente pulcra y el montaje políticamente correcto practicado, entre muchos, por tu Whitney Museum. De allí esta elección por el orror al vacío que muestra la exposición, con similitud a las intrincadas calles de Tepito y opuesto a un montaje del MoMA (que como comenta Ventura se asemeja a un mall). No de manera gratuita proyecta la instalación infinidad de reticulas desde el armado de la estructura contenedora (por cierto de forma órganica), hasta las formadas esquizofrenicamente por los cruces de cinta yurex como protección de las múltiples imágenes, que lejos de responder a un material pulido, perfectamente escuadrado y perdurable para su almacenaje, optan por soluciones desechables, contaminantes y efímeras como el unicel, el fomi, el plástico burbuja, la inacabable cinta adherible…
No podemos dejar fuera en esta enumeración al afamado Gabriel Orozco, quien también resulta parodiado con sus “árboles samurai” producidos industrialmente (como bloques) por sus asistentes; segmentados en mitades y cuartos, revelando trazos rectos como los dibujados en su cráneo de papalotes negros y en su refrito en un esqueleto de ballena haciendo alusión a piezas como las de C. Andre, con su modalidad donde los cuadrados son dictados por círculos. Por cierto, dicha decoración también la encuentras en la foto montada de Vanity Fair, donde se exponen y enmarcan las grandes celebridades del arte, con Kara Walker incluida y la ausencia de McCarthy y Kelley que se han opuesto a tal visión reduccionista del minimal.
De manera contraria a lo que resulta ser un objeto sin referencia e inerte, esta instalación cuenta con las ratas Wistar, con su habitar y su adiestramiento, lo que impide una obra concluida desde su inauguración, por el contrario enfatiza el proceso. Este tipo de ratas albinas, resultan ser las óptimas para convivir con las personas porque están a expensas de lo que uno decida enseñarles. Me parece enriquecedor que los politólogos se avienten a dar su punto de vista de la exposición de arte aunque no sea su área, pero no veo porque los demás deban aceptar tal conclución sin cuestionarse y escarbar su indagación propia, de manera similar al estudiante de prepa indefenso, sugerido en el artículo de Krauze (y en otros afines), el cual me parece esbozan como un sujeto atrofiado de sus facultades mentales, incapaz de cuestionarse el porque no se le informó en su educación sobre la revista impulsada por José Vasconcelos favoreciendo al nacionalsocialismo. Personalmente me choca un tanto la idea del alumno bien portado del instituto wistar.

21 de Febrero
Comentario de: El otro Diego Luna [Visitante]
Señor Mendoza, déjeme decirle –y esto no va en detrimento de su académica respuesta– que discursos como el suyo son precisamente los que hacen que el arte contemporáneo se debata, para mí, entre el tedio y la comedia.
“por los cruces de cinta yurex como protección de las múltiples imágenes, que lejos de responder a un material pulido, perfectamente escuadrado y perdurable para su almacenaje, optan por soluciones desechables, contaminantes y efímeras como el unicel, el fomi, el plástico burbuja, la inacabable cinta adherible”
God, have mercy!
EN fin, le agradezco su respuesta. Me pareció interesante.
Lo único que le pediría es que dejemos a un lado la (inexistente) exclusión de artistas como McCarthy y Kelley del “mainstream” como argumento en un debate sobre el arte como declaración político. Primero, por es falso: usted debe saber que el 2008 representó un año consagratorio para McCarthy y el Whitney. ¿Vio usted la exposición? Quiero suponer que sí. La idea de la exclusión (inexistente) como justificación sólo aplica en nuestro México, donde todo es conspiración.
Por lo demás, le agradezco que haya hecho referencia a “Vanity Fair”. Siempre es refrescante una referencia como esa en un debate como el actual.
PS: Sólo para terminar. Lamento lo del Instituto Wistar. Tengo un par de buenos amigos que trabajan en Filadelfia desde hace años. Son grandes investigadores mexicanos y uno de ellos pretende ser, también, escultor: sé que estarán muy tristes al conocer su desprecio.
21 de Febrero
Comentario de: Alfredo Mendoza [Visitante]
Sr. Luna.
Coincido que no se puede dejar fuera a McCarthy y Kelley del “mainstream”. Por si no lo notó, le comento la existencia de una imagen retomada de Vanity Fair intervenida en la exposición de "Cantos Cívicos". Lamento se mal entendiera la relación sugerida entre la educación del estudiante ficticio mencionado por Krauze y la de las ratas; no pongo en tela de juicio la calidad de The Wistar Institute.
23 de Febrero
Comentario de: César [Visitante]
Una vez más: el arte no precisa una explicación. Cualquier obra artística que precise necesariamente de un comentario, una interpretación o una explicación (y no importa si es antes o después de verla) dista muchísimo de ser una obra artística: es una idea disfrazada de arte. En fin, la crítica de Nietzsche sigue siendo válida -y lo es más que nunca-: el arte hoy día no existe, ha muerto: ya el gran arte, la fiesta a los sentidos, ha desaparecido. Ahora todo arte está reducido a ser una interpretación.

