artículo no publicado
  • Para cerrar la distancia entre el espectador y el artista hace falta de veras ser democrático. Cuando se cede el control de la obra, el artista da un paso atrás y el público un paso adelante.
  • La historia del arte feminista es una que sabe corregir sus recuerdos: las artistas afroamericanas, chicanas, mexicanas iniciaron en el feminismo al mismo tiempo que las artistas blancas y estadounidenses.
  • Para aburrirse del arte feminista hace falta pensar que se limita al contenido, al tema de la imagen, y no es así. Sólo se aburre quien mira desde la distancia.
  • Una entrevista con la historiadora Gabriela Cano, dedicada a hacer una historia que se plantee preguntas de género, que haga visibles y explícitas a las mujeres y también que a los códigos culturales que las invisibilizan.
  • Tejer, coser y bordar no son meras ocurrencias. Tanto en las manifestaciones en México como en las piezas de Chicago y Amer, la técnica pasó de femenina a feminista, de lo privado a lo público, de un quehacer decorativo a una práctica artística.
  • Unos cuantos piquetitos no es un previsible autorretrato de Frida Kahlo, sino el registro crudo de un feminicidio. Por fortuna, las obras no se agotan en la intención de sus autores, mucho menos en lo que se sabe de oídas.
  • Destinado al lucrativo mercado del empoderamiento de las mujeres, Women who work, el libro de la empresaria y asesora del presidente de Estados Unidos, despolitiza los temas de la agenda feminista para volverlos un mero desafío personal.
  • Es común entender al feminismo como una sucesión de olas y puede ser muy problemático por todo los detalles que esta imagen deja de lado.
  • La artista inglesa Jenny Saville quiso pintar sin sentimentalismos la maternidad, y así lo hizo en su obra Mother and Child.