artículo no publicado
  • Desde 1968 no han faltado quienes han pretendido rebajar la altura moral y política de la renuncia de Octavio Paz. Hoy, con nuevos documentos, en la revista emeequis se insiste en sembrar la duda sobre la transparencia de su proceder.
  • En contraste con Rousseau y Voltaire, a Denis Diderot nadie parece odiarlo ni maldecirlo. Si tuvo sus pecados de conciencia y sus errores libertinos, estos fueron, no suyos, sino los de su época.
  • Encerrada sobre su altiplano central, la literatura mexicana era solemne, clasicista, conservadora y poco amiga de las novedades. ¿Qué atrajo entonces a un revolucionario como el cubano Severo Sarduy?
  • En Paseos por Roma, y particularmente en su crónica del cónclave papal de 1829, Stendhal ensaya todo lo que habría de ser su literatura: una una recopilación hecha de préstamos y extractos cuya apariencia daba la ilusión de decirlo todo.
  • La crónica que hiciese Stendhal del cónclave de 1829 en que fue electo papa Pío VIII tiene mucha miga, aunque hay que reconocer que se voló la nota.
  • Esta crónica de Stendhal acerca del cónclave donde fue electo Pío VIII, en 1829, subraya la relativa y asombrosa inmovilidad del papado.
  • Sarduy y Paz, el cubano y el mexicano, el hierático y el tropicoso. Quizá ninguno de los discípulos de Paz sacó tanto provecho de la India paziana, como Sarduy, como lo demuestran todos y cada uno de sus textos indios.
  • Exiliado en Francia, Severo Sarduy no renunció a su lengua española y la continuó escribiendo en sus novelas de reputación indescifrable, en sus poemas eróticos, y en sus sorprendentes ensayos científicos y religiosos.
  • En esta novela solo hay dos personajes, la madre y la hija, el odio y el odio. Todo lo demás es literatura fantástica.