artículo no publicado
  • Más allá de la rabia, en su mayoría, los ciudadanos no han caído en la tentación de los atajos impropios para una sociedad democrática.
  • La atención de agravios a periodistas está a cargo de burócratas sin conocimiento del tema, cuyas investigaciones se reducen a recortes de prensa, incapaces de verificar los datos, convirtiendo a las personas en muescas en un pizarrón.
  • Los funcionarios han vulnerado el derecho que tienen las víctimas y los suyos a la verdad, la justicia y la reparación. No hay empatía, ni parece entenderse el dolor de las familias ante la falta de certidumbre.
  • Los estudiantes de Ayotzinapa tienen motivos para que la ira se sobreponga a cualquier afán de interlocución pero, como un actor social que son, están obligados también a escuchar.
  • Los espacios informativos se han convertido en mera cadena de transmisión de mensajes entre grupos o en instrumento de delaciones.
  • El uso cada vez más recurrente de fuentes anónimas en los medios mexicanos evidencia un fracaso de la profesión en el momento actual.
  • No pocos periodistas piensan que es imposible mantener la neutralidad cuando se hace periodismo y el reportero enfrenta tragedias humanas, pues no siempre se tiene forma procesar adecuadamente la frustración.
  • El estilo del porno penetró en el mainstream y dejó de ser territorio de las transgresiones, así que la búsqueda de estímulos intensos ha empezado a moverse a otras áreas, como el horror.
  • Los periodistas existimos solamente como individuos que existen para los demás, que comparten con ellos sus problemas e intentan al menos describirlos.