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Detalles de la entrada: Acabar con la xenofobia

07 de Enero


Categorías: Política, Opinión

Acabar con la xenofobia

Para Milenio Diario,
por su década

El sábado pasado, mi amigo Carlos Puig propuso una lista de dudas rumbo al 2010. Las primeras las dedicó al festejo del Bicentenario. Puig se preguntaba cómo festejaremos los mexicanos nuestro doble aniversario. Alertaba, entre líneas, sobre el resurgimiento de tres grandes mitos nuestros, fantasmas muy mexicanos: la falacia de nuestra excepcionalidad (“como México no hay dos”), nuestro romance sin matices con nuestros héroes y, más peligroso que ningún otro, esa xenofobia que tantísimo daño ha hecho al desarrollo de México.

En efecto, el aniversario del principio de la Independencia y la Revolución servirá de poco si no aprovechamos la fecha para reflexionar sobre el proyecto de nación que México necesita. Los ciclos no son insignificantes. Y México llega al 2010 con una auténtica urgencia de reinventarse. No hay que darle muchas vueltas: el que cumplirá 200 años no es el país admirado e innovador que llegó a ser en otros tiempos. México es visto, hoy, con extrañeza. Basta leer los envíos que los corresponsales internacionales redactan desde nuestro país. Hay, en ellos, una de dos: perplejidad ante nuestra particularísima idiosincrasia política y social o temor por los años de sangre por los que atravesamos. Punto. Y no los culpo. ¿Qué se puede decir, después de todo, de un país obsesionado con “consensuar”, donde la decisión democrática de la mayoría equivale a mayoriteo, el legislativo paraliza antes que legislar, el Ejecutivo prefiere la lealtad balbuceante antes que la capacidad y hay un gobierno legítimo que dinamita mucho más de lo que compite? No mucho.

Si me preguntaran, uno de los primeros asuntos que México debe enfrentar con urgencia es la xenofobia a la que refería Puig. Sí, es cierto: tratar de erradicar nuestro acendrado resentimiento frente al extranjero podría equivaler a liberar a un psicótico de su esquizofrenia, pero la misión tendría réditos mucho menos abstractos. La desconfianza que persiste al extraño —al “güero”, al “gringo”, al “gachupín”— asoma la cabeza a la menor provocación. El vergonzoso caso de Juan Camilo Mouriño es evidencia más que suficiente: un linchamiento genealógico puro y llano. Mientras tanto, como bien sabemos, Venezuela, China y Brasil siguen avanzando de la mano de “rapaces extranjeros”.

Pero erradicar la xenofobia no será cosa fácil. Sobre todo, porque como cualquier dogma, el prejuicio resulta impermeable a la evidencia. Basta un ejemplo. Si alguna lección nos dejó a todos el 2009 es a qué grado dependemos del buen rumbo de la economía estadunidense. La caída del consumo en Estados Unidos golpeó el avance macroeconómico de México y, más importante aún, trastornó la vida de millones de mexicanos que han apostado por décadas al ir y venir en la frontera. Los números rojos de la economía mexicana pueden tener muchas explicaciones, pero ninguna más clara que la recesión estadunidense. De ese tamaño es nuestra dependencia. Si los estadunidenses están bien, nosotros estamos bien. Esa es la verdad y no hay vuelta de hoja. Insistir en lo contrario es neurótico. Actuar en consecuencia de lo contrario es incomprensible.

Uno pensaría que el annus horribilis que acaba de terminar habría sido suficiente como para reconciliar a los mexicanos con nuestra cercanía con Estados Unidos. Pero parece que ha ocurrido lo contrario. La noticia de que, ante la creciente amenaza terrorista, Washington ha enviado agentes para asistir en los filtros de seguridad aeroportuaria desató, en varios sitios de internet, la más feroz de las reacciones. “Esta noticia, es verdaderamente alarmante. Ahora el control de los EUA hacia nuestro país es descarado. ¿Dónde están nuestras autoridades? ¿Nuestra soberanía?”, se preguntaba Celso Escobar. “¡¡¡Arriba la independencia... pisoteada una vez mas porlos gueros, soberania… bah!!!”, sentenciaba alguien bajo el seudónimo de Daggecito en otro lugar. La ignorancia parece casi paródica. Nadie les ha explicado a estos y otros xenófobos lo que ocurriría si un ataque terrorista se originara en la frontera entre México y Estados Unidos. El México del Bicentenario no tiene tiempo ya para estas sandeces. Ni el mundo ni la historia esperan a los tercos.

León Krauze

(Publicado previamente en Milenio Diario)

comentarios:

Comentario de: Francisco M. Juárez [Visitante]
Es deprimente que todavía se den casos de xenofobia tan burdos como los que comentas en relación a la seguridad en los aeropuertos, con semejantes opiniones generalizadas en nuestra sociedad, cómo aspiramos a un mejor país... incluso, ¿cómo nos atrevemos a criticar a los políticos y su infinita estupidez cuando como sociedad hacemos lo propio...?
07 de Enero
Comentario de: César I. R. Zagal [Visitante]
Sr. Redactor, usted tiene razón en la xenofobia que vivimos la mayoría de los mexicanos, podemos observar nuestra “realidad” al tan sólo apretar un botón (del control remoto) y esto es causa de enfado. Si desglosamos etimológicamente la palabra “xenofobia” (ξένος xeno=extranjero y φοβία fobia=temor) hablamos de odio y rechazo al extranjero, pero ¿Qué no los mexicanos también tenemos odio a nosotros mismos? Y es que como México no hay dos, ¡hay muchos!, vivimos una hiperrealidad, simulaciones de una sociedad fragmentada y desilusionada, solo importan intereses partidistas o económicos, ya no es solamente terrorismo bélico o psicológico, ya se aplica el “terrorismo de información”, sino el caso del sicario Beltrán Leyva. Para terminar no solo hay resentimiento al extranjero, sino tenemos resentimiento entre nosotros, los que decimos llamarnos mexicanos, es tiempo de reinventarnos y caminar hacia el mismo lado. Muchas gracias por su atención.
07 de Enero
Comentario de: Rubén Fernández [Visitante]
Pues nuestra dependencia económica de los Estados Unidos solo es una evidencia de miopia política y económica. La diversificación del riesgo es un concepto que cualquier estudiante de licenciatura de negocios o economía conoce. La estrategia debería ser ver hacia otras partes del mundo, hacia el sur, hacia Asia. Es en ese sentido que deberíamos vencer nuestra "xenofobia".

