artículo no publicado
  • Raúl Zurita vino a Nueva York en abril de este año para ofrecer una charla y una lectura en la maestría que por entonces estaba yo terminando en New York University. Conocía y admiraba su trabajo, pero nunca lo había escuchado en persona. Y, si bien me habían advertido que oírlo hablar y leer en público era una experiencia única, no estaba preparado para lo que finalmente ocurriría. Un martes por la noche, Zurita, al parecer muy frágil, se presentó ante nosotros, un grupo de jóvenes escritores latinoamericanos.
  • En Berkeley, California, una pequeña ciudad universitaria junto a San Francisco, entrevisté a Robert Hass en su despacho de la universidad. El encuentro, que debía durar unos cuarenta y cinco minutos, se extendió por más de dos horas, hacia el largo crepúsculo californiano. Con una voz pausada y suave, pero a la vez apasionada y firme, me regaló una muestra de su vasta erudición en materia poética, estableciendo relaciones lúcidas e impensadas a lo largo y a lo ancho de la tradición de Occidente y Oriente, y me deslumbró recitándome de memoria poema tras poema. A pesar de la fascinación, que me hizo olvidar fotografiarlo, me complace haber logrado mantener a raya sus constantes intentos por transformar la entrevista en un ecuánime diálogo.