He aquí el video de una entrevista que concedió Jorge Luis Borges, en 1980, tras recibir el Premio Cervantes:
Advertencia: el entrevistador (sujeto que responde al nombre de Joaquín Soler Serrano) no salió, por decir lo menos, muy inspirado que digamos. Al contrario, se lanza al ruedo resuelto a exentarse de toda cortesía, a abrumar a su interlocutor con hipérboles y sandeces, a reincidir alegremente en el más sincero cretinismo. Con todo, Borges constata su genialidad desde el primer lance. Al necio acoso del entrevistador responde con agilidad e ingenio, sorteando con elegancia sus embates y clavándole, aquí y allá, sutiles ironías. No hay dislate ni grosería que le hagan perder la verticalidad ni sucumbir a la arrogancia (“es una crueldad tratar de tener razón”).
Se trata, en suma, de una lidia contrastante: los desbarros de Soler desesperan, pero la gentil inteligencia de Borges ilumina.
- Carlos Bravo Regidor

[…] Gran parte de los mexicanos que emigran a Estados Unidos rechazan mimetizarse. Emigran porque lo que hay aquí no funciona, no cumple con sus aspiraciones. Allá sí funciona. En la añoranza por lo de acá, intentan transformar lo de allá a un nivel de sincretismo que les conforte dejando, muchas veces, de acceder a las ventajas que da el ser como los de allá.
El mexicano busca un sincretismo que se parezca más a lo de acá, a lo que le funciona. Samuel Huntington se hizo odiar por ideas como ésta y la de señalar el peligro de tener una masa de mexicanos descontentos buscando el sincretismo, lo que les impide acceder al éxito.
Malcom Gladwel, mulato y sociólogo pop, plantea en su libro "The Outliers" dos grandes ideas como rectoras del éxito personal. Una es que no basta sólo el talento. Se necesitan otros factores, como suerte, lugar y momento correctos, accidentes o excepcionales ventanas de oportunidad y, principalmente, una voracidad por el trabajo duro y concentración: para dominar cualquier cuestión son necesarias no menos de 10 mil horas de dedicación, partirse la crisma.
La otra es que la cultura importa. Somos todas nuestras circunstancias, para bien o para mal, y somos producto de nuestro bagaje cultural.
La cultura resulta ser el vaso de cultivo del éxito. Barack Obama se desarrolló no en la cultura negra, sino en la cultura americana. Mediante esfuerzo, disciplina y cumplimiento, becas y trabajos, logra llegar a Columbia, Harvard, el Senado y la Presidencia en la cultura del mérito. Otros afroamericanos de los barrios bajos han tenido logros similares, como el famoso neurocirujano Ben Carson, a quien su mamá le enseñó que nunca debería considerarse una víctima de los otros.
Muchos mexicanos, ahora americanos, han seguido ese camino. Qué mejor ejemplo que el exitoso Mark Sánchez, quarterback de los Troyanos de USC, de quien se dice que su madre es una servidora doméstica.
¿Qué pasaría si los mexicanos, tanto los de allá como los de acá, olvidaran las canciones de falsos redentores, decidieran de una vez por todas a emanciparse por sí mismos de sus esclavitudes mentales y se deshicieran de ciertos rasgos que resultan pesados e improductivos bagajes de su cultura? ¿A dónde llegarían sin esclavitudes culturales?
Barack Obama es un buen ejemplo. Como lo es aquel indígena oaxaqueño que nació hace más de 200 años y que decidió dejar de ser indígena y llegó a Presidente.
Obama: Cantos de Redención, Opinión Invitada Federico M. Garza Martínez, El Norte 7 de enero de 2009.