Gracias, señor Mendoza: usted y los exégetas académicos-de poesía, artes plásticas y todo lo imaginable- me dan la razón.
24 de Febrero
Comentario de: Leticia Suarez [Visitante]
En esta discusión es muy pertinente la colaboración de Silva herzog: http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/el_blog_de_jess_silva_her/2009/02/a%C3%B1oranzas-c%C3%ADvicas.html
25 de Febrero
Comentario de: ALEX 88 [Visitante]
El comentario de Rufino es totalmente equivocado te sugiero que leas un poco mas, pero no leas literatura contaminada de marxismo, no tenes ni idea de lo que el comunismo ha echo al mundo y te aseguro que ni esterado estas, deja de llenarte de propaganda comunista y abre los ojos, deja de crer en LOS ALIADOS O EN LA ANTIGUA URSS que junto con sus lideres fueron VERDADEROS ASESINOS SOLO MAS DE 116 MILLONES DE MUERTES POR EL COMUNISMO .
30 de Marzo
Comentario de: Daniel Pérez [Visitante]

Un apunte sobre la genealogía del arte conceptual

Luego de trasponer la fachada de uno de esos extravagantes edificios concebidos para albergar los rituales del arte contemporáneo, ingresamos a las salas donde se expone el conocido repertorio de objetos estrafalarios, manchas informes, pantallas luminosas, envases de diversos productos, rezagos amontonados o apilados con inútil prolijidad, bolsas de basura, videos, copias fotográficas, camas, sillas, escaleras, escenografías, cadáveres de animales y otros miles de cosas cuyo factor común oscila entre dos extremos: su irreparable insignificancia y la total ausencia de algún significado discernible. Frente a semejante panorama, nuestra primera tentación es sumar el tema del arte conceptual al inventario de las creencias irracionales y no pensar más en él, pero la hegemonía lograda por un paradigma artístico que le concede la máxima relevancia a la arbitrariedad y el sinsentido, y que llega al extremo de convertir cualquier cosa en arte por el mero expediente de señalarla como tal, nos plantea muchos interrogantes y demanda una serie de imprescindibles matizaciones. En primer lugar debemos señalar que si la razón ejerciera un papel decisivo en la adopción y el desarrollo de las creencias dominantes, el arte conceptual, el espiritismo, la astrología, las religiones tradicionales y las ideologías políticas de tipo religioso que agobiaron al siglo XX no podrían haber alcanzado la fuerza y la extensión que todos conocemos. En el caso específico del arte conceptual, también es preciso destacar que la claudicación de la racionalidad, explicitada a través de la aceptación del absurdo y el retorno al pensamiento mágico en pleno siglo XXI, responde a una imperiosa necesidad psicológica, cuya vigencia explica su sostenida y creciente expansión. Quiero decir con esto que bajo el alevoso colapso del sentido que caracteriza al arte conceptual se oculta una espesa trama de ilusiones y simbologías, irresistiblemente atractivas para cierto tipo de personalidades. Como bien saben los timadores desplegados en innumerables rubros, en el fondo de cada creencia irracional palpitan muchas esperanzas e ilusiones ardientemente deseadas. Las apetencias espirituales inseparables de la naturaleza humana, tales como la conquista de la vida eterna o la superioridad real o ficticia encarnada en las elites sociales o culturales, son algunos de los combustibles secretos que alimentan la claudicación de la racionalidad y el abrazo de la ilusión. Desde esta perspectiva, no es difícil imaginar los procesos que disparan la creencia: si tantos museos, ferias, bienales, publicaciones y personalidades de fama internacional reconocen como obras de arte a un mingitorio, una cama desecha, una lata de cerveza o un tiburón en formol, ¿por qué no adoptar la creencia a pesar de su manifiesta irracionalidad, si con ello podremos integrarnos a un colectivo poderoso y participar del prestigio que beneficia a los creyentes? En este punto, inevitablemente, sale a la luz el papel subyacente de las creencias como factor de integración de las comunidades humanas. Chateaubriand destacó en sus Memorias el rol desempeñado por las religiones en la organización de las civilizaciones primitivas, pero ya en sus días se inició el declive del catolicismo y la subsiguiente aparición de creencias alternativas, ya sea de orden político, como el socialismo, el nazismo o los nacionalismos y regionalismos de carácter fundamentalista, que una veces mal y otras peor cumplen la misma función integradora de