Por otro lado, emtendiendo y sopesando la posibilidad y consecuencias potenciales de un atentado a los Estados Unidos perpetrado desde México, en términos estrictos si hay espacio para discusiones sobre soberanía y jurisdicción en el caso de agentes de un gobierno extranjero en suelo nacional efectuando labores de seguridad.

No hay nada de "xenofobo" en preguntarselo y si mucho de visceral e irreflexivo en adjetivarlo como usted lo hace.

Más ganaría México si templamos nuestras opiniones y hablamos depués de reflexionar calmadamente en vez de aceptar fatalmente una situación (la vecindad con un vecino complicado e intervencionista a la vez que un aliado económico)sin buscar a conciencia cual es nuestro espacio para la actuación y cooperación sin sumisión o aceptación acrítica de las circunstancias internacionales o de seguridad.

Bien sabemos, también, que la falta de inversión extranjera en ciertos sectores económicos es política y responde a intereses específicos. El discurso "xenofobo" es sólo la fachada de una verdad más incomoda.

Por otra parte, la verdadera "xenofobia" en México es aquella que sufren los pueblos indígenas, ya lo vimos todos en las cifras de CONEVAL con respecto a la pobreza. Esa es la xenofobia real y con nefastas consecuencias en México.

En México, al contrario, ser güero es ser digno de confianza, sobre todo entre los sectores socioeconómicos superiores, de ahí frases como "Mejorar la raza" cosas por el estilo. En México lo extranjerizante es bien visto y bien recibido, es el estigma de una sociedad colonizada.

Lo que se necesita en México, a mi manera de ver, es reflexionar acerca de nuestra justa dimensión en el escenario internacional. Yo trabajo en un organismo internacional de primer orden. México es visto aun como un país sumamente inportante en el nuevo ajedrez mundial, necesitamos asumir con dignidad nuestro papel y desarrollar una relación respetuosa y armónica con nuestros interlocutores.

Debemos entender que en un mundo globalizado todos necesitamos de todos, pero también tendríamos que comprender que podemos establecer límites y zonas en las que sólo nosotros tenemos el derecho de tomar nuestras propias decisiones. Esto señor Krauze, no es xenofobia, esto es madurez. México necesita dejar de ser un país de menores de edad.
08 de Enero
Comentario de: Rubén Fernández [Visitante]
A cuento también viene este fragmento de un artículo publicado por esta revista del brillante Gabriel Zaid:

De 1988 a 1994 (su sexenio), la inversión extranjera aumentó 528% y la inversión fija bruta 54%, pero el PIB no aumentó más que 18% (3% anual, no 6% como se esperaba) y el empleo formal 4% (un millón de empleos en seis años, no cada año). Las inversiones fueron más grandiosas que nunca, pero poco productivas.
El capital que viene de los países ricos trae una tecnología y formas de operar diseñadas para un mundo en el que sobra capital (es barato y hasta se exporta), pero falta personal (es caro y hasta se importa). No es criticable que venga y reproduzca su modus operandi en un país donde la situación es la contraria. Lo criticable es suponer que de ahí va a venir el crecimiento y el empleo para toda la economía. Lo criticable es no ver la oportunidad de negocios, utilidades, crecimiento y empleo que hay en las microempresas a un costo de inversión sumamente bajo.

08 de Enero
Comentario de: Miguel Bernal [Visitante]
Creo que hay una confusión: la xenofobia es reprobable y uno de los lastres de este país. De acuerdo. Pero la jurisdicción de las distintas autoridades (dónde operan, bajo qué leyes, con qué limitantes) es otro muy distinto. Una pregunta: ¿aceptarían los Estados Unidos agentes nuestros en sus aeropuertos? ¿o en cualquier otro lugar? Si no es así, ¿se debe a su xenofobia, a su sentido de la jurisdicción y soberanía o simple y sencillamente a que no estamos en igualdad de circunstancias? No entiendo.
08 de Enero
Comentario de: H. Cantu [Visitante]
Y que hay de la xenofobia contra los yaquis, los mayas, los lacandones, los zapotecas, los mixtecas, etc etc? Que no deberiamos ponerlos a ellos primero en la lista? No habria que resolver primero el problema de los parias en la propia tierra?
11 de Enero
Comentario de: Jaime [Visitante]

respeto y admiro mucho a México podría llegar a ser el mejor país de América, pero duele ver el artículo 32, leánlo y porfavor, desconstitucionalizemos la xenofobia, todos podemos aportar para el avanze y desarrollo de este gran país.

mexicanos son:
nacionales(por nacionalización)
naturales(por nacimiento)

hasta cuando ciudadanos de segunda, la nacionalidad es un derecho que rompe barreras ,no las crea.

y por último:

"ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad.Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo".
01 de Febrero

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