la comunidad, a menudo con resultados nefastos, y definen a la vez su necesaria contracara: la separación entre un ellos y un nosotros. Entre las creencias funcionales a la integración de los grupos humanos y la definición del adversario se incluyen asimismo las de orden artístico, musical y deportivo, generadoras de movidas que también tributan, con su tono peculiar, a la organización y cohesión social. Pero volviendo al tema que nos ocupa, creo que sería injusto atribuir toda la responsabilidad por el colapso de sentido que padece el arte actual al célebre mingitorio de Duchamp. En realidad, el proceso de destrucción del sentido comenzó con la aparición de la pintura abstracta y su pretensión de comunicar ideas y emociones mediante formas supuestamente más puras y más eficaces que las derivadas del viejo canon renacentista. La consigna de desterrar todas las referencias a la realidad contaminó a las vanguardias literarias, poéticas y artísticas de comienzos del siglo XX, pero sólo se ancló con firmeza en el campo de la pintura. Después de duras batallas, el resultado del choque de ideas entre figuración y abstracción se saldó con una resolución de compromiso: el factor determinante en la valoración de la pintura sería su realización, es decir, la “calidad artística”, que debería ser juzgada con independencia del propósito pictórico. A partir de ese armisticio y pese a ser irremediablemente inaccesible al entendimiento, el lenguaje de las manchas, líneas y cuadrados desvinculados de la representación de la realidad fue gradualmente legitimado como expresión del espíritu contemporáneo. Mientras tanto, la ausencia de una representación inteligible y unívoca derivó en una curiosa inversión de los roles, quedando la atribución de significados a cargo del espectador y de los buenos o malos oficios de la crítica, que se encargaría de esgrimir vagas apelaciones a la espiritualidad, la energía o el misticismo para camuflar la ausencia de sentido de la nueva pintura. Una vez desterradas las bestias negras del pasado: tema, anécdota y representación, el triunfo de los “medios propios” de la pintura, léase manchas, goteos, texturas y formas geométricas, admite cualquier interpretación y es igualmente impermeable a todas las interpretaciones. Los cuadrados de Mondrian intentan representar la armonía universal prevista por madame Blavatsky, pero también podrían ser entendidos como el plano de una vivienda, el diagrama de la paz espiritual, un inofensivo decorado o lo que cada espectador crea percibir en ellos. Frente a ese vaciamiento del contenido, la astucia del sinsentido urdió un conocido sofisma: “¿acaso tratamos de entender el canto de un pájaro?”, para derogar por inapropiada la posibilidad de entender los nuevos lenguajes. De esta manera, emancipado de los contenidos racionales y legibles que caracterizan a la pintura figurativa, el concepto de arte provisto por la abstracción preparó el terreno para arribar al colapso total del sentido que distingue al arte conceptual. Dicho con más claridad, fue en la abstracción pictórica y su concepción de la pintura autónoma, que eliminó los significados discernibles, donde se acumuló el capital simbólico que alimenta al arte conceptual. La épica de los artistas y los iniciados capaces de dominar el misterio de ese arte impenetrable creó las condiciones que favorecieron el redescubrimiento del mingitorio de Duchamp, usado como fetiche para dotar de un inédito poder alquímico a la palabra arte, y convertirla en el alimento preferido de una improbable aristocracia espiritual. La pregunta que inquieta al público habituado a consumir un repertorio de novelas, ensayos, cine, poesía, danza, teatro y pintura que abre los caminos a la comprensión y la emoción, es la siguiente: ¿Hasta cuándo perdurará en el campo artístico la hegemonía del irracionalismo conceptual? ¿Recuperará el mundo del arte el significado discernible y la consiguiente facultad de suscitar la admiración del espectador? Basta con echar una breve mirada a la situación de las creencias irracionales para desechar la tentación del optimismo: si la razón fuera el factor determinante de todas nuestras creencias, las religiones clásicas no tendrían miles de años de historia, y la neorreligión del conceptualismo carecería de los costosos rituales y de las extravagantes iglesias conocidas como museos de arte contemporáneo.
03 de Septiembre

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